
POR M. MOREIRA
VALENCIA. A pesar de ser el único español presentado a concurso, la obra «La luna y la muerte» de Miguel Gálvez-Taroncher se impuso en el prestigioso certamen internacional Reina Elisabeth de Bruselas a las más de 165 obras aspirantes. La reina Paola de Bélgica otorgó ayer esta distinción al joven compositor residente de la Jove Orquestra de la Generalitat.
El propio músico describe la pieza como un tema de doce minutos para piano y orquesta sinfónica, «sujeto a variaciones constantes hasta que la forma central se hace casi irreconocible». Inspirada en el poema de Federico García Lorca del mismo nombre, la obra ganadora logró conmover al jurado, compuesto por personalidades de la talla de Arie Van Lysbeth, Fréderic Devreese, Luca Francesconi Hanspeter Kyburz, Frederik Van Rossum y el compositor suizo Michael Jarrell, quien fue maestro de Gálvez en la Hochschule de Viena. El compositor valenciano, que ahora reside en Granada, también ha tenido el privilegio de estudiar con Magnus Lindberg en el centro de electroacústica Ircam de París.
El caso de Gálvez-Taroncher es paradigmático, al igual que otros compositores contemporáneos como Mauricio Sotelo, de cómo el talento español todavía debe traspasar las fronteras españolas para florecer. «Mi formación en Viena con Jarrell fue clave -explicaba ayer a ABC-, porque es una persona excelente y un gran profesor. El aprendizaje teórico es muy importante, pero también tiene que haber algo más, un mensaje personal, y eso no se encuentra tan a menudo».
Aunque se resiste a caer en un discurso derrotista, Gálvez-Taroncher teme que en España se llegará demasiado tarde a los cambios que se están produciendo en la música del siglo XXI. «Entre los finalistas del Gran Premio Reina Elisabeth se podía sentir una nueva forma de entender la música. Todos los concursantes tenían entre 22 y 24 años y estaban muy acostumbrados a la música contemporánea, mientras en España seguimos anclados a conservatorios del siglo XIX. No tenemos centros de nivel universitario para formar compositores. Y es difícil que esto cambie mientras los criterios de selección de profesorado están diseñados de tal forma que los compositores que hemos salido fuera tengamos vetada la docencia por no tener homologados nuestros títulos».
Es una lástima, precisa el compositor, porque en España existe una generación que no puede explotar su don para la música. Además, «en un mundo tan competitivo no puedes esperar a los 25 años, a los 19 tienes que comenzar a formarte profesionalmente».
De cualquier modo, la música contemporánea cuenta en nuestro país con buenos valedores como Cristóbal Halftter, José María Sánchez Verdú, Sotelo o el propio Gálvez-Taroncher.
-¿Une a los compositores españoles un espíritu común?
-Entre nosotros no especialmente, porque la música es un lenguaje universal. A nivel mundial sí se está produciendo un cambio muy importante. Las vanguardias ya han quedado anacrónicas, ahora hay más emoción expresiva, se está volviendo a conectar con el público.
-¿Es la superación del minimalismo y la atonalidad la razón de que se esté recuperando público?
-No, es que ahora tenemos la ventaja de poder utilizar todas las formas del siglo XX, pero también las tradicionales y todas las posibilidades de la música popular. Tenemos la oportunidad de acercar a la gente de nuevo la música culta y que deje de ser un gueto.



