COMO era de esperar, el Año de la Astronomía empieza ya a darnos buenas noticias. Una de ellas nada menos que de tipo musical. ¿Musical? Pues sí. Relativa a la antiquísima Música de las Esferas, así, con mayúsculas de prestigio no sólo artístico, sino también científico. El Año... en cuestión nos ha recordado que allá por el siglo VI antes de Cristo, el gran Pitágoras puso las bases, como quien dice, de la música occidental. Y no sólo esto. A cada uno de los planetas entonces conocidos les atribuyó un hermoso, musical sonido. Siglos después -en el IV precristiano- Platón aseguró que cuando los planetas se hallaban en determinada posición todo a la vez, se producía la más bella de las músicas. ¡La apoteosis de Euterpe, si vale la expresión! !La llamada música de las Esferas! Una suerte de insuperable sinfonía que por supuesto nadie llegó a oír.
Tendría que llegar el inglés Gustav Holst -1874-1934- para que alguien se atreviera a revelar cómo suenan por lo menos siete cuerpos celestes. En la suite «Los Planetas» -1915-, el compositor ofreció el sonido -según su estro personal- de «Marte, el guerrero», «Venus, la pacificadora», «Mercurio, el mensajero alado», «Jupiter, jovial», «Saturno , el dispensador de la vejez», «Urano, el mago» y «Neptuno, el místico». Bella composición, muy interpretada. Pero en esto no acaba la cosa. Urania, Musa de la Astronomía, ha tenido a bien sumarse a la celebración del Año de su ciencia. ¿Y cómo? Nada menos que permitiéndonos oír y escuchar el sonido de algunos cuerpos celestes. ¡Pero si la falta de aire no permite que el sonido se propague en el espacio exterior! Sí se propagan ondas, creo que electromagnéticas, que la ciencia y la técnica -siempre con el auxilio de Urania, claro está- han podido «traducir» a sonido. Y aquí tenemos, pues, la Música de las Esferas.
¿Una bellísima sinfonía, tal como Platón aseguraba? En modo alguno. No se ha conocido una composición orquestal, sino lo emitido, la «musicalidad» de tal o cual cuerpo celeste. Nada de conjunto sinfónico. Cada uno de los astros en cuestión «suena», esto sí, de modo peculiar, personal, aunque con algo en común: todos recuerdan más que el sonido, así el ruido de un motor, por supuesto no del mismo. Como si se tratara de instrumentos diversos y no precisamente muy placenteros. ¿Decepción? No me lo parece. A lo mejor son como notas que algún día la ciencia, la técnica y la inspiración de un músico combinen para el logro de la belleza en la que Platón creía. Quizás en este Año de la Astronomía se produzca un feliz encuentro de Urania y Euterpe, hermosas nacidas de Zeus, y que siempre se llevaron bien.
Sea como sea, ahí es nada haber llegado a percibir algo del goce musical en el que Platón creía. ¿Que no se trata de belleza sonora? Pero sí de la belleza que también reside en la creatividad de la investigación, del ejercicio de la inteligencia.
VOZ Y VOTO