Entre Estados Unidos y la Unión Europea se ha puesto a disposición del sistema financiero la escalofriante cifra de seis billones de euros, seis meses después de que el G-20 se reuniera en Washington para que después de analizar la situación llegara a las conclusiones más perentorias a seguir, dejando para medio año después la lista de «deberes a hacer».
En este medio año transcurrido, y con las políticas de estímulo fiscal desarrolladas en su totalidad, el FMI concluye que pese a que esos seis billones suponen el mayor desembolso en la historia moderna, sus resultados «no han sido todo lo satisfactorios que se esperaba», ya que los objetivos de recuperar la confianza y solucionar los problemas de liquidez del sistema financiero permanecen sin solucionarse. La razón que esgrime el FMI para llegar a esta conclusión es que los activos tóxicos continúan en el mercado, y éstos todavía suponen otros tres billones de euros.
Pese a que el sistema permanece inmutable, el FMI pone el acento en que las medidas sí se han empezado a notar en la economía real, donde la crisis se está cebando con el paro.
Falló el Tesoro de EE.UU.
Junto al balance del FMI destaca el realizado por la Comisión de Supervisión del Congreso norteamericano, que ha llegado a la conclusión de que el plan de rescate financiero en EE.UU. ha tenido un «éxito mixto». En concreto, apunta a los posibles fallos del Tesoro en reconocer la profundidad de la crisis y en la propia valoración de los activos problemáticos. Por estos motivos, concluye la comisión, se necesitan «soluciones diferentes».
En este mismo informe se pide, además, que se liquiden las entidades con problemas y que se despida a sus ejecutivos.
Segunda fase en la UE
Por lo que respecta a Europa, Bruselas destaca en su balance que se han puesto en marcha 50 medidas nacionales para estabilizar el sistema financiero por 3 billones de euros.
Para la comisaria europea de Competencia, Neelie Kroes, se ha cumplido el objetivo de «impedir la desintegración del sistema financiero», y ahora es necesaria una segunda fase en la que el sector sea responsable y «limpie sus balances y se reestructure para asegurar un futuro viable».



