La selección española está a un triunfo de tocar las medallas. Están ahí. Tan cerca y tan lejos. Ganar hoy (20,15 horas) asegura la plata. Perder llevaría a la lucha por el bronce, mañana (18,00 h.). Sin embargo, el triunfo de esta noche, frente a Yugoslavia, se antoja como una misión imposible por un doble motivo: primero, por la propia categoría del rival, que parece situarse uno o dos niveles por encima del resto de los equipos europeos, y segundo, por lo que marca la historia.
El repaso de los enfrentamientos entre España y Yugoslavia no admite duda: los serbios son una de las «bestias negras» del baloncesto nacional. Una balance total de 7 victorias por 36 derrotas (cuatro por 28 en partidos en competiciones oficiales, incluida una incomparecencia). En concreto, el equipo nacional no vence al yugoslavo en un encuentro no amistoso desde los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84 (74-61).
Si los números otorgan pocas posibilidades al triunfo español, la realidad de lo observado hasta ahora tampoco despierta muchas ilusiones. Se miden el mejor ataque y la mejor defensa del Campeonato, algo que no garantiza el equilibrio. Los méritos de los «plavis» no se limita al tino encestador de sus hombres -todos poseen muñecas de seda, y las clavan desde cualquier sitio-. Se nota la mano del nuevo entrenador, Svetislav Pesic, que ha logrado cambiar la mentalidad de sus hombres.
UN EQUIPAZO DISCIPLINADO
Mantienen los yugoslavos su clase infinita, su asombrosa capacidad para la creación ofensiva, pero añaden esta vez una desconocida disciplina defensiva y una no menos ignota concepción de grupo. Las individualidades ahora suman, en lugar de ir por libre. Esta Yugoslavia destroza en ataque y, además, brega desde atrás, presiona, roba balones, intimida... Es un equipazo, compuesto por excepcionales estrellas. La lista resulta impresionante: Bodiroga, Obradovic, Scepanovic, Tarlac, Gurovic, Jaric, Stojakovic... Éstos dos últimos son los más desequilibrantes. Un base de 1,96, que maneja el balón con la velocidad, astucia y soltura de un hombre de 1,80; y un alero, que puede actuar de escolta, de 2,05 y una mecánica de tiro electrizante. Lleva en lo que va de campeonato 91 puntos, con 13 de 20 en tiros de tres.
Además, estos yugoslavos mantienen una postura muy respetuosa con sus rivales. Nada de confianzas, menosprecios o vanaglorias. Pesic considera que «mi equipo todavía no tiene la experiencia para ser considerado como un favorito seguro al oro. Somos un buen equipo, pero no creo que estemos tan por encima del resto como dicen. A los grandes equipos se les reconoce porque poseen una gran defensa y España la tiene. Además de jugadores con proyección y ambición. Yo estuve íntimamente muy ligado a la gran selección yugoslava de la generación del Mundial júnior de 1987 (Divac y compañía) y veo un fenómeno similar en la actual selección española. Ya vive de la generación del Mundial júnior del 99».
Con estos antecedentes se podría esperar a una España medrosa, pero ni por las palabras ni por las actitudes parece que vaya a ocurrir tal cosa. Imbroda reflexiona: «Cuando un equipo gana con un 36 por ciento de efectividad en sus tiros (como ocurrió frente a Rusia) lo hace por la defensa y eso demuestra que nuestro nivel defensivo está muy alto. Tanto, que nos hace presentarnos al partido frente a Yugoslavia sin temores. Lo malo es que a Yugoslavia no la puedes ganar si sólo tienes un 36 por ciento de acierto. Para ganarla hay que rayar en la perfección defensiva y generar un gran trabajo en ataque. No basta con defender».
SEGUIR SOÑANDO
«Sólo prometo, añade el seleccionador, que el equipo no saldrá derrotado de antemano, que luchará porque nuestra mentalidad es conseguir el máximo. Vivimos un sueño y queremos seguir viviéndolo hasta las últimas consecuencias, sin descartar nada. Ganar a Rusia fue un sueño y queremos seguir soñando».
No se podía cerrar la jornada sin conocer las sensaciones que experimentó Lucio Angulo camino de la cesta, en su primer robo de balón, el que marcó el despegue ante Rusia: «Cuando iba corriendo no pensaba en nada, salvo en que no podía fallarla. Llevaba un poco tenso el esfínter. Pensaba: «A ver si no la cuelo». Cuando machaqué sentí que el triunfo estaba ahí. Ahora frente a Yugoslavia, puede que me toque Stojakovic y lo único que me queda por hacer es que no vuelva a dar un clinic de tiro como ante Letonia (7 de 7)».


