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Postales románticas

Ópera«La Sonnambula». V. Bellini. Intérpretes: R. Scandiuzzi, M. Pardo, D. Rizzo Marín, S. Mukeria, S. Pastrana. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Dir. musical: O. Marino. Dir. escena: H

Actualizado 09/08/2007 - 02:51:43
Ópera
«La Sonnambula». V. Bellini. Intérpretes: R. Scandiuzzi, M. Pardo, D. Rizzo Marín, S. Mukeria, S. Pastrana. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Dir. musical: O. Marino. Dir. escena: H. de Ana. Palacio de Festivales de Cantabria. Santander
COSME MARINA
El Festival Internacional de Santander abrió su 56 edición, como de costumbre, con ópera. El bel canto romántico fue protagonista a través de «La Sonnambula» de Bellini, uno de esos títulos que necesitan protagonista de carácter. Lo más interesante vino de la mano de la preciosista puesta en escena de Hugo de Ana, que concibió el drama con pulso romántico a través de sucesivas postales melancólicas que se encadenan sobre una campiña que muta de color según los diferentes estados de ánimo de los protagonistas, mientras hermosos fondos evocaban un mundo pastoril macilento.
La escena ayudó a apuntalar una velada en la que hubo otros elementos de interés. Entre ellos, la magnífica prestación del Coro Intermezzo y de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, dirigida por el discreto concertador Ottavio Marino, que pasó de puntillas por la partitura belliniana y cuyo afán no era otro que el camuflaje de las carencias de la protagonista. Y es que, precisamente, en la Amina de la soprano Diletta Rizzo Marín se asentó el mayor error de la propuesta. «La Sonnambula» exige diva de carácter y con vocalidad de fuego. Aquí vimos y oímos a una jovencísima cantante en la que se aprecian ganas y buen trabajo técnico pero que, ni de lejos, da el perfil requerido. Los fuegos de artificio del bel canto belliniano quedaron desdibujados, con el registro agudo meramente esbozado cuando no directamente obviado. Se ve, en este debut, prisa innecesaria.
Con la intervención principal limitada, el resto del elenco se acomodó. Pese a ello, merece destacarse la presencia de un buen tenor belcantista, Shalva Mukeria, Elvino notable o, por supuesto, la magnificencia de Scandiuzzi cantando un conde Rodolfo de sólida factura vocal. Y entre las aportaciones españolas, tanto Marina Pardo como Sandra Pastrana funcionaron muy bien en sus respectivos cometidos. Lástima que todo quedase a medias cuando pudo ser una gran noche de ópera.
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