Natalia Verbeke recibió un premio por la cara. O mejor dicho, por la cara bonita. Y es que la actriz recogió el premio Max Factor al rostro más bello del cine español. Un reconocimiento que «me sube la autoestima», según aseguró. Y precisamente fue de eso de lo que habló la actriz de «El otro lado de la cama» y «Días de fútbol»: de su autoestima, del amor y de sus problemas con la anorexia. Muy pocas personas conocen el calvario que pasó Natalia cuando tan sólo tenía 15 años y pesaba 36 kilos. Ante la atenta mirada de su novio, Gonzalo Miró, hijo de la fallecida Pilar Miró y del que no se separa ni a sol ni a sombra, Natalia habló de su superada anorexia con desgarradora sinceridad. «Lo he pasado muy mal. Sé lo que es, cómo se sufre y sé que llega un momento en que te piensas que no hay salida, pero, evidentemente, sí que la hay. Por ello, no creo que deba quedarme callada. Las personas que hemos pasado por esta enfermedad, y más aún si tenemos alguna relevancia pública, tenemos que dar la cara. Es algo muy doloroso, que se ceba con los más jóvenes», confesó casi emocionada. Natalia relató como desde pequeña sentía pasión por el ballet, pero la férrea disciplina a la que estaba sometida no le permitía comer lo que más le apetecía: dulces. «Soñaba con comerme un donuts, y cuando dejé el baile fue lo primero que hice. Sin embargo, no pude. Devolví la mitad, porque la otra mitad no pude ni tomármela». Ahora, piensa en ayudar a otras personas con el mismo problema, aunque no sabe si le gustaría protagonizar una campaña como la de Nieves Álvarez, también víctima de esta enfermedad. «Es muy delicado, lo tendría que pensar». La actriz anima a las personas que padecen este mal a que se apoyen en sus familias. «Yo tuve la suerte de que mis padres estuvieron a mi lado y eso fue lo que me hizo salir adelante», asegura.Achaca parte de culpa de esta grave enfermedad -«la segunda causa de muerte entre los jóvenes»- a las pasarelas, las publicidades y las tiendas, «donde se falsean las tallas reales y te ofrecen una 38, que en realidad es una 36».
«Se puede vencer, te puedes curar, se puede salir adelante y se sale fortalecida», añade. Ahora, esta argentina, que se siente ciudadana del mundo, no para de cosechar éxitos profesionales y personales. «Gonzalo es el que me dice todas las mañanas lo guapa que estoy. Pasamos todo el tiempo que podemos juntos. Él sigue con sus estudios y yo trabajando, pero intentamos no estar separados más que lo estrictamente necesario». No obstante, de boda ni hablar. «No tengo planes de casarme. Yo me veo aún como si tuviera quince años», dice. En cuanto a la posibilidad de trabajar algún día con su pareja, Natalia puntualiza que Gonzalo aún no ha decidido si quiere ser director de cine, como lo fue su madre. «Él me aconseja, es muy crítico y muy honesto conmigo a la hora de ver mis películas», comenta. Sobre sus proyectos, la actriz señala que ha estado en Los Ángeles haciendo pruebas para películas americanas, aunque, por ahora, son sólo eso, pruebas.


