Apenas restan tres semanas para que la plaza de San Pedro sea testigo de la mayor beatificación de la historia de la Iglesia. Un momento único, en el que subirán a los altares de las iglesias particulares, como beatos, 498 mártires de la persecución religiosa acaecida en España durante los años de la II República y la Guerra Civil.
Hombres y mujeres, obispos, sacerdotes, religiosas, seminaristas y laicos, que murieron «por no renunciar a su identidad cristiana», tal y como apuntaba la Conferencia Episcopal en el mensaje emitido cuando se hizo oficial la beatificación. O, como señala el ceremonial de martirio, «por odio a la fe». Su ejemplo es «un signo de esperanza» que «trasciende las oscuridades de la historia y las culpas de los hombres».
Sin representación oficial
Pese a ello, han sido muchas las voces que han acusado a la Iglesia católica de buscar una instrumentalización política de los mártires, tachando de «respuesta a la Ley de Memoria Histórica» la decisión de celebrar, en este momento, tan masiva peregrinación.
De hecho, y como resaltó ayer desde Roma el todavía portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, pese a que «desde hace tiempo» se han cursado invitaciones tanto al presidente del Gobierno como a todos los ministros, «de momento» ningún miembro del Ejecutivo ha confirmado su asistencia.
En el entorno episcopal se consideraría «chocante» que no hubiera representación oficial del Gobierno de España, en una fecha que, curiosamente, coincide con el 25 aniversario de la primera mayoría absoluta del PSOE comandado por Felipe González.
Frente a los que acusan a la Iglesia de «revisionismo histórico», tanto los responsables episcopales como los superiores de las congregaciones religiosas españolas -462 de los 498 mártires son frailes o monjas- hantachado de «miserable y mezquina» la interpretación política del ascenso a los altares de los martirizados a causa de su fe.
Ayer mismo fue el presidente de la Conferencia Española de Religiosos (Confer), el mercedario Alejandro Fernández Barrajón, quien denunció «el intento de politizar y manipular este acontecimiento en aras de lecturas ideológicas interesadas».
Para Barrajón, la vida religiosa en España, a lo largo de su historia, «ha pisado muchos lodazales, ha sentido la presión de los grilletes y el desprecio de los orgullosos». Por ello, «los consagrados españoles nos negamos a leer este acontecimiento martirial en clave ideológica. Queremos leerlo en clave pascual, como invitación a descubrir la vida que se esconde incluso en los surcos sembrados de muerte».
De igual modo, el arzobispo de Valladolid, Braulio Rodríguez, destacó ayer que los mártires «murieron por ser testigos de Jesucristo. No entraron en política». «Los mártires murieron perdonando», recalcó el prelado, quien recordó su ejemplo como «el mejor aliento para fomentar el espíritu de la reconciliación» en España.
Esta misma tesis fue suscrita por el cardenal de Toledo y vicepresidente de la Conferencia Episcopal, Antonio Cañizares, quien en una pastoral dirigida a los fieles de su diócesis recordó que los mártires «trabajaron por la paz» y fueron «capaces de perdonar y morir perdonando. Ellos son memoria viva, garantía de una honda y verdadera reconciliación, que nos marca definitivamente un futuro de paz, solidaridad, amor y unidad inquebrantable entre todos los españoles».
Peregrinos a Roma
Sea como fuere, lo cierto es que la Iglesia española ha apostado con fuerza por ensalzar la memoria de los mártires de la II República y la Guerra Civil como «testigos de Dios y de la humanidad». Así, alrededor de medio centenar de diócesis han organizado peregrinaciones a Roma. Las hay de todo tipo: desde las que únicamente acudirán a la Ciudad Eterna a los actos del fin de semana, a las que, desde mediados de mes, recorrerán en autobús toda Italia, aprovechando para visitar lugares emblemáticos para la fe como Asís o el santuario dedicado al padre Pío de Pietrelcina.
Junto a las diócesis, las congregaciones religiosas también han preparado sus propios viajes a Roma. Javier Valiente es uno de los responsables de la peregrinación organizada por los salesianos, una de las congregaciones con mayor número de mártires elevados a los altares (59). En estos días «estamos teniendo mucho trabajo, fletando vuelos chárter, autobuses y organizando todo lo relativo al viaje».
La peregrinación salesiana ha convocado, a día de hoy, a unos 550 peregrinos. «El ritmo es bueno, y percibimos mucha ilusión entre los que acudirán a Roma», explica Valiente, quien añade que «muchos de los familiares de los mártires estarán presentes en la ceremonia de San Pedro».
Como ya adelantó ABC, la masiva presencia de fieles obligó hace algo más de un mes a la Conferencia Episcopal a solicitar a la Santa Sede un cambio en el lugar de celebración, que en un principio iba a llevarse a cabo en la basílica de San Pablo Extramuros.
Finalmente, y como las previsiones de asistencia superan las 30.000 -a las que habrá que añadir al menos las 50.000 personas que acuden cada domingo al Vaticano-, la Santa Sede accedió a que, de modo excepcional, la masiva beatificación tuviera lugar el 28 de octubre, a las diez de la mañana, en la plaza de San Pedro.
Audiencia con el Papa
La Eucaristía estará presidida por el cardenal José Saraiva Martins, representante del Papa y prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Junto a él, participarán la práctica totalidad de los obispos españoles (hasta la fecha, han confirmado su asistencia 72), así como los superiores generales de las congregaciones religiosas masculinas cuyos miembros serán beatificados.
Aunque Benedicto XVI no participará activamente en la ceremonia, sí se prevé que pueda saludar desde su balcón a los peregrinos al término de la ceremonia de beatificación. Sí se ha confirmado que el Santo Padre recibirá en audiencia a los obispos españoles el lunes.
Como ya se ha reseñado, las peregrinaciones que se han organizado no se ciñen exclusivamente a la ceremonia de beatificación. Tampoco los actos litúrgicos. De este modo, el sábado 27, tendrá lugar una Ceremonia de Acogida, a las seis y media de la tarde, en San Pablo Extramuros, con una Eucaristía que presidirá el cardenal de Sevilla, Carlos Amigo.
A su vez, el lunes 29 de octubre, a las diez de la mañana, la basílica de San Pedro albergará una Misa de Acción de Gracias por los nuevos beatos, presidida por el secretario de Estado, el cardenal salesiano Tarcisio Bertone.



