domingo, 22 de noviembre de 2009
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Más de un cuarto de millón de peregrinos procedentes de 84 países se encuentran en Roma. De ellos destaca la representación española, con 85.000 inscritos
6-10-2002 00:42:04

ROMA. Hoy tiene lugar en Roma la canonización más multitudinaria y más internacional de la historia. Aunque una tercera parte de más del cuarto de millón de peregrinos vienen de España, la asistencia masiva de fieles de 84 países a una canonización no tiene precedentes. Ayer, junto con el aire de fiesta, lo que más llamaba la atención era la internacionalidad de los «amigos de San Josemaría».

Juan Pablo II sorprendió ayer a sus colaboradores prolongando durante más de veinte minutos la audiencia privada a la ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, que preside la delegacion española y recibió ayer en el Vaticano la Gran Cruz de Pío IX. Las audiencias a ministros suelen durar diez minutos, y pocos jefes de Estado consiguen tanto tiempo como la ministra española, quien se manifestó conmovida tras su animada conversación en español con el Pontífice, con quien abordó el poblema del terrorismo, los debates de la Convención Europea y el respeto a la dignidad humana en los programas de investigación científica.

Pero el motivo de su visita era la canonización de Escrivá de Balaguer quien, según Ana Palacio, «se añade a una larga lista de santos fundadores de origen español. De la Obra de Josemaría Escrivá de Balaguer destacaría su difusión en el mundo. El hervidero de hoy en Roma es una muestra clara de cómo su mensaje ha calado, ha conectado con las preocupaciones y la sensibilidad de un momento de la historia del mundo».

Misiones extraordinarias

De hecho, resulta inédito que a la delegación oficial española se unan las de otros catorce Gobiernos que han enviado misiones extraordinarias, presididas por ministros o jefes de Estado como el presidente de Guatemala, quien recibió el pasado mes de julio a Juan Pablo II para la canonización del Hermano Pedro, primer santo canario y guatemalteco. Ana Palacio comentó, divertida, que el rango de la delegación italiana, con el vicepresidente Gianfranco Fini a la cabeza es superior a la española, de la que forman parte también el ministro de Justicia, Jose Maria Michavila; el presidente de la Comunidad de Navarra, Miguel Sanz Sesma; el alcalde de Barbastro, ciudad natal del nuevo santo, y otras personalidades entre las que se incluye la señora Marta Ferrusola.

El embajador de España ante la Santa Sede, Carlos Abella y Ramallo, comentó que «veo Roma como en pocas ocasiones: repleta de peregrinos exultantes y llenos de fe, pues esta canonización mostrará la espiritualidad de cada uno de los fieles. A todas luces no es la canonización de un santo español sino de un santo universal». El embajador ofreció anoche una cena en honor de la Misión Oficial a la que asistieron también los cardenales españoles Rouco Varela, Carles y Álvarez Martínez, junto con altos cargos de la Curia vaticana y el Prelado del Opus Dei, Javier Echevarría.

Todos los caminos llevan a Roma

Mientras tanto, los 85.000 españoles inscritos para la ceremonia de hoy, junto con muchos otros que han venido por su cuenta y elevarán el número hasta unos cien mil, demostraban que todos los caminos y todos los procedimientos llevan a Roma, pues han venido en barcos, autobuses, trenes, aviones de línea y aviones «charter» entre los 620 vuelos especiales que han puesto a prueba Fiumicino y Ciampino. Los jóvenes demostraban también que se pueden llevar banderas españolas a modo de capa y de pañuelo, de bufanda o de cinturón, de chal o de adorno del bolso. Lo importante es reconocerse por países o regiones como en las Jornada Mundial de la Juventud.

El comandante Villalobos, en Roma

Muchos otros peregrinos, en cambio, evitaban el bullicio puesto que, por edad, no están para muchos trotes. Don Quirino Glorioso, el parroco filipino que bate el récord de edad entre los inscritos, manifestó a su llegada que «Josemaría, a los cien años de su nacimiento, es ya santo. Pero yo, con noventa y nueve, todavía ando por aquí». Frente a la basílica de San Eugenio, donde se veneraban las reliquias, las personas en sillas de ruedas y las familias con niños en carrito tenían un trato especial para evitar las colas. Entre los centenares de fieles que participaran en la ceremonia desde su silla de ruedas se cuenta el Comandante Villalobos, que perdió las piernas en un atentado de ETA hace diez años, y ha venido acompañado de su mujer junto con otro matrimonio.

Entre el cuarto de millón de peregrinos de 84 países, los casos «únicos» se cuentan por millares, pero el más inesperado se presentará el lunes en la audiencia general que el Papa concede al día siguiente a la ceremonia y que cuenta ya con 180.000 participantes inscritos. El Vaticano confirmó la presencia del patriarca de la Iglesia ortodoxa de Rumanía, Teoctist, a quien el Santo Padre presentará a los peregrinos para concluir juntos el encuentro.

Roto el «muro de la ortodoxia»

Invitando a Juan Pablo II a visitar Rumanía en 1999, Teoctist abrió la grieta que ha roto el «muro de la ortodoxia» al cabo de casi mil años desde el cisma de 1054, y ha permitido al Papa realizar sucesivos viajes históricos a Grecia, Ucrania y Bulgaria para ayudar a recomponer la unidad de los cristianos.

El hecho de que el jefe de una Iglesia ortodoxa acuda a una audiencia general con el Papa no tiene precedentes, pero es todavía más significativo que se sume a celebrar la canonización de un santo que pidió a la Santa Sede ya en los años cuarenta el permiso para admitir a los no católicos y a los no cristianos como miembros Cooperadores del Opus Dei.

El cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, subrayó que entre los motivos por los que la Iglesia propone a Escrivá como ejemplo «figura, ante todo, su singular apertura de mente y de corazón, que le llevaba a reconocer el valor de cada persona y, por lo tanto, a promover la especifidad de cada institución de la Iglesia y a defender la inviolable libertad de cada uno. Pero el nuevo santo fue, además, un gran promotor de unidad eclesial. Demostró con el ejemplo que la diversidad de carismas no significa oposición. Que las diferencias no deben generar enfrentamientos». Esa apertura explica que muchos miembros de movimientos y nuevas comunidades apostólicas acudan, con entusiasmo, a la ceremonia de hoy como a la canonización de un amigo, de alguien que, librando su batalla por la revalorización de los laicos, ayudó a abrir el camino del Concilio y la consiguente primavera de nuevos carismas.

El veterano vaticanista de «Il Messagero», Orazio Petrosillo, uno de los más respetados en Roma, sostenía ayer que «entre los tres últimos grandes santos -que exceden los instrumentos de medida como Padre Pío en el terreno de la mística y la Madre Teresa en el de la caridad-, el fundador del Opus Dei es, sin duda, el que más ha influido en la Iglesia: sobre su modo de ser, sobre el renovado papel de los laicos y sobre su relación con las realidades temporales».

Pista para el «doctorado»

Aventurándose, Petrosillo asegura «después de la «licenciatura» de la canonización, Escrivá entrará pronto en pista para el «doctorado». San Josemaría podría ser el trigésimo cuarto doctor de la Iglesia: el doctor del laicado, del trabajo y de la relación Iglesia-mundo».

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