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Frescos a prueba de terremotos

Tras el desastroso terremoto vivido en Asís que destruyó los frescos de Cimabue y el Giotto, científicos italianos han desarrollado un sistema informático para recomponer rápidamente pinturas murales trizadas. El Proyecto Mantegna ha recompuesto los pocos restos que sobrevivieron al bombardeo aliado de un fresco que este artista realizó en Padua y del que sólo había una foto de 1920

Actualizado 09/06/2003 - 00:55:31
ROMA. La chiquilla de doce años que recogía fragmentos de frescos de Mantegna entre los escombros de una iglesia bombardeada ha conseguido terminar el «puzzle» iniciado en aquella primavera de 1944. La técnica de «reconstrucción informática» creada en Padua para salvar los restos de la Capilla Ovetari pasa a disposición de la humanidad para recuperar obras de arte destruidas por bombardeos o terremotos como el que derribó en 1997 las bóvedas de Giotto en Asís.
El 11 de marzo de 1944, un bombardeo aliado contra el cuartel general alemán en Padua destruyó la Iglesia de los Ermitaños (Eremitani), pulverizando 700 metros cuadrados de revolucionaria pintura al fresco ejecutada por Andrea Mantegna en 1459 para la suntuosa Capilla Ovetari. Era una obra maestra, con las elevadas escenas superiores vistas en contrapicado y pobladas de personajes de aspecto escultórico, que le dan el nombre de «pintura petrea». En la escena del «Apóstol Santiago camino del martirio», el soldado romano es el San Jorge de Donatello, cuyo trabajo escultórico fascinaba a Mantegna.
Anna Maria Spiazzi, conservadora del Patrimonio Artístico del Veneto, recuerda aquel bombardeo y también que «al día siguiente, el obispo nos pidió a los alumnos del Instituto Tito Livio que, en lugar de ir a la escuela, ayudásemos a recoger fragmentos. Llenamos muchísimos sacos de arpillera con trozos bastante pequeños. Como premio, nos dieron bocadillos de membrillo».
Los 80.735 fragmentos recogidos amorosamente por los ciudadanos de Padua fueron enviados al Instituto Central de Restauración en Roma, pero la reconstrucción era imposible pues el material salvado sumaba tan sólo el diez por ciento de la superficie. En 1992, las cajas fueron devueltas a la diócesis de Padua, que no se resistía a perder aquella obra maestra de Mantegna y pidió ayuda a la Universidad.
Dos profesores del Departamento de Física «Galileo Galilei», que lleva el nombre del profesor titular entre 1592 y 1610, asumieron el reto y, con la ayuda de docenas de profesores de arte, matemáticas, ingeniería e informática, han terminado por crear -a partir de las fotografías de la Capilla Ovetari tomadas en 1920 y de las imágenes digitalizadas de cada fragmento-, una nueva herramienta para los trabajos de restauración. En un fresco de 700 metros cuadrados, cada pieza -en general del tamaño de un sello de correos- tiene siete millones de posibles posiciones. Encontrar la justa es casi imposible, y todavía más si la fotografía de referencia es en blanco y negro.
Bajo el impulso de Anna Maria Spiazzi, coordinadora del «Proyecto Mantegna», los profesores Domenico Toniolo y Massimo Fornasier, diseñaron una aplicación matemática de «armónicas circulares» que permitía a una red de doce ordenadores estudiar los siete millones de teóricas posiciones de cada fragmento y reducirlas a sólo quince o veinte, que analizaban visualmente una treintena de estudiantes voluntarios. Al final, cada uno de los 80.735 fragmentos ha encontrado su sitio en el mapa, y el restaurador de los frescos de Giotto destruidos por el terremoto de 1997, Giovanni Basile, afirma que «ha llegado el momento de reconstruir esta obra maestra».
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