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El tenebroso sonido de los grilletes

Posee los títulos de Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica, Imperial y Coronada Villa, pero a la par de sus nombramientos, la ciudad de Madrid también acoge entre sus calles y plazas rincones llenos de leyendas que evocan fantasmas, duendes, dioses egipcios... Como la antigua Cárcel de Corte, hoy Ministerios de Asuntos Exteriores

Actualizado 10/08/2005 - 04:25:20
ABC  El palacio de Santa Cruz fue una cárcel en la época en que se realizó este grabado
ABC El palacio de Santa Cruz fue una cárcel en la época en que se realizó este grabado

TEXTO: MABEL AMADO

MADRID. Cuatro siglos atrás, sus gruesos muros fueron testigo de torturas, muertes y gritos desgarradores. Fue el infausto comienzo de un viaje sin retorno que numerosos ajusticiados realizaron hacia la Plaza Mayor, centro neurálgico de una ciudad en donde perderían la vida. Su triste periplo cruzaba antes por el callejón de Santo Tomás, conocido como calle del Verdugo. Se imaginan por qué...

Era la Cárcel de Corte, hoy Ministerio de Asuntos Exteriores, un edificio -el Palacio de Santa Cruz- mandado construir por Felipe IV en 1629 para albergar también las dependencias de la Sala de Alcaldes de Casa y Corte.

Desde 1629 hasta bien entrado el siglo XIX, presos y carceleros compartieron -o infligieron- penas, dolores y muerte que casi traspasaron sus rejas en una peligrosa epidemia. Con su traslado al Oratorio del Salvador del Mundo y, posteriormente, al antiguo Secadero de Tocino, el edificio entró en el mundo de las leyendas, de la leyenda negra, como el manto de la muerte.

Y es que fueron muchos los vecinos de Madrid que aseguraron durante siglos, y con convicción más o menos obstinada, que de entre sus muros surgían voces fantasmales, ruidos y gritos desgarradores. El misterio se forjó, entonces, al son de las quejas y lamentos de los supuestos espíritus de carceleros y condenados a muerte que un día poblaron sus celdas, pasadizos y cámaras de castigo.

Mazmorras

En otro tiempo, la plaza de la Provincia fue un amplio espacio que acogía los puestos del mercado que ya no tenían sitio en la Plaza Mayor. Sin embargo, con la construcción del palacio, las voces de los tenderos y el sonido de la mercancía se trocó por el ruido de los grilletes. Presos ilustres de sus mazmorras fueron Pascual Madoz, Espronceda, Riego o el archifamoso bandolero Luis Candelas.

Sin acallar aún su imagen esotérica, el Palacio de Santa Cruz vivió diversos cambios de uso y de estructura para hacer más funcionales sus instalaciones y, sobre todo, para rehabilitar la cubierta y la torre con capitel que daba a la calle del Salvador y que fue destruida por un incendio.

Aunque incluso hay dudas referentes al autor del proyecto original, estudios modernos apuntan al arquitecto Juan Gómez de Mora. Otros fueron los profesionales que se encargaron de dirigir unas obras de construcción que llevaron más de cinco años. Es el caso de arquitectos como Cristóbal Aguilera, José de Villareal, Bartolomé Hurtado García y José Olmo.

Y si muchos fueron los años de construcción de este edificio de planta rectangular, no menos fueron los usos para los que sirvió: Palacio de la Audiencia, Ministerio de Ultramar (de ahí sus dos patios dedicados a Cristóbal Colón y a Juan Sebastián Elcano), Ministerio de Estado y, finalmente, Ministerio de Asuntos Exteriores. Muchos años y muchos cambios arquitectónicos y decorativos que reorganizaron su espacio y dieron más luz a sus estancias.

Ahora, en pleno siglo XXI, el misterio que rodeó sus ladrillos y piedras quizá desaparezca, al igual que las esculturas del escudo imperial -un ángel y las cuatro virtudes- que en un tiempo ya pasado adornaron su estética portada.
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