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Batuta o karma para Obama

VALENTÍPUIGLAS expectativas generadas por la figura de Obama avalan el estado de gracia de sus primeros cien días hasta ver si su

Actualizado 06/11/2008 - 04:53:54
LAS expectativas generadas por la figura de Obama avalan el estado de gracia de sus primeros cien días hasta ver si su objetivo es adaptar para la segunda década del siglo XXI el nuevo centro-izquierda que esbozó Clinton. Lo otro es que la mayoría demócrata en el Capitolio -aún sin poder de rodillo y cerrojo en el Senado- le lleve aún más a la izquierda, como también puede exigirle su anterior cooperación con el sindicalismo. Esa es una consideración estática y, por tanto, previsiblemente desenfocada, porque a la envergadura de la crisis económica para la familia americana puede añadirse en cualquier momento el factor más imprevisto, sea de catástrofe natural, un atentado, una crisis global o inestabilidades eruptivas. Eso es gobernar, y así gobernó Lincoln, a quien Obama quiso invocar en su discurso -emocional y a la vez tan medido- como vencedor en las elecciones presidenciales.
Casi está de más añadir que la Presidencia de Obama no va a ser exactamente como se supuso en Europa, ni se ubicará dócilmente en el multilateralismo. Tampoco es lo que desea la mayoría de norteamericanos, aunque estén descontentos con la guerra de Irak. Lo que desean es acción política, un gobierno que salga a dar la batalla a modo del Roosevelt que afrontó el «crack» del 29. El equipo económico que se le supone a Obama no proviene de la insensatez, pero tiene que dar la medida de su eficacia con prontitud. Esa es tarea ardua.
Las estimaciones hablan de una sociedad americana compuesta por un 20 por ciento de centro-izquierda, 40 por ciento conservador y 40 por ciento moderado. Fue la tesis de Lind y Halstead en «El centro radical» en 2001. No era un realineamiento, sino un «desalineamiento». Ambos partidos eran presa de sus extremos y ambos partidos parecían anclados en la experiencia política del siglo XX. La crisis de Wall Street desvalijó la campaña de McCain, quien hubiera sido un gran líder para una crisis de seguridad nacional. Su campaña no era un prodigio estratégico, pero lo que realmente falló fue un Partido Republicano sin combustible -escorado a la derecha- y el desprestigio de la Administración de George W. Bush. La derecha republicana descentró a McCain. Se lo puede agradecer al micrófono de Rush Limbaugh.
La poderosa oratoria de Obama logró alzar el vuelo con una combinación cerebral de visión y pragmatismo. El peor enemigo de Obama serán muy probablemente las expectativas desmesuradas que su discurso emocional ha alimentado, y que explican el alto número de jóvenes que se registraron para votar, el voto hispano y el voto negro, aunque el candidato usó con mucha continencia la carta racial. Inicialmente va a intentar consensos, pero le conviene atar corto a las huestes demócratas en el Capitolio. Incluso en la mejor de sus opciones, no es de prever que camine sobre las aguas, como parece suponer una cierta extralimitación del sueño americano. El mapa abunda en luces rojas: Irak, Afganistán, Irán y lo que salga en ese mundo de anarquía y caos exterior que a veces irrumpe en la política interior desplazando metas y alterando cálculos.
Woodrow Wilson desmanteló la vieja Europa después de la Primera Guerra Mundial, Roosevelt intervino decisivamente en la Segunda Guerra, Truman aprobó el orden mundial de la postguerra, Reagan culminó las refriegas de la Guerra Fría. De Obama se espera que encarne una paradoja: liderar un nuevo orden mundial y a la vez asumir su naturaleza no-polar. Para la Unión Europea y la relación trasatlántica puede tener efectos balsámicos, pero también anestésicos. Tanto negar el liderato americano y ahora todo el mundo espera que Obama tome la batuta y centre la estrategia geoeconómica que nos ha de sacar de la recesión. Los «neocon» regresarán a los cuarteles de invierno de los «think tanks» si es que en el nuevo Washington no se pone en boga reinventar el Partido Republicano y prejubilar a los inspiradores intelectuales de la precipitada intervención en Irak tanto como de la entronización improvisada de Sarah Palin. Se espera de Obama una transición presidencial acelerada. Tal vez quiera sentar un precedente en la cumbre económica del día 15, antes de tomar posesión en enero. Todo triunfalismo va a desfavorecerle.
vpuig@abc.es
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