Economía

null

Hemeroteca > 10/02/2002 > 

Emilio Botín, al fin solo

Actualizado 10/02/2002 - 02:29:09
José Mª Amusátegui y Emilio Botín, en marzo de 1999; tiempos de euforia. ABC
José Mª Amusátegui y Emilio Botín, en marzo de 1999; tiempos de euforia. ABC
Emilio Botín recuperó ayer el trono. Volvió a presidir la junta de accionistas del Banco Santander (Central Hispano), cetro que había perdido durante dos años por mor de los rigores del pacto de fusión que un 15 de enero de 1999 firmó con José María Amusátegui, entonces presidente del BCH, quien ha oficiado de maestro de ceremonias en las juntas celebradas en el feudo de la familia Botín durante los dos últimos años.
Desde 1950, la junta había estado presidida por un Botín, pero a Emilio no le importó ceder ese honor durante dos años a José María Amusátegui, lo prioritario era sacar adelante la fusión con el BCH, que le garantizaba el liderazgo de la banca española, salvo que se fusionaran los tres bancos siguientes, algo que aún no se ha producido.
A fin de cuentas, ¿qué son dos años? Debió pensar cuando firmaba la fusión. Aunque tal como han evolucionado los acontecimientos, a Botín le ha parecido interminable el periodo de convivencia con Amusátegui. Sin embargo, esos dos años han resultado muy duros para toda la plantilla del Santander Central Hispano, no sólo para Emilio Botín, que mes y medio después de la fusión tuvo que cortar con la carrera ejecutiva de su hija Ana Patricia Botín, que aparecía en un reportaje de color en el que se colocaba a Ángel Corcóstegui como un empleado más de la familia Botín.
El primer año de la fusión, 1999, la plantilla vivió bajo los efectos de la admiración que produce trabajar en el primer grupo financiero español, un grupo con claras aspiraciones de multinacional, que acababa de dejar noqueado a su gran rival, el BBV, que no reaccionó hasta bien entrado octubre. Pero pronto vinieron los planes de prejubilación, la mezcla de culturas y, en definitiva, la guerra entre azules (BCH) y rojos (Santander).
SÍNTESIS IMPOSIBLE
Una fusión rara vez supone una síntesis de las culturas que se integran, normalmente una se impone a la otra, lo que facilita que el proceso sea más rápido. A priori, en la fusión Santander-BCH se había definido el mando (Botín) pero no la marca (mantuvieron la cometencia de las redes Santander y BCH). Mientras, en la integración del BBV con Argentaria quedó pronto muy clara la marca (BBVA), pero se ponía en duda que Francisco González tuviera realmente el mando del banco cuando se cumplieran los dos años de transición previstos. Los hechos ponen sobre el tapete que, al final, en los dos casos son los votos en el consejo de administración los que mandan.
El 23 de julio del año pasado, Emilio Botín había citado al consejo de administración en la sede del Paseo Pereda de Santander. No era una cita cualquiera. Se trataba de terminar con las reivindicaciones de los azules. De no transar ni un ápice más. En la primavera, Botín creyó que había sido sometido a una enorme presión del sector de Amusátegui, que trató de desinflar con un acuerdo firmado el 26 de junio. Los azules trataron de vender que aquel pacto, por el que se iba a la marca única BSCH, era un reforzamiento de Ángel Corcóstegui.
Como se dijo entonces, aquello sólo fue un amago de hacer una tortilla sin romper los huevos, como quedó patente en la mencionada reunión veraniega del consejo de administración. Botín entró y de cara planteó el cese del director de comunicación y estudios, Luis Abril -hoy poderoso presidente del grupo de medios de comunicación de Telefónica (Admira)-. En opinión de Botín, Abril era el ariete que utilizaban Amusátegui y Corcóstegui para buscar una negociación que mejorara las posiciones de poder de éste último antes de que terminara el periodo transitorio de la fusión (que concluía con la junta de ayer). Una vez que se fuera Amusátegui, Corcóstegui ya no podría negociar en condiciones paritarias.
GOLPES DE PODER
Con ese golpe de mano, Botín quería dejarles claro que en una disputa interna sólo podía haber un ganador: él. Por si el gesto de cesar a Abril, amigo personal de Corcóstegui, no era suficientemente rotundo, mandó un segundo aviso con el sustituto: Juan Manuel Cendoya, joven ejecutivo de Bankinter, de la confianza del presidente de este banco, Jaime Botín, y su entorno. El hermano de Emilio siempre está en los momentos claves, como cuando Rodrigo Echenique dejó el puesto de consejero delegado en el Banco Santander.
Era la primera vez desde la fusión que el presidente le colocaba un directivo a Corcóstegui sin haberle consultado siquiera, cuando de él dependía todo el equipo ejecutivo, según había quedado plasmado en el pacto de fusión. Por tanto, Botín decidió romper las reglas del juego y empezar una partida nueva, donde las actuaciones no se iban a conciliar en función de aquel pacto, sino de los votos en el consejo.
Botín tenía todas las de ganar en ese terreno. De los 27 miembros que integraban el consejo, 14 procedían del Santander y 13 del BCH. Además, al menos Santiago Foncillas se había cambiado de bando, de modo que la relación de fuerzas era 15 de los rojos frente a 12 de los azules.
RATO NO SOCORRE A AMUSÁTEGUI
Con ese plantel, a José María Amusátegui se le ocurrió recurrir al socorro del Gobierno y del Banco de España, movimiento que desencajó a Botín. Rodrigo Rato le dijo a Amusátegui en público que esas diferencias se deben dirimir en el consejo de administración, que era lo mismo que sentenciarle, y en el Banco de España se llamaron a andanas. Algunos creen que cuando Amusátegui entraba en los despachos oficiales, Botín hacía horas que había salido. Quizás no fuera necesario. Amusátegui se puso a hacer recuento de votos y ni siquiera tenía garantizado el apoyo de los que creía suyos.
Botín emprendió una persecución sin cuartel sobre José María Amusátegui, cuyo fin se alcanzó el 16 de agosto, día de San Roque, santo que da nombre a la localidad gaditana donde nació el ex presidente del BCH un 12 de marzo de 1932. Eso sí, Amusátegui se llevó con él al que durante muchos años había sido su gran amigo y al que ahora llamaba judas: Santiago Foncillas.
El caso es que José María Amusátegui tenía que dejar el banco por la puerta de atrás en medio del sopor de agosto, cuando hasta el chofer está de vacaciones. Pero Botín no paró ahí. A finales de septiembre, sacó de la presidencia de Vallehermoso al hermano gemelo de Amusátegui, Antonio, para ser sustituido por Rodrigo Echenique, un clásico de la familia Botín. En noviembre, Amusátegui anunciaba, a su pesar, que dejaba la presidencia de Unión Fenosa y ya en diciembre estuvo a punto de dejar hasta la Fundación Santander Central Hispano. Con la llegada del año nuevo, otros cuatro consejeros procedentes del antiguo BCH se veían conminados por Botín a dejar el consejo. Se trataba de los presidentes de Abengoa (Felipe Benjumea), Cortefiel (Gonzalo Hinojosa), Campofrío (Pedro Ballvé) y el respresentante del Commerzbank. Para evitar que la medida fuera tildada de persecución, en la salida se encontraron con Antonino Fernández, empresario mexicano de origen leonés íntimo de Emilio Botín, y el representante de MetLife, la aseguradora estadounidense a la que el banquero español ha sabido sacar mucho dinero.
ESCÁMEZ SUFRIÓ ALGO SIMILAR
El proceso fue muy duro para Amusátegui, pero a fin de cuentas no fue muy distinto a lo que pasó en la fusión del Hispano y el Central, solo que en ese caso él corría detrás de Alfonso Escámez, que acabó marchándose antes de lo pactado y acompañado de ejecutivos que habían sido su guardia pretoriana, como el actual consejero de Economía de la Comunidad de Madrid, Luis Blázquez. Escámez se refugió temporalmente en Cepsa, Amusátegui quería hacerlo en Unión Fenosa, y terminó por atrincherarse en la Fundación Central Hispano.
Todo fue a gran velocidad, de la salida de Amusátegui hasta la presentación de la nueva imagen del banco pasó un mes y un día. El 17 de septiembre se escenificó el fin de la guerra entre azules y rojos. Desde ese día se trata de ya sólo haya rojos, como el logotipo y la llama, y el encargado de mandar el mensaje fue el propio Ángel Corcóstegui, que quiso superar los orgullos personales y enfundarse el primero la camisa roja en aras de terminar con un periodo que un miembro de la comisión ejecutiva del consejo calificó como «lamentable y vergonzoso. Merecimos que nos echaran a todos».

