Hace cuatrocientos años, Galileo Galilei utilizó por primera vez un telescopio para asomarse al espacio. La Luna fue el primer objetivo al que este físico italiano apuntó con un rudimentario aparato que él mismo había construido después de recibir una carta de un antiguo alumno que le confirmaba el insistente rumor de que en Holanda había un telescopio que permitía observar estrellas invisibles a simple vista.
Se iniciaba así una revolución científica que iría derribando muchas de las antiguas creencias sobre el Universo. La observación de las cuatro lunas de Júpiter, que Galileo toma como un modelo de sistema solar, son para él una prueba de que no todos los cuerpos celestes giran alrededor de la Tierra como entonces se creía.
Las manchas solares, los anillos de Saturno, las fases del planeta Venus... Todo un mundo nuevo se mostraba ante los ojos asombrados de este científico considerado el padre de la Astronomía moderna.
Con él comenzaron 400 años de increíbles descubrimientos astronómicos que aún continúan. Desde entonces, el progreso de la astronomía ha dependido de la mejora en el tamaño y la capacidad de los telescopios para revelar detalles cada vez más intrincados del Universo. Actualmente, telescopios desde la Tierra y el espacio exploran el Universo las veinticuatro horas del día, en todas las longitudes de onda de la luz. En estos cuatro siglos ha sido posible que el sencillo telescopio de Galileo se transformara en el gigante Hubble, un satélite del tamaño de un autobús que gira alrededor de la Tierra a 560 kilómetros de altura y que escudriña el universo con la intención de descifrarlo.
Desde su lanzamiento, el telescopio espacial Hubble no ha dejado de enviar imágenes, aunque las primeras aparecían borrosas, para desconcierto de los científicos encargados de su misión. Una curvatura ligeramente errónea en el espejo principal era el defecto queimpedía el enfoque correcto. Todo se solucionó, no sin esfuerzo, con la colocación de unas «gafas» especiales formadas por diez pequeños espejos que permitieron que el original enfocara adecuadamente.
En cuestión de días, el Hubble, provisto de sus nuevas gafas, recobró la excelente visión con que los técnicos habían querido dotarle desde el principio y empezó a enviar las mejores imágenes astronómicas de la historia. Posteriores reformas, como la incorporación de una cámara sensible a la luz infrarroja, le mantienen aún en servicio. A pesar de ello, ya se piensa en su jubilación. Su sustituto será el telescopio espacial James Webb (en inglés JWST), un observatorio en órbita que estudiará el cielo en frecuencia infrarroja.
Coincidiendo con el cuarto centenario de aquella pionera observación de Galileo, se celebra el Año Internacional de la Astronomía. El objetivo es estimular el interés por esta rama de la ciencia, especialmente entre los más jóvenes.
Pilar Quijada



