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«El Gordo» ha caído en San Sebastián

Arnaldo Otegi MondragónJ. PAGOLAMADRID. Arnaldo Otegi Mondragón es el portavoz ideal para ETA-Batasuna. Si en tiempos de «proceso» interpreta el papel de defensor de la vía política, cuando suenan

Actualizado 09/06/2007 - 02:56:29
Arnaldo Otegi Mondragón
J. PAGOLA
MADRID. Arnaldo Otegi Mondragón es el portavoz ideal para ETA-Batasuna. Si en tiempos de «proceso» interpreta el papel de defensor de la vía política, cuando suenan tambores de guerra calla y, sumiso, justifica lo injustificable, el regreso de la banda al terror. No manda, como cree Zapatero. No es el Gerry Adams que presumía Moncloa, sino un mandado de una mesa nacional que nunca ha dejado de estar controlada por ETA y sus comisarios.
Lleva ya diez años vendiendo «paz», aunque colaborando con los que hacen la guerra. Durante la tregua que decretó ETA al amparo del pacto de Estella, Otegi predicó que había llegado el momento de apostar por las vías políticas, pero cuando el PNV y EA se negaron a cumplir los compromisos adquiridos, anunció la inminente vuelta del «accionar armado», traducción del tiro en la nuca y el coche bomba. Y, cómo no, el portavoz acertó.
Así, ya en tiempos de «guerra», el camaleónico Otegi llamó «compañeros patrióticos» a Patxi Rementería y tres de sus pistoleros, muertos en agosto de 2000 al estallarles el coche bomba con el que querían causar más muerte y más destrucción. Ese mismo Otegi, el que dice que hay que hacer los máximos esfuerzos para lograr la paz, profanó la memoria de José Luis López de Lacalle, cuando cerca del lugar en el que fue asesinado y a escasos metros de la capilla ardiente, aseguró que con el crimen ETA había puesto encima de la mesa el debate sobre el papel de los medios de comunicación en el «conflicto vasco».
Durante el proceso abierto en 2006, ese mismo Otegi dijo que «ha llegado el momento de sacar el conflicto de la calle», que la vuelta de la «lucha armada» sería un error, que la «izquierda abertzale» no entendía el atentado de Barajas. Pero ETA acaba de anunciar la inminencia de nuevos atentados y, la «voz de su amo, más sumisa que nunca, culpa de ello al Gobierno y al PNV por haberse levantado de la mesa. ¿Qué se puede esperar de un sujeto que nunca se ha arrepentido, más bien al contrario, de la época en la que perteneció, con el alias de «El Gordo», a aquella ETA-pm que desmanteló, a tiros, la UCD del País Vasco?
Actividad terrorista
Otegi ha despreciado siempre las oportunidades que se le han presentado para desmarcarse del terror. Cuando se le ofreció la amnistía de 1977 optó por seguir en ETA-pm. Cuando ésta se autodisolvió, integró con otros dirigentes «polimilis» el grupo «miliki» que acabó por incorporarse a la ETA actual. En 1989, tras su detención en Francia, fue entregado a las autoridades españolas y puesto a disposición de la Justicia. La Audiencia Nacional lo condenó a tres años de cárcel por pertenencia a banda armada. Además, fue juzgado en relación con el secuestro de Javier Rupérez y absuelto por falta de pruebas, ya que la víctima no pudo identificar a los terroristas porque iban encapuchados. La misma suerte corrió Otegi en el juicio por el secuestro frustrado de Gabriel Cisneros. Pero fue condenado por detención ilegal al empresario Abaitua.
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