Domingos

?lvaro Mart?nez

?Chac?n y sus ?chaconistas? se consolidan como corriente cr?tica, y martirio, de Rubalcaba ...? (sigue leyendo)

Jes?s Lillo

?Lo que venden los ministros espa?oles cuando salen de gira es desesperaci?n...? (sigue leyendo)

Manuel Erice

?Espa?a est? en riesgo; Europa m?s...? (sigue leyendo)

J. Fern?ndez-Miranda

?En el PP cobra peso la idea de los recortes a la clase pol?tica...? (sigue leyendo)

Jos? Manuel Nieves

?Un grupo de investigadores de la NASA acaba de calcular c?mo se producir? exactamente...? (sigue leyendo)

Hemeroteca > 11/02/2007 > 

Guatemala «Apocalypto now»

Imaginemos por un momento que la cultura clásica española no fuera tan conocida en el extranjero como afortunadamente lo es. Que las grandes industrias cinematográficas nunca hubieran realizado una

Actualizado 11/02/2007 - 10:55:59
Imaginemos por un momento que la cultura clásica española no fuera tan conocida en el extranjero como afortunadamente lo es. Que las grandes industrias cinematográficas nunca hubieran realizado una película sobre ella. Y que, por fin, un cineasta famoso filmase una, centrándose exclusivamente en la leyenda negra, regodeándose con el terror, los capirotes, los sambenitos, la hoguera, el garrote vil y la sangre que, por ejemplo, rodeaban un acto de fe de la Santa Inquisición, elevando así a categoría absoluta, única, lo que sólo es una parte de nuestra historia. ¿Tendríamos derecho a enojarnos, a tildar el filme de «simplificación», «manipulación» y «degradación» de nuestra historia? Pues eso es lo que ha pasado con «Apocalyto», de Mel Gibson, recientemente estrenada en todo el mundo.
La cinta en cuestión presenta a una civilización maya en declive y extremadamente cruel. Es sólo una película de ficción, es verdad, pero se trata de una superproducción hollywoodense, de formato muy atractivo, impecable factura y amplia distribución, que va a ser en muchos casos la primera (y me temo que única) información que tendrán muchos espectadores sobre la colosal cultura maya. Gran responsabilidad que a Gibson parece traerle sin cuidado o que -lo que sería peor- utiliza de forma artera.
Que la civilización maya estaba en declive a la llegada de los conquistadores españoles es cierto. Ya sea por agotamiento (en el siglo XVI habían pasado más de 3.000 años desde su aparición), o por el calentamiento global que los investigadores acaban de descubrir que se produjo entre los años 700 y 900 (el mismo que acabó con la dinastía china Tang), el caso es que los mayas de 1521 evidentemente no eran los mismos que los del Periodo Clásico (250-900), el de su mayor esplendor; el de unos arquitectos cuyas fantásticas obras siguen en pie; el de unas enormes ciudades-estado de hasta 100.000 habitantes ordenadas y cultas; el de una escritura ideográfica (no jeroglífica) de primer orden, la más compleja de América; el de una astronomía aún no superada, con el calendario solar de 365,25 días, más exacto que el gregoriano actual; el de unas matemáticas que ya utilizaban el concepto «cero», antes de que los árabes lo aprendieran de la India a finales del siglo VIII; el de una medicina desarrollada...
En cuanto a la crueldad, es innegable que los mayas (como otras culturas mesoamericanas) practicaban los sacrificios humanos como rituales religiosos habituales, aunque no se conoce con qué frecuencia lo hacían. Bajorrelieves, dibujos y descripciones como las del Popol Vuh, el libro sagrado, así lo atestiguan. Para un maya (salvo para Garra de Jaguar, el protagonista de «Apocalypto») servir de comida a los dioses era todo un honor. Se cree, incluso, que quienes eran sacrificados después de los célebres partidos de pelota no eran los que perdían, como podría deducir nuestra cartesiana mentalidad actual, sino los vencedores. Así pues, es más que cuestionable aplicar nuestros parámetros éticos a asuntos ocurridos hace tanto tiempo. Hoy, que no se discute que la mujer tenga alma, que repugna la esclavitud y se abomina de los genocidios ¿pasarían la prueba del algodón deontológico muchos de nuestros conquistadores, de nuestros negreros, de nuestros antifeministas...? Carlos Fuentes tiene razón: «Cortés resultó tan sangriento como Huitzilopochtli» (dios azteca de la guerra). Y no olvidemos que Pedro de Alvarado, conquistador de Guatemala y azote de indios, no fue más que uno de sus más destacados capitanes.
Hoy, los descendientes de «Apocalypto», «Apocalyto now», son más de siete millones de personas repartidas por México, Belice, Honduras y Guatemala. En este último país, los mayas (4 millones) suponen el 40 por ciento de la población total, la otra mitad son los ladinos (mestizos blancos), y menos del 1 por ciento son xincas (indios no mayas) y garífunas (negros de la costa caribeña).
Divididos en varios grupos: quichés, cakchiqueles, atitecos, tzutuhiles, mames, kekchíes, lacandones, etc, los mayas guatemaltecos hablan 23 lenguas diferentes, pero mantienen un mismo espíritu. Gente campesina, humilde, maltratada por la Historia, apegada a sus costumbres, a la madre tierra (Itzamna), a sus creencias religiosas (oczah-ool), muy orgullosos de su pasado, pacíficos, que no dóciles. Gente que es amplia mayoría en el Altiplano, una tierra que sí es alta (una media de 1.500 metros sobre el nivel del mar), pero que dista mucho de ser plana.
