
ROMA. No es la primera vez que el Real Madrid se juega todo en noventa minutos en estas liguillas de clasificación. Ya pasó por la experiencia de tener que ganar o ganar y siempre ha salido adelante, incluso en situaciones más adversas. Además, en esta ocasión parte con aliados que deben ser determinantes. El primero está marcado por el hecho de que el Olímpico vaya a estar en silencio, mudo. Un detalle a tener en cuenta conociendo el ambiente que suelen montar los ultras romanos en partidos de este estilo.
Y el segundo se fundamenta en el equipo que va a alinear el rival, en el que sólo habrá cuatro titulares y en el que, finalmente, se ha impuesto el criterio del entrenador y no estarán ni Totti, ni Cassano, ni Montella, ni Panucci. De Rossi y Scurto están sancionados y Chivu, Dacourt y Tommassi, lesionados desde hace tiempo.
Y como además el Real Madrid debe estar al completo si Figo se recupera de su esguince -le han infiltrado y quiere forzar al máximo aún en contra de la opinión de los médicos- y parece estar especialmente motivado por lo que se juega, todo indica que debe estar el viernes en el sorteo. Para ser primero de grupo, detalle importante porque jugaría en casa el segundo partido de octavos, deberá esperar a que el Dinamo empate en Leverkusen y con su victoria en el Olímpico los dos sumasen once puntos. Entonces sería líder por el «goal average» particular. Si el Dinamo ganara, incluso le valdría un empate al Madrid en Roma.
Un repaso a la historia reciente de esta «Champions» desde que se juega con el formato de liguilla nos recuerda que el Madrid ha sabido superar el trance de dejar para última hora lo que podía haber hecho antes. En la campaña 95-96, tuvo que ganar al Grassophers (0-2) en Zúrich para ser segundo, detrás del Ajax. En la 97-98, con seis liguillas en juego en las que se clasificaban los seis campeones y los dos mejores segundos, goleó (4-0) al Oporto para ser primero por delante del Rosenborg. En la 99-00, más riesgo. Tuvo que ir a ganar a Rosenborg y lo hizo gracias a un gol de Raúl y a que Carew no tuvo su noche y falló tantos cantados.
Por último, en la 2002-03 se lo jugó todo en Moscú ante el Lokomotiv y un gol de Ronaldo de cabeza sobre un césped helado fue definitivo, a pesar de que el Borussia Dortmund había ganado en Milán (0-1). Por lo tanto el Real Madrid nunca ha sido eliminado en ninguna liguilla previa desde que -en la temporada 91-92, campeón el Barcelona- se juega con este modelo.
Ayer el denominador común de conversación de los jugadores blancos era adivinar las sensaciones que tendrán al tener que jugar un partido sin público y más en un estadio tan magnífico como el Olímpico. Lo seguro es que escucharán todo lo que digan y esta vez no tendrán disculpa de no oír las órdenes del entrenador. Durante el entrenamiento de ayer ya se pudo comprobar que un lateral de las gradas estará cubierto por pancartas de ánimo al equipo local, pero en el palco de honor casi habrá más madridistas que romanos, pues la UEFA ha sido condescendiente con el club blanco y al final el cupo será de 120 invitados, incluidos los aficionados más fieles y que siempre viajan con el equipo.


