El periodo predemocrático, en su afán permanente de legitimación, abusó de los símbolos históricos de representación hispánica que se habían ido consolidando desde el siglo XVIII. La bandera, el escudo, y figuras de nuestra historia que por su significación eran referentes tanto morales y como de identidad colectiva sufrieron las consecuencias de su uso indiscriminado, perdiendo gran parte de su antiguo poder referencial. Guzmán el Bueno, uno de los pocos personajes de nuestro pasado capaces de saltar de la Historia a la cultura popular, no ha sido ajeno a este proceso, por lo que es tarea fundamental en este año que celebramos el VII centenario de su muerte, el rescatar su memoria del revisionismo histórico en boga, que aun carente de argumentos históricos, pone en cuestión la inusual coherencia de su trayectoria biográfica.
Se puso primeramente bajo sospecha la veracidad de la gesta de Tarifa. La duda surgió a principios del siglo XX y aun hoy es mantenida por algunos poco avisados, pese a la publicación del privilegio de 1297 por el que Guzmán el Bueno recibía de Fernando IV la plaza de Sanlúcar de Barrameda en cuyo texto se narra, apenas tres años después del suceso, el asesinato del hijo de Guzmán el Bueno a manos de los sitiadores musulmanes en represalia por no haber recibido Tarifa de su defensor; es difícil encontrar en la historiografía una validación documental más rotunda de una supuesta leyenda.
Después se cuestionó la verdadera personalidad del héroe andaluz, se le negó su origen hispano, adjudicándole procedencia magrebí que contradecía frontalmente la noción tradicional que daba por seguro su origen leonés. Para ello se esgrimía un documento de Sancho IV, por el que el monarca autorizaba a Guzmán el Bueno a sacar anualmente una cierta cantidad de trigo procedente de sus propiedades, para llevargelo a Allenmar (África), do el es, frase que se tomó como partida de nacimiento de Guzmán El Bueno, ignorando que este do el es en el siglo XIII no expresaba origen, sino que era indicación necesaria del lugar en el que estaba el beneficiario del documento, Guzmán el Bueno, en tanto era receptor y distribuidor del trigo cuya exportación se autorizaba.
La Lingüística Histórica ha establecido, además, con toda firmeza que la división de significado actualmente existente entre el ser y el estar comienza a consolidarse en nuestro idioma a partir de finales del siglo XVI; anteriormente la partícula verbal ser o es, indicaba entre otras cosas, lugar donde estaba localizado alguien o algo. Por ello el documento mencionado nos informa que en agosto de 1288, Guzmán el Bueno, se encontraba efectivamente en Allenmar o África, tal como ya sabíamos por las informaciones que nos suministró su primer biógrafo Barrantes. Conviene aclarar que África, y el servicio de armas a señores musulmanes, era destino transitorio habitual para caballeros cristianos, incluido el mismo Cid, que aprovechaban el aprecio de los reyes islámicos por su lealtad y buen oficio para hacerse de la necesaria fortuna para regresar a la patria en disposición de forjarse un señorío, tal como hizo Guzmán el Bueno en 1291.
Posteriores actos de Guzmán el Bueno prueban también su voluntad de subrayar el origen castellano-leonés de su linaje, pues no puede ser de otra manera interpretada la decisión tomada en 1298 de poblar su Monasterio enterramiento de Santi Ponce con mojes procedentes de un monasterio próximo a Gumiel de Izán (Burgos), donde se encontraba el panteón antiguo de los Guzmanes, antes de que éstos se trasladaran a León a finales del siglo XII, como nos informa Argote de Molina.
Finalmente, el profundo sentido hispánico de Guzmán el Bueno, el más firme de los de su tiempo, aparece probado a través de las numerosas cartas que éste cruzó con Jaime II de Aragón; en ellas buscaba el apoyo del monarca para sostener Tarifa, Andalucía y la corona del joven Fernando IV, a quien, según sus propias palabras, el rey D. Sancho le había dejado en guarda. Contamos pues con otra evidencia documental que contrasta su real carácter, con el deconstruido perfil con que nos lo pinta el revisionismo de algunos seudoinvestigadores recientes. Pues si hay algo que brilla en la trayectoria de Guzmán el Bueno es la inusual coherencia que mantuvo entre su conducta y sus ética caballeresca. No olvidemos que Guzmán el Bueno murió combatiendo en Gaucín, una semana después de que protagonizara la primera reconquista de Gibraltar para Fernando IV, monarca que en gran medida le debía su reinado.