MARÍA JESÚS CAÑIZARES
BARCELONA. El clima de confrontación que ha generado el proceso de reforma del Estatut, unido a las debilidades del tripartito, han provocado un «empacho político» a los ciudadanos catalanes, lo que ha llevado a seis autores a hacer una reflexión sobre los convulsos mil días de Gobierno de Pasqual Maragall. Y esta es la conclusión: la política catalana necesita una rectificación y conceptos como el estado-nación que reivindican algunos partidos, ya han quedado superados.
El fruto de esa reflexión es el libro «La rectificació. Cabòries, exhortacions i premonicions sobre Catalunya» (Ed. Destino), un toque de atención respecto a los «desperfectos» que la negociación y consiguiente aprobación del texto estatutario ha causado en la vida pública. Así, el escritor y articulista Antoni Puigverd, analiza la gestión del Ejecutivo tripartito y el afán por abanderar la causa del catalanismo. Una causa que, según Puigverd, está agotada pues no se corresponde con ninguna demanda social y ha despertado un españolismo catalanófobo que le lleva al escritor a preguntarse si vale la pena poner el acento principal en el sentimiento identitario. También el historiador Josep Maria Fradera, que se ocupa de la realidad social, cultural y política catalana, coincide en que el catalanismo histórico está en crisis y junto a la frustrante experiencia del tripartito, el autor atribuye la mediocridad política a dos décadas de nacionalismo hegemónico de CiU.
El periodista Lluís Basset se adentra en el contexto europeo y califica de decadente la fórmula estado-nación que tanto se reivindica para Cataluña. Asimismo, evidencia la necesidad de enfocar los problemas internos desde una perspectiva española y europea. Al respecto, el filósofo Ferran Sáez Mateu cree que la dicotomía Cataluña y España no tiene sentido, precisamente por ese contexto global, y analiza la controversia en torno al concepto de identidad. Sáez cree que el «narcisismo colectivo» que se vive en Cataluña ha quedado superado por la emergencia de identidades «anacionales», como puede ser la comunidad islámica.
El politólogo y sociolingüista Albert Branchadell entra en el debate sobre la lengua y sostiene que, para fomentar el uso del catalán, se debería prescindir del concepto estado-nación y procurar que sea el Estado español el que se implique en ese cuidado, al tiempo que la Generalitat debería asumir que el castellano es una lengua catalana. El periodista Enric Juliana redunda en los pleitos con España y se refiere al alto coste de convertir Cataluña en una de las regiones europeas con más autogobierno. Según Juliana, el tripartito dinamitó el proyecto uniformista del PP, pero aplicando una política anticuada, según el autor.



