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EL PROFETA SECRETO

Actualizado 07/03/2003 - 08:37:03
PARECE existir acuerdo en el sentido de que el San Jorge bizantino a quien cada dos por tres nos intentan bajar del santoral encarna en la tradición cristiana, como Elías en la hebrea, las funciones que Al Khidr en la islámica. Ananda K. Coomaraswamy expuso magistralmente en uno de su más fascinantes ensayos la importancia de este profeta secreto, iniciador de los santos a quien Ibn Arabi viera caminar sobre las aguas y que fue -de acuerdo con el Corán- el iniciador de Moisés en la Ciencia de la Predestinación.
Es interesante la constatación de cómo la literatura «profana» publicada en España en los Últimos Tiempos (y las mayúsculas no son un error) se detiene con frecuencia inusual en la figura del guardián de los caminos y protector de los sufíes errantes en el desierto. Así, Kurban Said condensa en unas pocas líneas de Alí y Nino el especial perfume de «la noche de Qadir». Jizr nos aguarda en una importante estación de la obra consagrada a Delhi por William Dalrymple, y Sidi Jadr se asoma como actor invitado a La sombra del faraón, de Anthony Sattin. Resaltar, finalmente, que Al Khidr, presentado como la antigua deidad bereber garante de la pervivencia de la antigua tradición en el seno del Islam, es el protagonista de Nacimiento al alba, novela debida a uno de los mejores escritores marroquíes contemporáneos: Driss Chraibi. ¡Signo sin duda de los Tiempos, señal de que han llegado los días en que más ayuda necesitaremos del ángel que sostuvo a Jesús en el Monte de los Olivos y del joven con quien habló Ibn Arabi en La Meca!
El sentido etimológico de Khidr es «El Que Verdece». Tsiamparlis interpreta el de Jorge como «tierra cultivada». En su último libro -La Cábala y la Alquimia en la tradición espiritual de Occidente, encuadernado por Olañeta en estas Navidades- llama Raimon Arola sagazmente la atención sobre el dato de que en el Libro de los Reyes se aluda a Elías como «tisbita, habitante de Galaad». Sus razones tiene: «En hebreo, «tisbita» procede del verbo «shub», que significa volver, retornar, restablecer, reparar»... Significado obviamente gemelo de «reverdecer» y que vuelve a remitirnos a la función de reparación y regeneración de la naturaleza espiritual del hombre caído. No por capricho los gitanos cristianos de los Balcanes se refieren a San Jorge como O Zeleno Gjorgjo («Jorge el Verde») y celebran su fiesta el mismo día que los gitanos musulmanes la de Khidr Elijah. Y, si en este nombre encontramos a dos profetas ayuntados en uno, la geografía reconcilia a los tres en Madaba, ciudad jordana donde se alzan la iglesia de San Jorge, la de Elías y la de los Santos Mártires, conocida esta última como mezquita de Al Khidr.
Sin duda que cabe reconocer asimismo a Al Khidr la tutela de la alquimia, donde tan importante es la figura de Elías Artista. También a Elías Artista dedica Raimon Arola inspiradas páginas en su ensayo, un viaje por los gabinetes alquímicos de lectura imprescindible para cuantos buscadores espirituales navegan con rumbo incierto, extraviados por la pseudoliteratura ocultista y New Age que enfanga las costas. Obelisco acaba, por cierto, de publicar Los alquimistas del siglo XX, una antología compilada por Geneviève Dubois en la que nos topamos por primera vez con una fotografía del maestro de Arola, Louis Cattiaux. También, con una de la fachada de la casa donde vivió José Gifreda, un perseguidor barcelonés de la Obra, que es toda una invitación a abandonar el mundo. Canseliet, Coton-Alvart y otras figuras emergidas del círculo de Fulcanelli, exponentes de un entendimiento de la alquimia más «matracista» -por decirlo así- que el de los discípulos de Cattiaux, pero de gran interés en muchos respectos, desfilan por el índice de este volumen. Lean, pues, que algo queda.
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