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Europa dificulta el acceso a la nacionalidad a los inmigrantes

BORJA BERGARECHEMADRID. «Le guste o no, sexualidad y desnudez se encuentran a menudo en los espacios públicos. Periódicos y revistas publican artículos sobre sexo y relaciones, y numerosos anuncios

Actualizado 07/10/2007 - 08:34:33
«Le guste o no, sexualidad y desnudez se encuentran a menudo en los espacios públicos. Periódicos y revistas publican artículos sobre sexo y relaciones, y numerosos anuncios exponen el cuerpo humano. Esto es el resultado de una evolución general de la sociedad que ha conducido a una actitud más liberal ante la sexualidad». Así se explican las «costumbres y tradiciones» de Dinamarca a los «nuevos ciudadanos» que acaban de obtener la nacionalidad en el sitio web del Ministerio de Asuntos Exteriores, como parte de un programa establecido en 1999 para ofrecer una mejor integración en su nueva patria a los solicitantes de nacionalidad.
A finales de 2005, el gobierno conservador de Anders Fogh Rasmussen les impuso la obligación de superar además un examen de idioma y un test de cultura e historia danesa. «El objetivo del test es asegurar que los extranjeros que quieren ser daneses tengan un conocimiento general de la sociedad, la historia y la democracia danesas para que puedan participar como los demás ciudadanos», explica Thomas Bille Winkel, jefe de información del Ministerio de Integración danés.
El caso danés, al igual que el de Estados Unidos, ilustra un fenómeno creciente en los países occidentales: el de condicionar la obtención de la nacionalidad y, cada vez más, de permisos de residencia permanente, a la aprobación de un test de integración que puede incluir contenidos históricos, culturales y lingüísticos.
Tendencia generalizada
«Al menos nueve países de la UE han introducido recientemente cursos de integración, test de ciudadanía o itinerarios cívicos», comenta Dirk Jacobs, sociólogo de la Universidad Libre de Bruselas (ULB) consultado. La tendencia responde a un endurecimiento generalizado de las legislaciones sobre inmigración desde que Holanda, paradigma de sociedad de acogida hasta hace bien poco, introdujo a mediados de los noventa programas de integración para inmigrantes.
Dinamarca, Reino Unido, Francia, Austria y Alemania han seguido a los Países Bajos y han establecido un examen de integración para extranjeros, empujados a menudo por un clima de alarma social en torno a los problemas de convivencia. «Existe una tendencia clara en Europa a entender la integración como una obligación jurídica, en forma de test o de contrato, que muchos gobiernos usan para restringir los canales legales a la inmigración», afirma Sergio Carrera, analista del Center for European Policy Studies (CEPS, con base en Bruselas).
La inmigración se ha convertido en una de las patatas calientes del debate político en Europa, como demuestra la polémica en Francia con la propuesta del gobierno de exigir un test de ADN a los solicitantes de reagrupación familiar, aprobada por el Senado. «Queremos pasar de una inmigración padecida a una elegida», ha declarado François Fillon, primer ministro.
Una encuesta publicada el jueves por el Pew Research Center revela que el 87% de los italianos, el 77% de los españoles, el 75% de los británicos, el 68% de los franceses y el 66% de los alemanes se muestra favorable a «restringir y controlar más la inmigración». Este clima de desconfianza hacia quienes buscan una vida mejor en otro país, unido al recelo frente al islam que han generado los atentados yihadistas de Nueva York, Madrid y Londres, han servido para justificar la extensión de los exámenes de integración -una figura que sólo se aplicaba a los demandantes de nacionalidad- a las solicitudes de permisos de residencia.
«Ciertos acontecimientos dramáticos han sido completamente cruciales para influir en la percepción pública de la inmigración», afirma la Comisión Europea en su tercer informe anual sobre Migraciones e Integración.
Muchos suspensos
El Consejo Europeo abrió la puerta a estos tests en noviembre de 2004, al aprobar en sus «principios básicos comunes» sobre integración que «un conocimiento básico del idioma, la historia y las instituciones de la sociedad de acogida es indispensable para la integración» de los inmigrantes. Pero al tratarse de una materia de competencia nacional, la aplicación y los resultados obtenidos difieren de un país a otro. «Es un recurso fácil y nada eficaz», cree Carrera.
Holanda ha establecido un modelo de examen previo, celebrado en los consulados en el extranjero, que sólo ha aprobado el 35 por ciento de los solicitantes desde su implantación a principios de este año. El test cultural danés, en cambio, es aprobado por el 97 por ciento de los solicitantes. Por su parte, el gobierno de coalición alemán se plantea seguir el modelo de Holanda, mientras que el Ejecutivo laborista británico implantó en noviembre de 2005 un examen sobre el «modo de vida» en el Reino Unido, que no satisface a la oposición conservadora.
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