sábado, 21 de noviembre de 2009
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Tenemos menos de 15 años para emprender acciones contra el cambio climático, y éstas tienen que estar basadas en las nuevas tecnologías si se quiere prevenir una catástrofe. Son algunas de las
10-3-2007 11:41:33
Tenemos menos de 15 años para emprender acciones contra el cambio climático, y éstas tienen que estar basadas en las nuevas tecnologías si se quiere prevenir una catástrofe. Son algunas de las advertencias del informe centrado en la mitigación que el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, en sus siglas en inglés) está elaborando y hará público en mayo en Bangkok.
Un documento al que ha tenido acceso el «Financial Times» en su edición alemana y que propone la construcción de nuevas centrales nucleares en detrimento de los combustibles fósiles. Recomienda también el uso de los biocombustibles y los coches híbridos. Todo ello antes de 2020 porque de lo contrario no será posible frenar la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera.
De acuerdo a los científicos del IPCC, si se supera una concentración de CO2 de 420 partes por millón (actualmente es de 383) las temperaturas se dispararán, con un impacto que se dejará sentir en todo el globo. Es el avance del documento de impactos y vulnerabilidad, que el IPCC presentará a principios de abril en Bruselas.
El panorama es desolador. Al sur de Europa le esperan olas de calor, disminución de las cosechas, disponibilidad decreciente de agua, hasta poder hablar de desertificación, y aumento de los incendios forestales. Con todo, no es la región más amenazada por el cambio climático pues otras aún pueden desaparecer, según los informes del IPCC.
Inundaciones recurrentes
Que la primavera empiece antes no será una buena noticia para todos. El Este y Centroeuropa pueden esperar recurrentes inundaciones como las sufridas en los últimos veranos, por causa de fuertes precipitaciones y sobre todo por el pronto deshielo en las montañas, según estos mismos pronósticos. La misma lógica del calentamiento hace que los países nórdicos vayan a vivir tiempos mejores y en los últimos años se estén plantando viñas incluso en Noruega.
El llamado «limes» del vino tinto había permanecido durante dos milenios en Bonn, el punto máximo al que lo llevaron los romanos, pero en estos años se desplazará hasta 400 kilómetros al norte, según los expertos. Escandinavia y el norte de Europa tendrán progresivamente más y mejor riqueza forestal, así como cosechas, tanto alimentarias como energéticas, dado el aumento de la disposición de agua para los saltos hidroeléctricos.
Los científicos reclaman la energía nuclear como freno para las emisiones de CO2

Adaptación humana
Los responsables del informe creen que el ser humano, más que simplemente alarmarse, tendrá por necesidad que adaptarse; pues el cambio climático, si bien es imparable, será lento. Necesitaremos adaptaciones en ingeniería -diques- y agricultura -nuevas técnicas y cultivos-. El coste económico aún no está claro. Pero las recomendaciones a los políticos concluyen que «la sola adaptación no será suficiente mientras sigan deteriorándose las condiciones y aumentando el impacto general».
El «Financial» ha tenido acceso a una copia del borrador final de este segundo informe inédito, con el título de «Resumen para los Responsables Políticos», al que los dirigentes de la comunidad internacional deberán dar un último visto bueno para su publicación, en abril en Bruselas. Cuatro regiones del mundo parecen especialmente afectadas: las islas del Pacífico, el África subsahariana, las poblaciones del Ganges y la desembocadura del Yuyiang, entre otras a ras del mar, y la vida en los Polos, de los osos a los esquimales.
La vida se retira al norte
Pero todos los continentes se verían notablemente afectados por cambios globales que ya están en marcha: los hielos eternos se deshielan; las avalanchas y los lagos de montaña aumentan, así como el curso de los ríos; las aguas se sobrecalientan ligeramente en perjuicio de su calidad potable; la vida vegetal y animal se retira a las montañas y hacia el norte.
Los investigadores estiman que es «harto improbable» que esta conjunción de fenómenos esté sucediendo como parte de un proceso natural. Sucesivos estudios encuentran una «consistente relación entre los fenómenos observados y los cambios proyectados por modelos de ordenador».
Por la comida no hay que preocuparse, sugieren los expertos, pues la evolución de los sistemas de cultivo proporcionará más y mejores cosechas; al parecer, sólo a partir de un alza de más de 3 grados centígrados se produciría un serio impacto sobre la cadena alimentaria, que alcanzaría al ser humano. Pero esto es sólo para las regiones donde ya hay comida y nada falta, pues en las más necesitadas las consecuencias serán inclementes.
De ser ciertas las conclusiones del IPCC, aumentará la emigración sur-norte, pues a África le espera menos agua y menos alimentos; y en Suramérica se extenderá la desertificación de la Pampa, y de cualquier punto donde ahora lucen los bosques; la hierba de la sabana sustituirá al hábitat de la jungla amazónica, sobre todo por el Este, así como a la selva tropical centroamericana. La soja, por ejemplo se extendería y tendría que sustituir a otros cultivos tradicionales, cambiando no sólo flora y fauna sino costumbres y gastronomía.
Subida del nivel del mar
Capitales porteñas como Buenos Aires, Montevideo o Salvador de Bahía, como otras de muy baja altitud, vivirán la amenaza de la subida de las aguas, como le sucede a Nueva Orleans; y las islas pequeñas, tipo atolones de Polinesia, sufrirán por el mismo motivo tanto como por la consiguiente desaparición de los turistas. Asia se verá afectada por el nivel de las aguas, tanto del curso interior y los acuíferos como al borde del mar, donde viven grandes masas de población.
En Norteamérica no habrá casinos suficientes para los futuros desiertos, se intensificarán las olas de calor, ya tristemente célebres en Chicago y el Medio Oeste, así como los grandes incendios forestales; y la nieve desaparecerá de las Rocosas, dejando a California con problemas de abastecimiento de agua, mientras las ciudades costeras del Atlántico recordarán el año del huracán «Katrina» como un preludio.

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