sábado, 21 de noviembre de 2009
Valoración:
J. M. C.PARÍS. Éste es el tenis que viene: dos chicas, casi niñas, por encima del 1,80 y soltando palos como quien sacude colchones. Las ve John McEnroe, cuya muñeca zurda debería ser nombrada
8-6-2008 02:57:33
J. M. C.
PARÍS. Éste es el tenis que viene: dos chicas, casi niñas, por encima del 1,80 y soltando palos como quien sacude colchones. Las ve John McEnroe, cuya muñeca zurda debería ser nombrada patrimonio de la Humanidad, Nastase o el mismo Santana y deben pensar «malos tiempos para la lírica».
Y es que no fue una final poética más que en el rostro de Ana Ivanovic, que se llevó el título (6-4, 6-3). La serbia, la sonrisa más bonita del circuito y la segunda tenista más bella del mismo (por detrás, por supuesto, de Elena Dementieva), ganó por su mayor consistencia, porque manejó mejor los momentos decisivos del encuentro y porque ya había pasado por lo que ayer sufrió Dinara Safina, el lance de jugar su primera final en París.
No hubo mucho arte en el partido y sí mucho raquetazo y tente tieso. Las dos se rompieron el servicio continuamente y poco a poco Ana fue imponiendo esa derecha que tiene, que parece una coz de mula (cuánto engaño en ese frágil rostro de muñequita delicada).
El peaje de la novata
Mientras Ivanovic se adaptaba mejor a los momentos tensos del encuentro, Safina pagó el peaje de la novata. En esos puntos vitales se le vinieron encima los fantasmas que siempre han acosado a esta jugadora: «Voy, vengo, soy defensiva, atacante, soy buena, mi hermano es mejor...». Entre tanta duda, Ivanovic distribuyó mejor el juego, fue más ordenada y se dejó influir menos por la presión.
En esos pequeños detalles se dilucidó la final. Safina pegó más fuerte, pero con menos control. Además, se fue con mucha más asiduidad del choque: un niño que lloraba en la grada, unos gritos de ánimo en ruso, o en serbio... Ivanovic no. Ana encontró ayuda en su mejor servicio y en la mayor regularidad del mismo en la segunda manga. Incluso aseguró algunos puntos con su revés.
Todos los detalles fueron haciendo una montaña, no muy grande, pero suficiente para ir decantando el partido. «Me mantuve mejor en los instantes cruciales del encuentro -dijo luego Ivanovic-. Creo que la final disputada el año pasado me ayudó mucho. Tengo la sensación de que a ella le ha pasado lo mismo que a mí en aquella final ante Henin, que me pudo la presión. Yo ahora tenía esa experiencia y ella no».

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