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Un «mundo perdido» en Nueva Guinea

Una expedición de naturalistas encuentra entre las remotas montañas de Foja, en la parte de Nueva Guinea perteneciente a Indonesia, un tesoro de múltiples y exóticas especies hasta ahora desconocidas para la ciencia

Actualizado 08/02/2006 - 08:20:51
AP  Campamento de la expedición en las remotas montañas de Foja
AP Campamento de la expedición en las remotas montañas de Foja
WASHINGTON. Demostrando que el mundo no está completamente trillado y que no faltan tanto aventuras pendientes como exploradores dispuestos, un grupo internacional de 25 naturalistas ha descubierto en una de las más aisladas junglas del planeta -las montañas de Foja situadas en la parte de Nueva Guinea perteneciente a Indonesia- todo un tesoro de varios centenares de especies, tanto exóticos animales como plantas, hasta ahora completamente desconocidas para la ciencia.

«Es lo más parecido al jardín del Edén que vamos a encontrar en la Tierra», no ha dudado en sentenciar el principal científico de esta fructífera expedición, Bruce Beehler. En cuestión de quince días en diciembre, este equipo multidisciplinar ha sido capaz de encontrar cientos de extraños pájaros, más de veinte nuevas especies de ranas, cinco tipos hasta ahora desconocidos de palmeras, cuatro variedades adicionales de mariposas y unos gigantescos rododendros con espectaculares flores blancas.

De la ilustración a la foto

Todos estos descubrimientos han sido utilizados por el grupo «Conservation Internacional» con sede en Washington para defender la protección de estos 9.500 kilometros de bosque tropical, descritos como el paraje natural más prístino en toda Asia y el Pacífico. Hasta el punto de que diversos animales al borde de la extinción en otros lugares, y demasiado acostumbrados a esquivar a los humanos para sobrevivir, han podido ser estudiados a corta distancia y sin temor. Pudiéndose fotografiar con cámaras digitales especies hasta ahora sólo conocidas por ilustraciones del siglo XIX.

La expedición de estos naturalistas, con ayuda del Instituto de Ciencia de Indonesia y subvenciones de diversas instituciones de Estados Unidos, llevaba en preparación durante más de diez años. Según ha explicado Beehler, «la política y las limitaciones medioambientales del occidente de Nueva Guinea están cambiando continuamente, hasta el punto de que es muy difícil lograr todos los permisos necesarios, pero gracias a algún milagro, todo ha terminado por materializarse».

Un santuario ecológico

El cuidado de esta zona, designada ya como un santuario ecológico, está confiada a dos tribus locales de nativos -los Kuerwa y los Papasena- que habitualmente no se adentran en las profundidades de su privilegiado entorno. Las estimaciones de esta expedición hablan de unos 3.000 kilómetros cuadrados de bosque tropical que nunca habrían sido visitados por seres humanos. Para hacerse una idea, el corazón de este «mundo perdido» coronado por cumbres con más de dos kilómetros de altura es tan inaccesible que resulta obligado el uso de helicópteros.

El equipo de Bruce Beehler considera que su trabajo en las montañas de Foja no ha hecho más que comenzar ya que la expedición realizada a finales del año pasado ha sido solamente una primera aproximación a este gran «generador de biodiversidad». Tras divulgar increíbles fotos a través de internet, y preparar una serie de artículos para su publicación en revistas científicas, Beehler aspira a volver en cuanto sea posible con otro grupo de especialistas y en una época de menos lluvias.

Irónicamente, este jardín del Edén podría haber desaparecido abruptamente a mediados de los años noventa con el proyecto para construir una presa en el río Mamberamo, que hubiera inundado toda la zona. Pero la crisis financiera en cadena sufrida colectivamente por Asia en aquella época evitó que el criticado proyecto se convirtiera en realidad. A juicio de Bruce Beehler, la clave para proteger este paraje pasa por aunar conservación y desarrollo sostenible para sus habitantes: «Mucho de lo que nosotros hacemos es facilitar información, pero al final se trata de su futuro. Estamos tratando de darles las herramientas para que sean los administradores a largo plazo de este sistema montañoso. ¿Va a ser difícil? Por supuesto».
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