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De Heidi... a señor Krieger

Su caso ha sido idéntico al de cientos de niñas que en la infancia soñaron con emular a los grandes campeones olímpicos. Pero ella, Heidi Krieger, nació en una época equivocada, justo cuando los

Actualizado 09/10/2006 - 09:58:27
Su caso ha sido idéntico al de cientos de niñas que en la infancia soñaron con emular a los grandes campeones olímpicos. Pero ella, Heidi Krieger, nació en una época equivocada, justo cuando los líderes político-deportivos de la extinta RDA quisieron hacer de los valores deportivos de sus atletas una poderosa herramienta política. Para ello no dudaron en dejar de lado los valores éticos y morales y caer sin piedad en un programa sistemático de dopaje que anuló personalidades y produjo un sin fin de trastornos físicos y psíquicos entre los atletas que lo padecieron.
Heidi protagonizó sin quererlo uno de los casos más graves que produjo este dopaje industrial. Las hormonas que le obligaron a tomar le masculinizaron de tal forma que en 1998 decidió someterse a una operación de cambio de sexo. Se sentía desde hacía años un hombre, no una mujer, y decidió dar el paso. Esta semana ha vuelto a la actualidad al aparecer en un programa de una televisión griega como el señor que es -se llama Andreas Krieger y luce hasta bigote-, acompañado de su esposa, Hute, con quien contrajo matrimonio en 2002.
«A los 15 años ingresé en la Escuela de Deportes de Berlín y un año después comencé a tomar unas pastillas azules por orden de los médicos y entrenadores. Me decían que eran vitaminas». Esas píldoras azules eran un producto diseñado en la propia RDA -un total de 1.800 científicos trabajaron durante una década para conseguir el diseño de un esteroide propio- llamado «Oral Turinabol» (el secreto mejor guardado tras el telón de acero), un esteroide androgénico (hormona masculina) con fines anabolizantes.
Más dopada que Ben Johnson
Los resultados deportivos -dicen que tumbó de un puñetazo a un boxeador con el que había discutido- se vieron pronto, ya que al año siguiente se proclamó campeona europea júnior de peso y disco. Tan pronto como los problemas de salud: «Se transformó mi estructura muscular, se me alteró la voz haciéndose más grave, me creció mucho el vello y se comenzaron a modificar mis órganos genitales».
No era para menos. Su plan de dopaje establecía para el primer año una dosis de 17 miligramos a la semana, para totalizar 885 miligramos al año. Al tercer año se le administraban cinco dosis al día, que hacían 50 miligramos a la semana y 2.590 miligramos anuales, es decir, más de lo que dio Ben Johnson en los Juegos de Seúl.
«Llegaron a controlar mis menstruaciones y los músculos se me desarrollaron extraordinariamente. Me parecía cada vez más al muñeco de Michelín, Crecieron mis hombros y mis piernas, me salio pelo en la cara y en el pecho y mi voz se hizo cada vez más grave».
En 1991, aún como Heidi, su situación física ya era insoportable por los dolores agudos que padecía en el pecho, caderas y espalda.
En 1998 su aspecto de hombre era total. Hasta el punto de que cuando le comentó al doctor sus intenciones de cambiar de sexo éste pensó que quería hacerse mujer. Entró en el quirófano como Heidi Krieger y se despertó de la anestesia siendo Andreas Krieger.
Con pelo corto y fino bigote, en la antesala de un tribunal alemán que juzgaba estos casos de dopaje conoció a Hute y en 2002 se casaron. Ésta aportó una hija, Karol, fruto de su primer matrimonio, y ahora forman los tres una familia feliz. Lo único que lamentan es no poder tener hijos propios.
Andreas es ahora una persona distinta y sólo le quedan de Heidi los dolores de cadera y de espalda que le impiden dormir sobre su costado derecho.
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