
Montesinos Alama recreó el ambiente fronterizo de México, pero no dudó en valerse de las artes del Ballet Nacional de Cuba para ofrecer un espectáculo insólito. A la derecha, un elegante dos piezas aterciopelado de Andrés Sardá. Chema Barroso
Espectacular, Montesinos Alama remontó anoche el Río Bravo para cerrar la Pasarela Cibeles con un homenaje al color cálido y a la mujer. Series de fucsia, rojo fuego y champán, su naranja valenciano, los blancos y negros extremos... La cita era fronteriza de modo que todo era posible en un desfile que era puro espectáculo: entraron en escena los bailarines del Ballet Nacional de Cuba, con una señorísima Alicia Alonso sentada en primera fila, y poco después Almudena Cid, la campeona nacional de gimnasia rítmica, a la que seguiría la faraonísima bailaora Lola Greco, con arrebatador aire flamenco.
La fiesta merecía bordados de mantón de Manila, homenajes al chal en croché y contaba con un trabajo de peluquería basado en extensiones con añadidos de claveles y elementos tropicales. (Valga este paréntesis para recordar el trabajo ímprobo de Ángela Navarro, responsable del buen hacer en peluquería a lo largo de toda la Pasarela Cibeles: su discreción le vale un aplauso y un reconocimiento de primera, ella que se ha embarcado en la aventura de crear una peluquería de estética oncólogica, animada por Ana Muñoz, a quien conoció y admiró).
SARDÁ: VESTIDA PARA BAÑARSE
El día y la noche son los ejes de coordenadas de la colección de Andrés Sardá, trabajada por el diseñador y su hija Nuria y sin duda una de las mejores y más elegantes aportaciones a la Cibeles. El día evoca la luz, el color y el viaje, plasmados en estampados de orquídeas, safari, vegetaciones de islas vírgenes y lisos multicolores, entre ellos el malva y el fucsia. La noche se entrega al blanco y el negro espléndidos, donde se hace más patente el trabajo de investigación en la industria textil, que en su caso es impecable y ofrece resultados muy creativos. Bordados con azabaches o pailletes, microfibras ribeteadas en oro, flocados, devorados que hacen que aparezca una estrella transparente en la noche de un traje de baño... Magnánimo en una colección rica en matices, incorpora perlas a pareos en punto de seda o se detiene en unas líneas finísimas de purpurina que cambian la imagen de la prenda: hasta el último detalle. En cuanto a las formas, predomina el biquini en su vestuario pero hace de él una prenda renovada y muy próxima al traje de baño gracias a diversas fórmulas de superposición o al dos piezas con camiseta en la parte superior. Trabaja a partir del triángulo en la zona superior, elabora cierres originales (como aros de plata cuadrados) y no repara en complementos.
Antes que él, a la pasarela llegaron las propuestas de dos jóvenes diseñadoras que merecerían algo más que estas líneas de ahora en adelante. Alma Aguilar busca la estética parisina de cintura alta y vestido largo, con fruncidos llamativos y preciosistas en las mangas y los tobillos. Le divierte jugar con inscripciones que hacen referencia a su nombre o estampados también familiares, con un águila en las alturas. La diseñadora mostró una colección completa, bien trabada incluso en el detalle de los sombreros «ad hoc», con una salida final de vestido de novia que podrán copiar con gusto algunos consagrados de Cibeles. Yohuate -la firma de la diseñadora Sara Nogueira- presenta un estudio sobre las posibilidades de la línea sobre un tejido. Frunce, anuda, crea ojales inmensos... Le falló la selección de colores y de algunos tejidos -crepés concretamente- pero mostró que trabaja con acierto el shantung (seda salvaje) y la organza. Además, entendió que es distinto la pasarela de la tienda y recreó al público con un pequeño espectáculo de danza a cargo de dos miembros de la compañía Losdedae.


