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«La discriminación contra extranjeros, inmigrantes y negros continuará»

Tom Miller es de la vieja escuela. Nacido y criado en Washington, la capital federal, vive en Tucson, Arizona, junto a la frontera mexicana. Un reportero y escritor al que le gusta pegarse al terreno

Actualizado 07/11/2008 - 08:30:37
Tom Miller es de la vieja escuela. Nacido y criado en Washington, la capital federal, vive en Tucson, Arizona, junto a la frontera mexicana. Un reportero y escritor al que le gusta pegarse al terreno como un reptil, interrogar amable y exhaustivamente a cada ser vivo que se encuentra, y hacer el mapa topográfico y emocional con una prosa rica, pero que nunca se desborda. En Alianza Editorial México publicó uno de sus libros más emocionantes, y que más nos conciernen: «En la frontera». Se trata de un viaje paso a paso, demorándose en cada vuelta del camino, a todo lo ancho de la frontera que une y divide como una dolorosa bisagra a México y Estados Unidos. Lástima que sea casi inencontrable. Para quien quiera saber de su vida y su copiosa obra dispone de una ventana en www.tommillerbooks.com.
-¿Abusamos los periodistas del apelativo histórico o está plenamente justificado si lo aplicamos a la victoria de Barack Obama?
-¿Histórico? Sin la menor duda. No hay precedentes en la historia de este país del extraordinario movimiento político que llevó a la elección de Barack Obama, y además rompió el molde. Ahora tenemos al primer presidente de la era moderna, hijo de un emigrante, el primer presidente bi-racial y el primero en haber vivido parte de su juventud en el extranjero. Se ha convertido en un lugar común en 24 horas, pero es la pura verdad: la elección de Barack Obama representa un momento decisivo en la historia de América.
-¿Se puede decir que con la llegada de un negro a la Casa Blanca se pone fin a la guerra civil, como escribió de forma hiperbólica Tomas L. Friedman en el «New York Times»?
-Hiperbólica, eso es. Eso es lo que define a Thomas L. Friedman en el «New York Times» dos veces por semana. Sin embargo, y a pesar del autobombo sobre los avances en la igualdad racial, la elección de Obama va más allá de la lucha por los derechos civiles que comenzó en 1865. La discriminación contra negros y mestizos, extranjeros e inmigrantes, continuará. Pero hay que admitir que con un líder que, por primera vez, reconoce la desigualdad en el aparato burocrático y en la calle, tengo la impresión de que el prejuicio perderá terreno. Hablando sin circunloquios, tener a un negro en la primera página de todos los periódicos cada día durante cuatro años, acabará provocando un cambio en los prejuicios que se disparan inconscientemente, y hará que se modifiquen de forma radical las relaciones entre blancos y negros.
-¿Qué papel cree que representó el color en las elecciones?
-La raza jugó un papel decisivo en la elección, un hecho del que deberíamos enorgullecernos. La combinación entre el color de la piel de Obama y la seguridad que demuestra como orador de altos vuelos, atrajo literalmente a millones de voluntarios a lo largo de 21 meses de campaña en un crescendo que culminó el pasado martes. Ni el color de la piel ni su estilo, por sí solos, lo hubieran logrado. Fue un cóctel. La raza también pesó de otra manera. En mi caso, después de ocho años de George Bush me di cuenta de que se me hacía muy cuesta arriba votar por un blanco.
-Los hispanos se han volcado a favor de Obama. ¿Cómo lo interpreta?
-Se decantaron por Obama por los mismos motivos que lo hicieron otras minorías: conoce de primera mano la vida del inmigrante y, más importante, no trapicheó con el asunto.
-¿Se ha convertido el republicano en el «partido de la intolerancia», como lo calificó otro columnista del «Times», el Nobel Paul Krugman?
-Sin duda, el Partido Republicano se ha convertido en el partido de la intolerancia. Hasta que Lyndon B. Johnson, un demócrata, firmó la Ley de Derechos Civiles, en 1964, los demócratas representaban el racismo del sur. Los republicanos empezaron a darle la vuelta a la tortilla con una estrategia cínica y desafiante. Buena parte de la intolerancia que va de la mano del racismo ha echado raíces en la forma en que los republicanos encaran las cuestiones sociales. Todo eso les ha dado buenos dividendos hasta que les estalló en la cara esta semana.
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