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Jiménez de Parga contrapone el «nacionalismo fanático» a la modernidad

El presidente del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga, apeló ayer al «sentimiento constitucional» como idea que «debe arraigar con el fin de reforzar la coherencia de la Nación española». En su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Jiménez de Parga se refirió a los cambios que provocará la cultura digital tanto en el mundo jurídico -donde dará lugar a un «Derecho ecuménico»- como en otros ámbitos y sostuvo que «los nacionalismos fanáticos se olvidan de que estamos en la era digital».

Actualizado 09/01/2002 - 00:56:02
Manuel Jiménez de Parga conversa con Ángel Acebes y Pilar del Castillo. Daniel G. López
Manuel Jiménez de Parga conversa con Ángel Acebes y Pilar del Castillo. Daniel G. López
Manuel Jiménez de Parga tomó posesión ayer de la plaza de número que ocupó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas Luis Sánchez Agesta, su profesor de Derecho Político en la Universidad de Granada. Juan Velarde, Sabino Fernández Campo y Francisco Murillo presentaron la candidatura de Jiménez de Parga, que fue elegido académico el 20 de abril de 1999 y ayer leyó su discurso de ingreso, titulado «Sobre el saber jurídico-político: un posible enfoque». Al acto asistieron las presidentas del Congreso y del Senado, Luisa Fernanda Rudi y Esperanza Aguirre; el ministro de Justicia, Ángel Acebes; el ex presidente del Gobierno Calvo Sotelo y numerosos magistrados del Tribunal Constitucional y del Supremo.
El nuevo académico afirmó que el ordenamiento constitucional español está formado por reglas y por unos principios «de aplicación directa» que son el «soporte estructural del edificio jurídico-político». A su juicio, «son principios constitucionales el interés general de España o la solidaridad entre todos los españoles».
«Con estos cimientos sólidos de los principios constitucionales -sostuvo- puede acometerse, sin riesgos de destrucción, la reforma de los textos constitucionales, sea por la vía de las enmiendas, sea por medio de la interpretación jurisdiccional».
Según Jiménez de Parga, esas mutaciones serán aceptables «siempre que no lleven a la destrucción de la Constitución», algo que «sólo será admisible si el titular del poder constituyente (en el caso de España, el pueblo español) decide libremente derribar el edificio jurídico-político y construir otro distinto».
Defendió la supremacía de la Constitución, «que inspira y da forma a todo el ordenamiento jurídico». «Con esta penetración de la Constitución en la realidad jurídico-política se genera, o debe generarse, el sentimiento constitucional», señaló el presidente del TC, que abogó por que «ese sentimiento arraigue entre nosotros con el fin de reforzar la coherencia de la Nación española».
El presidente del TC manifestó que «ciertas nubes» oscurecen la claridad de la doctrina sobre la supremacía de la Norma Fundamental. En este sentido, se refirió al «uso heterodoxo» del denominado «bloque de constitucionalidad», utilizado para resolver los problemas competenciales entre el Estado y las Autonomías.
«Sería un error -aseveró- colocar en el centro del bloque a los Estatutos de Autonomía y en la periferia a la Constitución. No es posible, con perspectiva constitucional, olvidarse de que el origen y principio de donde dimanan los Estatutos es la Constitución», sostuvo.
Jiménez de Parga se extendió, de otro lado, en la «incapacidad» del Derecho para seguir el ritmo que impone la era digital. «La cultura digital requiere un Derecho ecuménico, que se extienda por todo el orbe», consideró el presidente del TC, que proyectó esa idea sobre la situación actual: «El espacio judicial europeo, que ahora se presenta como un objetivo difícil de alcanzar, será visto por quienes nos sigan -conjeturo- como algo natural, que ellos reciben en el legado histórico que les corresponde. Lo antinatural en ese futuro (presente) serán las fronteras para lo jurídico». Ese «horizonte de esperanza» se ve oscurecido, en su opinión, por los «nacionalismos fanáticos, radicales y excluyentes», que «se olvidan de que estamos en la era digital», manifestó el presidente del TC.
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