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La Atlántida emerge entre la polémica

Actualizado 08/06/2004 - 16:07:30

BERLÍN. Un joven físico alemán dice haber hallado una explicación para aquella Atlántida descrita por Platón en unas fotos por satélite del entorno de Doñana; sin embargo, el profesor madrileño Georgeos Díaz-Montexano explicó ayer a ABC que el trabajo y las fotos son suyos y, el alemán y otro catedrático francés interesados, sólo vulgares plagiarios.

Rainer W. Kühne acaba de publicar en la revista «Antiquity» sus conclusiones sobre unas fotos de Eurosat, tomadas en 1996 sobre la bahía de Cádiz y las marismas del Guadalquivir, al hilo de un artículo del geólogo y prehistoriador francés Jacques Collina-Girard sobre «su» teoría del emplazamiento y desaparición de la Atlántida, el mayor misterio clásico por resolver desde el descubrimiento de Troya. Lo de Girard parece una teoría, pero lo de Kühne apenas pasa de conclusiones. El artículo de Kühne hace concordar la descripción que Platón hace en sus diálogos de «Critias» y «Timeo» de la isla Atlántida, con las salinas de la Marisma de Hinojos, provincia de Huelva, comarca sepultada bajo las aguas hacia el siglo VII u VIII a.C. y que, como se sabe, permaneció inundada hasta la Edad Media. Dos estructuras rectangulares visibles para los satélites coinciden con las medidas y disposición de los supuestos templos, de plata para Poseidón, y de oro, para Cleito y Poseidón. Parte de los enormes círculos concéntricos, que rodearían ambas construcciones según la descripción clásica, también aparecen visibles en las tomas que los implicados han hecho ver a este diario.

Pero el profesor Díaz-Montexano asegura que tanto Kühne como Girard conocieron de él apenas algunos puntos de sus trabajos que, desde 1997, realiza sobre la Atlántida, incluídas las fotos que él mismo compró. En su opinión, ambos habrían publicado sólo partes de ésta como sus descubrimientos originales, tras largo contacto con este profesor de origen cubano a través de foros de aficionados en internet como Atlantis Rising y Misteria3000.

Al menos Kühne agradece en su artículo a Díaz-Montexano el haberle «mostrado fotos propias de satélite, que confirman la existencia de las dos estructuras rectangulares». El francés Collina-Girard ni lo menciona y Montexano aduce que, en una comunicación posterior entre ambos, aquél le habría advertido no polemizar porque «él es un catedrático y yo tengo que publicar en internet y no tengo universidad que me respalde». Agrega que prueba de ello la tuvo cuando National Geographic publicó al francés, pero obvió su respuesta y las pruebas cronólogicas aportadas. En abril de 2000, Montexano había logrado que la revista «Más Allá de la Ciencia» malpublicara su trabajo «Atlantis en Gibraltar, entre Iberia y Marruecos»; Collina-Girard, que ha preparado incluso una expedición para la búsqueda, envió en septiembre de 2001 un artículo, «Atlantis en el archipiélago sumergido de Gibraltar», sobre el asunto a la Académie des Sciences de France.

Díaz-Montexano aduce que, lo que no saben ni el físico alemán ni el geólogo francés son «lenguas clásicas» y la clave estaría en la traducción del relato, que a su vez provendría de fuentes originales egipcias al través de Solón. «La Atlántida de Platón es tan real como lo ha sido, tras su descubrimiento, la Troya de Homero. Siempre ha estado aquí, si Sarmast la buscaba en Chipre o Schülten, que copió a Amador de los Ríos, en otro sitio, es porque no vieron el error. Ya José Pellicer, en 1673, la veía en Cádiz», topónimo que, en su opinión viene de Gadeira, «que es el único nombre atlante del relato, el hermano de Atlas, ya que todo el resto son nombres traducidos al griego».

En la revista on-line «Antiquity» explicaron ayer a ABC que habían retirado el artículo de Kühne, a exigencias y ante las pruebas presentadas por Díaz-Montexano; pero lo volvieron a exponer después cuando empezó a caldearse el ambiente en torno al asunto. Aunque Kühne, de 33 años, aparece como profesor de la Universidad de Wuppertal (Renania del Norte-Westfalia), nadie sabía ayer de él allí.

Tras rebuscar por varias universidades, este diario logró contactar telefónicamente con Kühne. Éste, joven e intuitivo, resulta sin embargo confuso en sus explicaciones, sabe pero no sabe de los trabajos de Montexano, dice que éste se equivoca al situar al historia en la Edad del Bronce, argumenta no haberlo leído al no saber español, e insiste en que la Atlántida «es la ciudad de Tartessos», mientras Montexano diferencia un continente-archipiélago entre la propia Iberia y el Atlas norteafricano y la capital o «isla» de Platón (nésos), hundida en el estrecho de Gibraltar, 8 ó 9.000 años antes de Solón, en su descripción a través de Platón.

Según explicó Montexano a este diario, «la verdadera Atlántida de Platón estaba formada por la propia península actual más unos archipiélagos, que iban desde las Columnas de Hércules hasta el Norte de África, región que se sumergió bajo el mar tras varios cataclismos». Esto coincidiría con el tamaño. La clave está en una traducción equivocada de los textos y Montexano dio con ella acudiendo al códice primero de Platón (transcripción del siglo VII): Análisis léxico-etimológicos sobre el empleo distinto de voces de un griego anterior y otro más evolucionado, voces terrestres (poreusimon) o marinas (thálattas), para diferenciar la situación y orografía, antes o después, así como las marismas (pelagos) de fango, creadas tras el hundimiento y existentes documentadamente durante los romanos.

Montexano admite su mala suerte con el asunto de su estudio, «la Atlántida es un tabú para la ciencia, se ha especulado tanto y se han dicho tantas bobadas esotéricas que su estudio tiene mala imagen en la comunidad científica». Aparte las habituales polémicas de plagio en torno a estudios, Montexano dice que lo peor son los «fanáticos» de la Atlántida, «los que le imaginan poderes esotéricos, que son los que más me atacan por estudiar el tema». En cualquier caso, después de oír a todos, la Atlántida habría estado para todos más o menos en el mismo lugar, entre Cádiz, Gibraltar y la cordillera del Atlas, o quizá comprendiendo todo ello y más, pero lo que sí es cierto es que unos parecen saber más de qué hablan que otros.
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