El problema es que estas crisis dejan heridas que tardan en cicatrizar. La principal es la distancia entre Emilio Botín y Ángel Corcóstegui. Para los analistas e inversores esta no es una cuestión menor, sino que se mide con cuidado y ahí están los ejemplos. Cuando se hablaba de la marcha de Pedro Luis Uriarte de la dirección del BBVA, siempre había quien apuntaba el riesgo que eso podía suponer para la acción, ya que Uriarte representaba el éxito del BBV, cuyo Programa 1000 días se ha convertido en caso de las escuelas de negocios. Sin embargo, el mismo día se fue Emilio Ybarra y Pedro Luis Uriarte y la acción ni se inmutó. Francisco González vendió con rapidez el discurso de la continuidad, personificada no en él, sino en José Ignacio Goirigolzarri.

ANA PATRICIA Y CORCÓSTEGUI

Fuentes muy directas aseguran que Ángel Corcóstegui sigue creyendo que el Santander Central Hispano, que terminará llamándose Grupo Banco Santander, es el proyecto de su vida. Corcóstegui está convencido de que él es compatible con un presidente ejecutivo, pese a que continuamente invade las competencias de un consejero delegado, de modo que se trataría de un banco con dos CEO, en la terminología sajona. Botín también aprecia claramente la labor de Corcóstegui, pero mantienen un esquema de trabajo en el que la convivencia no es sencilla, aunque hoy por hoy cabe asegurar que se necesitan.

Eso sí, las mismas fuentes temen que hay un gesto que rompería los nervios de acero de Ángel Corcóstegui; su capacidad de amagar y no dar; reir, aguantar y esperar. Corcóstegui consideraría casus belli: el retorno de Ana Patricia Botín a funciones directivas en el banco. Sería la devolución del talón que Emilio Botín entregó al mes de la fusión, cuando cedió a las presiones Amusátegui-Corcóstegui y sacó a la hija del banco. Los que conocen al consejero delegado del Santander Central Hispano aseguran que el día del retorno de Ana P. Botín, Corcóstegui escribiría en azul en la fachada del banco aquello que se encuentra en los soportales muchas plazas de España: «Hasta aquí llegó la riada».
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.