En los delicados momentos electorales a los políticos de casi todo el mundo les gusta presumir de logros en materia de seguridad ciudadana y efectividad en la lucha contra el crimen. Estados Unidos no es una excepción. Pero un creciente número de investigaciones coinciden en plantear la posibilidad de que el descenso en delincuencia logrado en grandes ciudades como Nueva York no depende tanto de las autoridades como de los esfuerzos por controlar la exposición infantil a dañinos niveles de plomo.
Rick Nevin, economista de Virginia, se ha convertido en un abanderado de estas teorías al establecer una completa serie de vinculaciones estadísticas entre plomo y delincuencia en diversos países, no sólo Estados Unidos. Con descensos en crímenes violentos de más del 50 por ciento, que Nevin atribuye a los esfuerzos por limitar la contaminación por plomo a través de estrictos límites en gasolinas, pinturas, cañerías y otros productos de consumo.
Según los análisis de Rick Nevin, recogidos por el «Washington Post», la mejor prueba sobre estos vínculos se encuentra en los efectos después de que cada país haya limitado el uso del plomo en diferentes momentos y circunstancias. Reducciones pese a las cuales, el economista ha sido capaz de documentar en todos los casos significativas variaciones en contaminación y delincuencia en cuestión de dos décadas. Llegando a establecer correlaciones entre la actual inseguridad de ciertas partes del mundo, como en Hispanoamérica, con el pertinaz consumo de gasolina con plomo.
Con todo, no hay carencia de teorías que aspiran a explicar la notable reducción registrada durante la última década en las tasas de criminalidad de Estados Unidos. El economista Steven Levitt y el periodista Stephen Dubner, en su comentado libro «Freakonomics», han llegando a plantear la hipótesis de que la legalización en 1973 del aborto ha reducido el número de hijos no deseados -con mayor propensión hacia la criminalidad-; mientras, otros especialistas señalan a factores que abarcan desde los cambios demográficos hasta el impacto logrado con mayores penas de prisión.
Sin embargo, el factor plomo ha sido asumido también por especialistas médicos como el doctor Herbert Needleman, profesor de Psiquiatría y Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh. A su juicio, «cuando el plomo en el medioambiente encuentra la forma de meterse dentro de un cerebro en desarrollo, interfiere con los mecanismos neuronales responsables de regular los impulsos, lo que puede llevar en la adolescencia a comportamientos antisociales o criminales». Para este investigador, «impulsividad significa ignorar las consecuencias de las acciones propias», y el plomo reduce esa capacidad reflexiva.
Needleman, que en los años setenta fue un pionero a la hora de detectar los efectos cognitivos en niños intoxicados, ha establecido a partir de muestras de menores en la ciudad de Pittsburgh sus propias correlaciones entre la exposición infantil al plomo y mayor tendencia a la agresividad, desordenes de atención y delincuencia. Ha estimado que estos vínculos explicarían entre un 18 y un 38 por ciento de los casos de menores con historiales criminales en la zona de Pittsburgh. Sus conclusiones han sido rubricadas por similares estudios de la Universidad de Cincinnati.
El caso de Nueva York
Los datos correspondientes a una gran ciudad como Nueva York indican que, gracias a una serie de regulaciones medioambientales impuestas a principio de los setenta, el número de niños expuestos a altos niveles de plomo se redujo en más de un 80 por ciento. Tendencia que a mediados de los noventa coincidió con una reducción en la tasa de criminalidad de la «Gran Manzana» del 57 por ciento, tal y como recuerda constantemente el ex alcalde Rudolph Giuliani en su campaña presidencial.
Aunque Giuliani ha declinado pronunciarse sobre esta cuestión, el encargado de las fuerzas policiales de Nueva York durante ese periodo ha rechazado el factor plomo como neurotoxina para explicar el éxito logrado en seguridad ciudadana. Para William Bratton, esas teorías son absurdas.



