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La biografía de Boix, el fotógrafo de Mauthausen, logra reparar un olvido

Uno de los momentos estelares del proceso de Nuremberg fue la presencia en el estrado de Francisco Boix como testigo. Se trataba del fotógrafó que había podido ocultar fotos sobre el funcionamiento del campo nazi de Mauthausen. Exiliado republicano español en Francia, Boix (1920-1951), ahora biografiado, corrió la suerte de miles de compatriotas deportados por los nazis.

Actualizado 07/04/2002 - 01:08:57
De todas las fotos de Boix, ésta es la más decisiva: en su extremo aparece Kaltenbrunner que acabó en la horca en 1946 S. G.
De todas las fotos de Boix, ésta es la más decisiva: en su extremo aparece Kaltenbrunner que acabó en la horca en 1946 S. G.
BARCELONA. El nombre de Francisco Boix (31-8-1920 a 7-7-1951) hace tiempo que se convirtió en un mito dentro de la actuación de los españoles en la II Guerra Mundial. Su fama se originó con su comparecencia en el estrado de los testigos del Tribunal Internacional de Justicia de Nuremberg. Boix aportó numerosas fotografías de la presencia directa de diversos jerarcas nazis en el campo de Malthausen. Decenas de miles de españoles murieron a consecuencia del conflicto internacional, pese a la neutralidad oficial española en el mismo.
Boix, sus fotos y sus deposiciones sirvieron para enviar a la horca, entre otros, a Kaltenbrunner (1903-1946), sucesor de Heydrich al frente del RSHA, el organismo que coordinaba los diversos servicios de información y represión del III Reich. Fotógrafo de profesión, Boix fue el elemento directivo de un pequeño equipo que trabajaba en el laboratorio fotográfico del famoso campo de concentración, al que fueron a parar la mayoría de los 7.000 deportados republicanos españoles por los alemanes. La mayoría de los cuales falleció a consecuencia de su internamiento. El equipo dirigido por Paco Boix hizo copias de todas las fotos realizadas por encargo de la jefatura del campo, consiguió esconder los clichés y acabada la Guerra reconstruir la apasionante colección.
Instantáneas espeluznantes
Algunas de las instantáneas de Boix han dado la vuelta al mundo y han sido publicadas en numerosas historias y relatos sobre el fenómeno concentracionario: el «musulmán» que ha optado por arrojarse contra la alambrada electrificada del campo y poner fin a sus sufrimientos, la famosa escalera que conducía hasta la cantera de granito y por la que fueron arrojados muchos presos, empujados por sus guardianes. La foto más importante es la que da fe de la visita realizada por Himmler, Kaltenbrunner, y otros jerarcas de las SS al campo. Para Kaltenbrunner la foto supuso la horca.
Pero, hasta la fecha, no existía una biografía del personaje, «Francesc Boix, el fotògraf de Mauthausen», de Benito Bermejo, publicada por La Magrana, ha venido a llenar esta importante laguna. Numerosos testimonios gráficos, del campo, antes del campo y después del campoacompañan el estudio.
Boix tenía unos 20 años cuando cruzó la famosa puerta en la que rezaba la irónica frase «El trabajo os hará libres», el 27 de enero de 1941. Su número de matrícula era el 5.185 y en la foto «oficial» de la ficha de ingreso destaca su aspecto aniñado. Su aspecto sonriente y apacible llegó a seducir a sus guardianes que le permitieron ocupar diversos cargos de los llamados de confianza en el campo, ascenso que culminó con la entrada en el laboratorio fotográfico del lager. Tras la salida del mismo, se estableció en Francia y siguió realizando sus trabajos fotográficos para diversas publicaciones comunistas.
En sus últimos años, al parecer, tuvo el proyecto de escribir sus memorias, que pensó titular «Spaniaker» -el mote despectivo que los guardianes concentracionarios daban a los internados españoles-. El manuscrito pasó de mano en mano, tal vez por demasiadas, y el hecho es que cuando trató de recuperarse, años después, fue imposible.
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