
Cees Nottebomm, ayer, durante el solemne acto. JULIÁN DE DOMINGO
MADRID. El escritor holandés Cees Nooteboom, sempiterno candidato al Premio Nobel de Literatura, recibió ayer la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes en reconocimiento a su trayectoria literaria. Un honor en el que le precedieron ilustres de las letras como Francisco Ayala, Carmen Martín Gaite o Günter Grass, quien poco después sería galardonado con el premio Nobel. Ahora le llega el turno a Nooteboom, un autor que lleva alrededor de diez años en las listas de candidatos al Nobel, si bien el propio interesado no parece preocuparse por una cuestión que siempre sale a relucir en las entrevistas que concede. Noteboom se lo toma con filosofía y recuerda las palabras de su amigo, el escritor belga Hugo Claus, que le dijo que «si algún día te dan el Nobel será por razones humanitarias».
Nooteboom es, por encima de todo, un nómada que reparte su tiempo entre Holanda, España y Alemania, y que no duda en remarcar que «viajar es mi forma de estar quieto». Ya a los diecisiete años, cuando intentó entrar en la Orden de los Trapenses, el autor de «Hotel nómada» se percató de que no estaba hecho para permanecer en un lugar determinado y desde entonces no ha parado de viajar. Quizás por eso confiesa que «el movimiento es el tema estructural de mi vida» y precisamente en torno a esta idea giró el discurso que pronunció ayer en el Círculo de Bellas Artes.
Cultivador de todos los géneros literarios, Cees Nooteboom confiesa su debilidad por la poesía, que impregna todos sus relatos y a la que considera «una especie de sede principal de la empresa literaria». Traductor de diversos poetas españoles, se confiesa admirador de Aleixandre, Machado o Blas de Otero. Pero, sobre todo, de García Lorca, «el autor con el que se identifica la poesía española en el extranjero». Su pasión por la poesía le lleva a declararse orgulloso con la publicación de la antología «Así pudo ser. Poesía selecta» que se presenta hoy en el Círculo de Bellas Artes.
El autor de «El día de todas las ánimas» no está solo en Madrid. Le acompaña su esposa, la fotógrafa Simone Sassen, que el pasado viernes inauguró la exposición «Piedras», donde se recoge una muestra de la obra de esta singular artista gráfica. Las tumbas de los poetas parecen ejercer una atracción mágica sobre la mujer de Noteboom, una «obsesión» compartida pues, como el propio autor recuerda, «a veces escribo sobre los poetas muertos, pero no siempre son los mismos que fotografía mi mujer». La exposición hace un recorrido por las tumbas de Joseph Brodsky, Bertolt Brecht, Wallace Stevens o Julio Cortázar, por citar sólo a algunos de los protagonistas de la muestra. A este respecto, Nooteboom confiesa su emoción al ver «cómo la gente visita esas tumbas para decir adiós a su poeta preferido cincuenta o sensenta años después de su muerte».


