sábado, 21 de noviembre de 2009
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JUAN VICENTE BOOCORRESPONSALVENECIA. Las mejores sonrisas de la Bienal de Arte de Venecia brillaban ayer en el pabellón español gracias al ingenio satírico de Los Torreznos y a varias apuestas
ABC  «Paraíso fragmentado», políptico de Manuel Vilariño presente en el pabellón español
ABC «Paraíso fragmentado», políptico de Manuel Vilariño presente en el pabellón español
8-6-2007 03:09:29
JUAN VICENTE BOO
CORRESPONSAL
VENECIA. Las mejores sonrisas de la Bienal de Arte de Venecia brillaban ayer en el pabellón español gracias al ingenio satírico de Los Torreznos y a varias apuestas arriesgadas del comisario, Alberto Ruiz de Samaniego, crítico de arte de ABC, quien respiraba por fin aliviado y contento en medio del aplauso general. El pabellón español era el que tenía más «alma», y el que despertó más simpatía en una jornada desapacible de viento y de chubascos que echaron a perder millares de hermosísimos zapatos en el recorrido por jardines enfangados.
En la mayor Bienal de la historia no es fácil competir con 77 pabellones nacionales, incluidos los de superpotencias del arte contemporáneo como Estados Unidos. Pero la capacidad de llegar al alma de un crítico o de emocionar a un espectador depende de resortes más íntimos, que los cinco artistas españoles han demostrado saber manejar.
Reírse de la política
Si las fotografías de Manuel Vilariño invitaban a pensar, los vídeos de Los Torreznos -Jaime Vallaure y Rafael Lamata- conseguían que el visitante terminase riéndose de la política y animándose a disfrutar un poco más de la vida, sin dejar que se la amarguen líderes mediocres con reincidencia y alevosía. El tiempo es un tesoro de felicidad, y eso hace rico a quien descubre su valor.
Con la sonrisa todavía en los labios, el paso a la sala del santiagués Rubén Ramos Balsa es como un cambio de planeta. Aquí las formas se proyectan en el interior de objetos imposibles, a los compases de la «música arácnida». Y cuando el visitante cree que lo ha visto ya todo en materia de instalaciones, escucha sobre su cabeza un taconeo de flamenco. Al levantar la mirada descubre que los tacones no golpean el suelo del piso de arriba sino, asombrosamente, el interior de la bombilla que ilumina el pasillo.
La imaginación vuela también en la sala del cineasta barcelonés José Luis Guerín, con sus enigmáticas «Women we don´t know», capturadas en varias ciudades europeas y envueltas en el misterio de toda mujer desconocida. Las 24 pantallas -algunas en lugares sorprendentes de la sala- invitan a mirar a la vida con ojos nuevos y de un modo más humano.
Alberto Ruiz de Samaniego explicaba ayer a ABC que «nuestro intento es demostrar que el arte contemporáneo puede ser también afirmativo incluso en estos momentos en que predomina la crítica y la cultura de la queja». El comisario del pabellón español escogió el titulo «Paradiso spezzato» (Paraíso fragmentado) tomándolo textualmente de unas líneas poéticas de Ezra Pound, quien lo escribió en italiano en medio de un texto en inglés.
Según Ruiz de Samaniego, «es imposible volver al paraíso original, pero podemos disfrutarlo en momentos fugaces como los que presenta esta exposición, articulada intelectualmente en torno a Ezra Pound, Nietzsche y Marcel Proust». En medio de una Bienal marcada por la denuncia y los ataques guerrilleros contra el optimismo, el pabellón español resulta estimulante y alegre.
La primera visión fugaz del «paraíso perdido» aflora en las fotografías del coruñés Manuel Vilariño, poeta y viajero antes que fotógrafo, capaz de robar en un «clic» el alma de un lugar, de un pájaro o de un niño. Su espectacular políptico «Paraíso fragmentado» es, según Ruiz de Samaniego, «la pieza más sinestésica del pabellón». Según el autor, «es una referencia a los pájaros del paraíso, en un fondo de doce especies como el pimentón o el cacao, que representan la vida, dando color y sabor a las imágenes». El trabajo y el tiempo necesarios para ultimar esta obra de gran intensidad cromática y simbólica no se cuenta por días, sino por meses, pues el autor ha fotografiado una y otra vez la serpiente central y los pájaros a medida que cambiaba la textura y el color de las especies.
Un políptico simbólico
Vilariño explica que «el pimentón, por ejemplo, cambia de aspecto según la humedad, pasando de un polvillo disperso a concentrarse en forma de grumos. Otras especies cambian de color a medida que se oxidan». Pero lo más interesante del políptico es su simbolismo, cuyas claves sólo se entienden estudiando en detalle cada una de las fotografías. Parte de la inspiración ha sido un poema de Jose Ángel Valente sobre «Naturaleza muerta y pajaro solitario».
Rafael Lamata y Jaime Vallaure -Los Torreznos-, estaban, a su vez, entusiasmados con la reacción del público a vídeos como «35 minutos» o «La noche electoral», que permiten descubrir un nuevo sentido del tiempo y un complejo de superioridad sobre la política. No es fácil provocar la reflexión contando desde uno hasta 2.100 (los segundos que componen 35 minutos de video) o repitiendo de diversos modos los nombres de grandes políticos del siglo XX, pero estos dos artistas lo han conseguido. Sus diversos modos de entonar «Mao» suenan como una bofetada satírica a un mito que sólo trajo disgustos.

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