Al lago Atitlán, de color azul intenso, cobalto aquí, esmeralda allá, «el más hermoso del mundo» en palabras de Aldous Huxley, podemos tomarlo como centro geográfico del actual territorio maya guatemalteco. Está rodeado por los volcanes Atitlán (3.537 metros), Tolimán (3.158) y San Pedro (3.020). Y por pueblecitos, la mayoría con nombres de santos.
Desde Panajachel, que no es el más bonito, pero sí el único con hoteles de categoría internacional, tomamos un ferry que atraviesa el lago de norte a sur y nos lleva hasta Santiago de Atitlán. Sus habitantes son mayas atitecos, reconocibles por sus vestimentas azulgranas, y no me refiero a las inevitables camisetas de Ronaldinho que lucen un niño sí y otro no. Cada localidad maya tiene sus propios diseños tradicionales de ropa, como si de un uniforme se tratase, lo que facilita a los iniciados descubrir de qué comunidad son. Las mujeres lavan la ropa en el lago y casi todas lucen un curioso tocado llamado tocoyal, exclusivo de este pueblo, que no es otra cosa que una larga cinta multicolor de veinte metros enrollada en la coronilla a modo de ensaimada.
Desde el embarcadero, una empinada cuesta cuajada de tiendas de artesanía (fundamentalmente tallas de madera perfectamente prescindibles) nos lleva hasta el mercado. Aquí reina el caos organizado, paraíso de los fotógrafos. Casi no hay que escoger el tema, todo es interesante. Un poco más allá la plaza con la iglesia de Santiago Apóstol (1547). No sólo su decoración a base de símbolos paganos (mazorcas de maíz, pájaros quetzales...) nos dan idea del sincretismo que reina en todos los templos católicos mayas, una larga hilera de santos, vestidos con estridentes camisones de los colores de la cofradía que los custodia, atestiguan que estamos en el reino de «la costumbre», que es así como los lugareños llaman a la mezcla de ambas religiones.
Un poco más allá, alguien nos conduce hasta una casa mas bien humilde. Dentro se encuentra Maximón, quizás el ejemplo más claro de ese sincretismo. Se trata de una imagen curiosísima que encarna a una de las divinidades adoradas por los mayas. «No les haga fotos, que piensan que les roban el alma» «¿Y si les doy diez dólares?» «Ah, bueno, entonces no hay problema. Pero dele menos, si no quiere ser usted el robado». Buen consejo.
La imagen de Maximón es como un maniquí bastante burdo al que sólo se le ve la cara, de rasgos occidentales. Lleva sombrero de ala ancha y un puro en la boca. El cuerpo (parece que no tuviera piernas) está totalmente cubierto por pañuelos y corbatas multicolores. Dicen que es la mezcla de un dios local con San Judas Iscariote y San Simón. Que dentro de la cabeza de madera se esconde la calavera de algún ídolo maya, de tal forma que mientras que parece que rezan a un santo católico en realidad están venerando a uno indígena.
Cada año, Maximón es custodiado por una familia diferente de Santiago, que durante ese tiempo no se dedica a otra cosa. Los fieles aportan al santo milagrero ofrendas de dinero, flores, tabaco y ron. Doy fe de las ofrendas (a la vista estaban) y de los milagros: durante todo el rato que permanecí en su presencia, uno de sus celadores no paró de fumar y, milagrosamente, no ardió a pesar de los litros de alcohol que llevaba encima.
El mercado más colorista
Chichicastenango -«Chichi» para los lugareños, que no entienden las risitas de los españoles al oír su apodo- atrae a los viajeros por su magnífico mercado indígena, sin duda el más colorista del continente junto con el de Pisac, en Perú.
Aunque abre todos los días, los jueves y domingos son los más concurridos. Otra vez el caos organizado, una casta orgía para los fotógrafos. Aquí la población es cakchiquel, pero atrae a otros mayas de muchos lugares. Hay que recorrerlo desde primera hora de la mañana, dejándose llevar por el gentío, por los colores, los olores, los sonidos... De vez en cuando hay que detenerse en la escaleras que suben a la puerta de la blanca iglesia de Santo Tomás, construida en 1540 sobre ruinas mayas y dónde el párroco Francisco Ximénez descubrió en el siglo XVII el «Popol Vuh», el «primer libro pintado». Desde esa atalaya se puede contemplar el abigarrado mundo maya en todo su fulgor actual.
Y por fin, el Petén, la cuna maya, fronterizo con México. Los mayas que hoy viven en el Altiplano, tuvieron sus antepasados en el Petén, y no sabemos como, pero después del «Apocalypto» abandonaron esa zona dejando en ella joyas arquitectónicas como Tikal.
Me encuentro en la cumbre del Templo IV hasta la que he subido por una cómoda escalera de madera. Desde sus 64 metros de altura se ve un auténtico mar verde formado por las tupidas copas de los árboles de este bosque tropical húmedo.
Difícil describir toda la grandeza de Tikal que los arqueólogos van sacando a la luz poco a poco. «Apocalypto» redivivo si no fuera por un pequeño detalle. ya no están los mayas, se fueron hace mucho. O los echaron.

Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.