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La función social del arquitecto

SE habla mucho en estos días, y se ha visto tanto en la última manifestación contra el denominado proceso de Bolonia como en las quejas de los colectivos de profesionales por la Ley Ómnibus, sobre la

Actualizado 09/11/2009 - 02:46:07
SE habla mucho en estos días, y se ha visto tanto en la última manifestación contra el denominado proceso de Bolonia como en las quejas de los colectivos de profesionales por la Ley Ómnibus, sobre la posible desaparición de los Colegios Profesionales, reguladores de más de un millón de profesionales de este país (que suponen el 30 % del sector universitario y el 6,1 % del empleo). Los arquitectos se han manifestado pidiendo, al igual que miles de estudiantes de Medicina, más créditos (360 en lugar de los 240 de la mayoría de las carreras) y por lo tanto más horas lectivas. Es paradójico que los universitarios se manifiesten para estudiar más, algo inédito en la historia de los estudios. Pero así fue. Los alumnos son conscientes de que con la degradación temeraria de su formación no llegarán a ser grandes profesionales de dos carreras tan exigentes y con tanta responsabilidad social como la Medicina y la Arquitectura. Porque no existe nada más complejo que estudiar el cuerpo humano y diseñar la vivienda y la ciudad, allí donde el hábitat humano discurre con todos sus matices.
Un arquitecto necesita conocer muy bien los materiales con los que va a trabajar. Precisa conocer las nuevas tecnologías al servicio de la construcción, las nuevas energías que den al ciudadano una «vivienda digna», como proclama la Constitución Española, y necesita adaptar las condiciones de habitar a las necesidades del siglo XXI. Todos sabemos, por ejemplo, que la normativa de la Vivienda de Protección Oficial no resuelve los nuevos requerimientos sociales: no responde a los modelos actuales de familia, no soluciona las exigencias de una tercera edad que precisa pequeños apartamentos asistidos en lugar de residencias-asilo, no atiende a los jóvenes que buscan su primer alojamiento, ni a las personas que viven solas o a los mayores que retornan a la ciudad por cuestiones de movilidad y programa, o simplemente no satisface la respuesta a la búsqueda de espacios flexibles y versátiles para que la gente se relacione.
Las nuevas necesidades de ahorro energético cambiarán las formas de los edificios y las ciudades. Dice Norman Foster, reciente Premio Príncipe de Asturias de las Artes, que la arquitectura es una carrera de obstáculos en la que hay que saltar por encima de las normativas, de los presupuestos, del cliente y de la dura realidad de la obra: del hormigón a la estructura económica. ¿Por qué aguantó el edificio Windsor de Madrid sin caerse (aunque luego hubo que derribarlo)? ¿Por qué los edificios de Calatrava o Ghery parecen desafiar las formas geométricas y de la gravedad? ¿Por qué Vicente Guallart consigue mantener los huertos urbanos y el trazado árabe de acequias en su proyecto de Sociopolis en Valencia? ¿Por qué los edificios de Moneo se integran tan bien junto al Museo del Prado, el Teatro Romano de Mérida, la Torre del Oro o la playa de San Sebastián? ¿Por qué el proyecto Olímpico de Madrid (el estadio es de los sevillanos Cruz y Ortiz) ha sido el más valorado por sus equipamientos deportivos? ¿Por qué todos estos grandes profesionales y otros muchos que hicieron historia como Fidias con el Partenón, Bruneleschi o Palladio en la cúpula de la catedral de Florencia y las iglesias y palacios de Venecia; Miguel Angel y Bernini en la basílica y plaza del Vaticano, Villanueva en el Museo del Prado o más en nuestro tiempo Sáenz de Oiza con la sede del BBVA en la Castellana de Madrid consiguen mantenerse y seguir emocionando en el tiempo?
¿Por qué, como dice Tuñón, los mejores edificios del mundo como la Alhambra han sido sostenibles?¿Por qué todos sus arquitectos han tenido grandes conocimientos de geometría, dibujo, estructuras y cimentaciones, construcción, conocimiento de los materiales, instalaciones, sociología, historia del arte y el sometimiento de una legislación y normativa compleja, que a veces dificulta más que facilita el proyecto?Y sobre todo, ¿por qué como el director de orquesta, con una visión integradora y armónica de todos esos conocimientos, es capaz de crear algo bello?
La respuesta en bien sencilla. Porque la Arquitectura es una de las disciplinas más complejas, duras y a la vez bellas y apasionantes de cuantas ha creado el ser humano. Y por eso los estudiantes no quieren la degradación de su formación, porque anhelan intentar emular a sus maestros y en definitiva porque quieren ser sencillamente arquitectos.
¿Acaso alguien podría discutir la función social de los arquitectos como diseñadores de nuestro patrimonio, desde las Pirámides hasta las nuevas torres de Madrid, pasando por la Alhambra, la Mezquita, las catedrales, los hospitales, las escuelas, las viviendas protegidas o los pueblos de colonización? ¿O de esos profesionales que han dirigido y ayudado a su mantenimiento, conservación o rehabilitación, muchas veces soportando grandes presiones por los agentes inmobiliarios y políticos?
No hay ciudad sin arquitectura, ni urbanismo sin conocimiento de la misma. Los Colegios de Arquitectos, han realizado una gran función, no solo a sus profesionales ofreciendo un servicio de formación continuada, bibliotecas, archivo e información del planeamiento, seguros de responsabilidad civil, etc. También han dado un servicio a la sociedad a través del fomento de debates de arquitectura y ciudad, exposiciones, conferencias, concursos, publicaciones, sugerencias y alegaciones a los planes generales de ordenación. Han denunciado obras sin licencias o licencias defectuosas, intentando poner freno a los desmanes urbanísticos en muchos ayuntamientos donde no hay servicios técnicos municipales. Por eso degradando la formación del arquitecto degradaríamos también nuestro patrimonio.
Ahora los más de 50.000 arquitectos que hay en España (más del doble por habitante que en Francia, Italia o Alemania) estamos en una terrible crisis, los jóvenes no pueden  acceder al mercado laboral, los mayores cierran los estudios y los que trabajan por cuenta ajena están en una precariedad extrema. Es un paradigma, por tanto, que los estudiantes de Arquitectura quieren estudiar más, y que los profesionales queramos mantener nuestros colegios para que sigan garantizando el futuro de nuestro sector.
Nuestra sociedad se merece unos profesionales de la Medicina que sigan estando a la altura de los de ahora y unos arquitectos que estén a la altura de las demandas sociales del ciudadano, ingeniando nuevos sistemas constructivos que ahorren costes económicos y energéticos sin rebajar la calidad. En definitiva adaptar la vivienda a un nuevo orden social, político y económico, pero con el mismo espíritu que los guió desde sus primeros estatutos de 1931.
Arquitecto
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