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El Blanco Birchall pone la nota de color em Trinidad y Tobago

El día 15, si Beenhakker quiere y las lesiones le respetan, se enfrentará en Nuremberg a su equipo del corazón. A Inglaterra. De aplaudir a Gerrard en Anfield a medirse con él. Cristopher Birchall, 22

Actualizado 10/06/2006 - 15:42:23
El día 15, si Beenhakker quiere y las lesiones le respetan, se enfrentará en Nuremberg a su equipo del corazón. A Inglaterra. De aplaudir a Gerrard en Anfield a medirse con él. Cristopher Birchall, 22 años, conlleva la popularidad con una sonrisa, aunque está un poco harto de repetir la misma historia a los decenas de periodistas que quieren saber qué hace un chaval nacido en Stafford corriendo por la banda derecha con la camiseta roja o blanca, según toque. Recita casi de memoria. «Juego en el Port Vale, un equipo de la League One, la Tercera división inglesa. Mis abuelos emigraron a Trinidad y Tobago en busca de trabajo y mi madre nació en Port of Spain. A los 18 años regresó a Liverpool y luego, ya con mi padre, pasaron a vivir a Stafford, que es donde yo nací».
Hasta ahí sus orígenes. ¿Pero cómo terminó siendo reclutado por Leo Beenhakker para la selección de los «Socca Warriors»? También lo cuenta con naturalidad. «En abril del año pasado, jugábamos contra el Wrexham y se me acercó Dennis Lawrence, que es el central de la selección y mide casi dos metros. Yo creía que venía a decirme algo del partido, o amenazarme para que no le diera mucha guerra, pero me preguntó si tenía origen de Trinidad. Le dije que sí. Y él fue quien mandó mi dossier a la Federación. Después recibí la primera llamada».
El primer blanco desde hace 60 años
No lo dudó.Y se convirtió en el primer jugador blanco que ha jugado en la selección en los últimos sesenta años. Para él era un orgullo jugar al lado de Yorke, Hislop, Stern Jhon... a los que había visto en la Liga inglesa. Debutó en un amistoso contra el Alianza de Lima y después ya formó parte del equipo en la fase de clasificación. Su primer gol fue a Honduras, en la Cold Cup de Miami, pero el tanto que le ha convertido en héroe en el Caribe fue el que marcó desde fuera del área en el desempate de la clasificación contra Bahrein. Supuso el empate en la ida. En la vuelta precisamente su mentor, Lawrence, marcó el que abrió las puertas del Mundial a esta selección por primera vez.
Desde que llegó a la selección se arrimó al jugador más internacional, Dwight Yorke, el ex del Manchester United que ahora juega en el Sidney. Y ya son inseparables. Birchall, rápido, valiente y con buen regate, centra y Yorke remata. Los compañeros le llaman «Me mom» (mi mamá) en recuerdo a su madre, o «White boy».
Leo Beenhakker mima a Birchall, pero también le resta protagonismo. Cuando aparece con su cabellera medio rubia medio blanca se convierte en el centro de atención de todos los que le rodean. A sus 63 años, el ex del Real Madrid está pletórico. Sabe que nada tiene que ver este Mundial con el del 90 cuando dirigió a Holanda, pero se siente orgulloso de estar aquí. Mejor que nadie sabe que Trinidad y Tobago ya ha ganado su Mundial sólo por el hecho de estar presente y ahora quiere que sus chicos disfruten. Tuvo problemas para encontrar veintitrés jugadores y algunos llevan meses sin jugar y entrenándose con su segundo, Wim Rijsbergen. E incluso tuvo que echar mano a algún originario de Tobago como Cyd Gray o mantener en el grupo al veterano Russel Latapy, 37 años, que ya es entrenador-jugador en el Falkirk escocés. Él y Yorke son los hombres de confianza de Beenhakker en el campo
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