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Cataluña pone de moda los «bautizos civiles» en España

El salón de plenos del consistorio igualadino se llenó ayer al mediodía para presenciar un ritual que aunó discursos, música y poesía... y puso a la ciudad en el mapa

Actualizado 08/11/2004 - 21:42:36
«Sobre todo, os lo pido por favor: no digáis que es un "bautizo civil", porque no quiero polémica con la Iglesia. Es otra cosa, es una "acogida civil"...», reiteraba Carmela Planell ante la multitud de periodistas que acudieron ayer al mediodía a la cita en el Ayuntamiento de Igualada (Barcelona).

El hijo de Carmela, Marcel, de cinco años, fue protagonista ayer en esta ciudad de 34.000 habitantes situada a 65 kilómetros de la Ciudad Condal, y mucho más allá de sus fronteras. Y es que la gran cobertura mediática del evento, celebrado en el salón de plenos del consistorio, se alimentó gracias a que, finalmente, se retiró la anunciada decisión de que fuera un acto privado y sin acceso para la prensa. «Bautizo civil» o no, lo de ayer en Igualada fue, sin duda, un evento. En una celebración breve en el consistorio que apenas llegó al cuarto de hora, y ante un centenar de vecinos que abarrotaron la sala de plenos, Marcel, nacido en Barcelona, como su madre pero igualadinos de residencia, fue declarado «ciudadano» de Igualada. Se trataba de la primera ceremonia laica de este tipo oficiada en Cataluña, aunque cuenta con precedentes parecidos. En otra población, Alella (Barcelona), se celebraron años atrás rituales civiles para imponer el nombre a los niños, aunque no tenían un reglamento específico.

En Igualada, la coalición entre PSC, ICV e independientes, llamada «Entesa de Progrés», decidió reglamentar una ceremonia civil para acoger en la ciudadanía a sus residentes de 0 hasta 18 años. Y trae cola. En Sant Boi del Llobregat (Barcelona) se aprobó hace dos semanas un reglamento como el igualadino para este tipo de acogidas.

Que no se llamen bautizos

A todos los promotores les une un reparo: que no se le llame bautizo, porque quieren evitar que les vaya la Iglesia detrás a reclamarles por apropiación indebida de un ritual propio, con denominación de origen religiosa.
«Yo mi considero progresista, aunque no milito en ningún partido. Respeto a la Iglesia y a sus fieles, pero no es mi opción. Yo quería que mi hijo fuera recibido por la casa del pueblo, no por la de Dios», explicó Carmela. «En mi caso, y en el de muchos, optar por el bautismo era un acto de hipocresía», espetó. Licenciada en Filología Catalana y en Geografía e Historia, Carmela nació en Barcelona en 1956, pero de niña recaló en Igualada. Se volvió unos años a la capital catalana para estudiar y allí tuvo a su hijo Marcel. Hace dos años, regresó a Igualada sola con su hijo para quedarse.

Intentó que su hijo fuera «bautizado» por lo civil en Barcelona. Pero el consistorio de la capital catalana, que barajó en 2000 la idea de instaurar esta ceremonia, se echó atrás para evitar polémicas con la Iglesia. «Lo intenté cuando estaba Clos de alcalde, pero no quisieron porque ya tenían suficientes problemas con la Iglesia por los encierros de inmigrantes en la Iglesia del Pi», argumenta Carmela.

La «liturgia»

El tanto progresista que buscó apuntarse Clos, se lo adjudica finalmente un compañero de partido, Jordi Aymamí, alcalde de Igualada, quien ayer no podía disimular su satisfacción por presidir una ceremonia que subrayó a su ciudad en el mapa de España.

El primer edil igualadino inauguró el ritual. Leyó dos fragmentos de la carta de los Derechos de los niños de la ONU, y del capítulo de la Constitución española referido a la educación. Y dio la bienvenida al «ciudadano» Marcel bajo los auspicios de valores como «la libertad, la igualdad, el respeto y la solidaridad».
Luego fue el turno de la madre, Carmela, que de pie en un atril de la sala de plenos -ante los padrinos de su hijo, Roger y Carina- dio las gracias a Igualada por acoger a su hijo como ciudadano. También se felicitó de que, «de una vez por todas», en una comunidad democrática se puedan realizar actos de este tipo, y admitió su satisfacción por ser la pionera de una iniciativa que, espera, tenga continuidad. De hecho, otra familia de Igualada ya ha pedido la vez.

Entre discursos (Marcel distraído con la bula para el protocolo que tiene todo niño), una violonchelista le puso música. La «Bourrée» I (danza cortesana francesa) de la tercera suite de J. S. Bach, la canción tradicional catalana «Rossinyol», y de nuevo el maestro barroco con su preludio de su tercera suite.También hubo poesía. Una amiga de Carmela recitó el poema «Un castell per a tu» (Un castillo para ti) de Joana Raspall, dedicándoselo a Marcel.
«Marcel, seas bienvenido», concluyó el alcalde. Firmaron los padrinos el documento que acredita la ceremonia, aplausos del público, y un regalo del primer edil para Marcel. Un libro sobre la historia de Igualada.

Epílogo: Carmela, vestida para la ceremonia de negro y con gafas de sol (por prescripción facultativa), se fue a saludar al respetable y salió del Ayuntamiento para atender a los periodistas. Quince minutos para un acto simbólico inédito que ella intentó relativizar: «Es un ritual simbólico, pero como lo es el bautismo, porque los que se bautizan también deben cumplir un trámite ciudadano: darse de alta en el registro civil».



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