Dirigentes de PSE, PP y de «Basta ya», increparon a los nacionalistas y llamaron asesinos a los concejales batasunos
de Andoain, que salieron protegidos por la Policía autonómica. La localidad está gobernada por
la coalición proetarra con el visto bueno del PNV
ANDOAIN (GUIPÚZCOA). En un Pleno lleno de tensión, el alcalde de Andoain, José Antonio Barandiarán, y los cuatro ediles de Batasuna tuvieron que ser protegidos por la Policía Municipal y abandonar la Sala de Plenos por la puerta de atrás, ante los gritos de «cobardes», «chivatos» y «asesinos» del público. A la condena del asesinato del jefe de la Policía Municipal de esta localidad por parte del PSE, del PP y del PNV-EA se sumó a título individual uno de los concejales de Batasuna, Jesús María Olazábal. Los asistentes al acto exigieron la dimisión del alcalde y denunciaron, primero en el Ayuntamiento y luego en la manifestación, la situación del municipio que gobierna Batasuna en minoría. «Con el PNV, alcalde de Batasuna», coreaban insistentemente, a la vez que reclamaban «moción de censura, ya».
Al iniciarse el Pleno, los concejales de Batasuna fueron recibidos con el lanzamiento de pegatinas con el lema «ETA, no» y gritos de repulsa por parte de los asistentes, que abarrotaban la sala, entre los que se encontraban numerosos políticos del PSE, como los dirigentes del PSOE o Rosa Díez, y del PP, como María San Gil, además de miembros de «Basta Ya», entre ellos Fernando Savater y Carlos Martínez Gorriarán, así como el diputado de Guipúzcoa Román Sodupe, y, en representación del Ejecutivo vasco, Josu Jon Imaz, que aguantó en silencio los reproches hacia PNV y EA.
Acebes y Caldera
Tras el Pleno extraordinario, en el que se vivieron momentos de tensión, tuvo lugar la concentración de repulsa, en la que se podían ver dos pancartas: por un lado, una con el lema «ETA, no», que portaban compañeros socialistas de Pagazaurtundua, y, por otro, otra en la que se podía leer «Por la libertad. ETA kampora», de los miembros de ¡Basta Ya! Al acto se sumó, en representación del Gobierno, el ministro de Interior, Ángel Acebes, así como el portavoz del grupo parlamentario socialista, Jesús Caldera. La concentración reunió a representantes de todas las fuerzas políticas, salvo de la extinguida Batasuna, a los que arroparon cientos de ciudadanos anónimos. Al término de la misma, el concejal socialista de Andoain, Estanislao Amuchastegui, se dirigió a los presentes calificando de «cobardes» y «cómplices» a los ediles de Batasuna, y denunciando la actitud de los que apoyan a ETA y de todos los que miran hacia otro lado.
Finalizada la concentración, se inició una breve manifestación hasta el lugar del atentado. El recorrido se realizó en un silencio que sólo fue roto por el grito de «libertad» y de «¡basta ya!». Cuando concluyó la misma, el portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, y el consejero de Justicia, Joseba Azkárraga, presentes en la misma, abandonaron el lugar siendo abucheados por los manifestantes, que les increparon con gritos de «cobardes». A pesar de que no se produjeron altercados, más allá de los enfrentamientos verbales, un amplio número de agentes antidisturbios de la Ertzaintza, con la cara tapada, se desplegaron para proteger a los miembros del Gobierno vasco del público mientras abandonaban el lugar.
En la declaración de condena aprobada por el Ayuntamiento con los votos de todas las formaciones políticas, salvo los de los ediles proetarras, el Ayuntamiento pide a los vecinos de Andoain que «pierdan el miedo» y que «hagan saber a los violentos que no nos vamos a dejar doblegar».
Esta firmeza contrastaba con el miedo y el derrotismo que se respiraba en Andoain inmediatamente después del atentado contra el Joseba Pagazaustundua, colaborador activo de la plataforma ¡Basta Ya! -en la diana de ETA- y militante del PSE, pero sobre todo un «referente en la lucha por la libertad».
Al igual que el periodista José Luis López de la Calle, vecino de esta localidad y que fue asesinado por ETA a cinco minutos del bar Daytona, donde ayer tuvo lugar el atentado, el sargento de la Policía Municipal también acababa de comprar la prensa antes de acudir al bar donde habitualmente desayunaba y ayer le esperaba un pistolero. Joseba Pagazaurtundua, hermano de la ex parlamentaria socialista Maite Pagazaurtundua y natural de Urnieta, llevaba varios meses de baja. En un pueblo «tomado por el miedo», según la concejala del PP en Andoain Vanesa Vélez, y en el que, desde que Batasuna gobierna en minoría, ha crecido de forma notable la presión de los terroristas y de los «chicos de la gasolina», como les definió Javier Arzalluz.
Los vecinos de Andoain -una población eminentemente industrial, de 14.138 habitantes- recibieron la noticia del atentado con incredulidad y silencio. Pagazaurtundua lleva años viviendo en esta localidad junto a su mujer, Estíbaliz, y sus dos hijos pequeños y ejerciendo de policía -antes había sido ertzaina- . En el pueblo, ninguno de los vecinos querían hacer comentarios acerca de la familia, quizás para que no se supiera su grado de afinidad. Sin negar conocerle, ya que «era jefe de la Policía», según los testimonios recogidos por ABC, casi nadie hizo referencia a su condición de luchador comprometido por la libertad como miembro de «Basta Ya». Algunos sí sabían que no disponía de escolta.
Ikurriña y «ETA, no»
En los bajos del Ayuntamiento, donde en un lateral ondea la ikurriña junto al cartel de «Euskal Presoak, Euskal Herrira» («Presos, a Euskal Herría»), al que, paradójicamente, le acompaña la pancarta con el lema «Bakea. ETA ez» («Paz. ETA no»), se encuentra la oficina de la Policía Municipal, lugar de trabajo de Pagazaurtundua. En total, dieciséis agentes locales que ayer rehusaron opinar de forma colectiva o anónima el asesinato de su compañero y, ante dicha solicitud, emplazaron a la decisión que, en próximos días, puede adoptar el Comité de Trabajadores. «Se hará en su momento», indicó uno de los portavoces policiales. Un compañero del jefe de la Policía Local, cuyos ojos no ocultaban el dolor por lo ocurrido, reconoció a ABC que Pagazaurtundua «era consciente de lo que le podía pasar en cualquier momento».
Enfrente del lugar del atentado, uno de los bares próximos al local donde un pistolero descerrajó tres tiros a Pagazaurtundua, una de sus empleadas comentó que «a nadie le gusta que pasen estas cosas, pero aquí cada uno va a lo suyo». Esta mujer, que no presenció lo ocurrido, supo cuando se encontraba en su casa que algo había pasado por el ruido del helicóptero de la Policía y de las sirenas, si bien indicó que pensó «que había ocurrido algún accidente de tráfico». Como si no se tratara del País Vasco, otra vecina, también pensó al oír el ruido de las ambulancias en que «alguien hubiera sufrido un ataque al corazón».