TEATRO
«Els nois d´Història»
Autor: Alan Benett. Dirección: José María Pou. Traducción: Joan Sellent. Escenografía: Paco Azorín. Intérpretes: José María Pou, Josep Minguell, Maife Gil, Jordi Andújar, Nao Albert, Javier Beltrán, Oriol Casals, Alberto Díaz, Xavi Francés, Llorenç González, Jaume Ulled, Ferran Vilajosana_Teatro Goya, Barcelona
SERGI DORIA
Poner siluetas y espejos al vicio y la virtud. Es la ecuación de Shakespeare, el gran portavoz de Talía, y a José María Pou le gusta ir sobre hombros de gigantes. Un teatro de calidad textual y amplio espectro social. En los últimos años, el actor y director ha optado por autores contemporáneos. Todos anglosajones: las sombras de la pareja en el tragaluz de David Hare, el provocador Albee de «La cabra», o la voluminosa decadencia de Orson Welles...
El pasado jueves, Pou se estrenaba como director de un histórico teatro barcelonés con nombre de genio: el Goya vuelve a abrir puertas totalmente remodelado por la productora Focus; el escenario donde Gardel cantó tangos al Barrio Chino y Lorca proclamó al teatro educador de un país, escuela de llanto y tribuna de libertad.
De educación, llanto y libertad trata «The History Boys» («Los chicos de Historia») de Alan Benett (Leeds, 1934). De ocho alumnos que preparan su examen de ingreso a la Universidad y de un profesor maduro (José María Pou) que se hace llamar Héctor, más convencido en la poesía de la experiencia que en las reformas educativas. Resulta que Héctor concibe la clase como una casa de citas, en la doble acepción del término: les puede enseñar francés escenificando el encuentro de una prostituta con su cliente o memorizar estrofas de Auden, Kipling y Eliot. Sus métodos -imposible no recordar «El club de los poetas muertos»- disgustan al victoriano director del centro (impecable e implacable Josep Minguell) y compiten con el agresivo pragmatismo de Irwin (Jordi Andújar), joven profesor que le mide los pasos. La tensión del trío docente masculino es observada con sarcasmo por la señora Lintott (eficaz Maife Gil), profesora desencantadamente feminista. Su heterodoxia educativa y algunos toqueteos a los alumnos llevarán a Héctor a la picota de la jubilación anticipada...
Maridaje de pedagogía y literatura, como demuestra su novela «Una lectora poco corriente», Benett imparte una clase de palabras y corazón que Pou expresa en la tesitura de su último Welles, con la voz ronca de la vida amarga. Para mal o para bien, su Héctor deja huella; no forma a los alumnos para un examen, sino como personas: «¿Qué pasa después del examen? Pues que la vida continúa», les advierte.
Sus ocho educandos conjugan el subjuntivo y remueven los libros. Los mejores momentos, les dice el viejo profesor, «son aquellos en que te encuentras con algo -un pensamiento, una sensación, una manera de ver las cosas- que hasta entonces pensabas que era íntimamente personal, que sólo era tuyo. Y ahora lo encuentras plasmado por algún otro, una persona que ni siquiera conoces, o que hace tiempo que ha muerto, incluso. Y es como si hubiera salido una mano y agarrara la tuya».
En estos tiempos de agrafía promocionada por la televisión y unos poderes públicos más pendientes de la propaganda que de la formación, la obra de Benett constituye un revulsivo para una sociedad sin puntales morales. Una buena lección.