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?Desde el 11-S EE.UU. ha gastado 500.000 millones de d?lares en modernizar su red de esp?as?

J. M. Nieves

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Jos? Luis Orihuela

?El fulgurante ?xito de la red social Pinterest marca otro hito en la creciente simplificaci?n de la publicaci?n en l?nea?

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Sin un plan conocido

JOSÉ ANTONIO DE ORYEspaña tiene una de las mayores concentraciones de arquitectos de prestigio del mundo, algunas de las mejores publicaciones de arquitectura, leídas por todas partes, y unas cuantas

Actualizado 06/09/2009 - 02:57:17
JOSÉ ANTONIO DE ORY
España tiene una de las mayores concentraciones de arquitectos de prestigio del mundo, algunas de las mejores publicaciones de arquitectura, leídas por todas partes, y unas cuantas Escuelas de primera categoría. Nuestra arquitectura es a tal punto un referente internacional que hace poco el MOMA le concedió el raro privilegio de una exposición individual, «On Site: New Architecture in Spain».
Parece mentira, pero esos nombres que tanto prestigio dan a la arquitectura española y de cuyos proyectos están llenas las revistas apenas han tenido que ver con el desmesurado e irracional «boom» del ladrillo que en estos años ha multiplicado nuestro territorio construido.
No son esos arquitectos quienes están construyendo nuestras ciudades.
Ni, mucho menos, quienes las están pensando. Si es que alguien lo hace y no están creciendo, salvo excepciones, al desgaire, a golpe de pelotazo y coge-el-dinero-y-corre. En España la arquitectura de prestigio es en su gran mayoría pública y se queda en proyectos, a veces encomiables, de vivienda social firmados por arquitectos con oficio o, sobre todo, en equipamientos fastuosos -estadios, auditorios, museos de arte contemporáneo, centros de arte,
bibliotecas...- que proliferan por todas partes, promovidos a menudo por el afán, a veces hasta paleto, de ayuntamientos y comunidades autónomas por estar a la última y tener en sus territorios artefactos arquitectónicos llamativos o la firma de algún galáctico de la arquitectura internacional.
Pero no son unos cuantos proyectos ocasionales de protección social o algunos edificios emblemáticos, más o menos necesarios, los que construyen las ciudades. Unos y otros son apenas un añadido, parte de un decorado que apenas esconde que lo demás, cientos de miles de viviendas, nada menos, no sabemos qué proponen, qué aportan, a qué responden. Pequeños lujos arquitectónicos que poco añaden al desastre general.
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