El epicentro de la alegría de Europa se localizaba ayer en la Plaza de España de Roma, donde una continua riada de chicos y chicas cantaba, bailaba y se hacía fotos frente a la escalinata de la Trinitá dei Monti. El guardia civil de servicio en la puerta de la Embajada ante la Santa Sede, veterano de cuatro misiones difíciles en el extranjero, confesaba, emocionado, que «nunca he visto nada igual. Tanta gente que canta en cuanto ven la bandera de la Embajada. En un par de horas hemos oído ya 15 veces el ¡Que viva España!». En la escalinata más famosa de Roma, una docena de sevillanas se hacen fotos con una bandera con silueta de toro. «Hemos venido -explican- en autobús, que era lo más barato. ¡Esto es estupendo! Incluso aunque estamos viviendo en Fiuggi, que está a cien kilómetros de aquí». Los bilbaínos de los colegios Munabe y Gaztelueta han tenido más suerte: se han instalado en campings y en el depósito de autobuses urbanos. Ignacio es un entusiasta del ABC, pero el más orgulloso es Joseba porque «ayer estuve a un metro del Papa en San Pedro. Era «casualmente» la misa de las vísperas de Santa Brígida, y yo «casualmente» esperé 45 minutos en el lugar justo».



