
El montañero español, Juanito Oiarzábal, que ha escalado 16 picos de más de 8000 metros de altura, perderá ocho dedos de los pies, debido a la congelación que sufría en ellos. Sin embargo, a pesar de ello, afirmó que tiene intención de seguir escalando.
"Me van a desaparecer prácticamente todos los dedos de ambos pies, excepto los gordos". Así lo explicó el mismo Oiarzábal en su página web, en la que también afirma que ya se ha "hecho a la idea, lo tengo asumido. He hablado con otros alpinistas, han venido incluso a verme algunos con amputaciones y sí que voy a quedar bien y que voy a seguir escalando".
La amputación se debe a las dolencias sufridas tras el descenso de la escalada al K-2, el segundo pico más alto del mundo, de 8.611 metros, que se sitúa entre Pakistán y China. Esta expedición la realizaron un grupo de nueve escaladores españoles e italoanos que intentaban conmemorar el 50 aniversario de la llegada a la cumbre de dicha montaña.
Con respecto a este ascenso, afrmó que fue una de las experiencias más peligrosas de su vida, en la que llegó a temer por su vida, por lo que instó a sus acompañantes a abandonar la subida, algo que no hicieron.
Posteriormente, en el descenso, según dijo el propio Oiarzábal, se perdió del grupo y sufrió un principio de edema pulmonar, perdiendo la visión. Finalmente, aseguró haber pagado un precio muy alto, aunque dijo consolarse porque le pasó haciendo lo que le gusta.
"Me van a desaparecer prácticamente todos los dedos de ambos pies, excepto los gordos". Así lo explicó el mismo Oiarzábal en su página web, en la que también afirma que ya se ha "hecho a la idea, lo tengo asumido. He hablado con otros alpinistas, han venido incluso a verme algunos con amputaciones y sí que voy a quedar bien y que voy a seguir escalando".
La amputación se debe a las dolencias sufridas tras el descenso de la escalada al K-2, el segundo pico más alto del mundo, de 8.611 metros, que se sitúa entre Pakistán y China. Esta expedición la realizaron un grupo de nueve escaladores españoles e italoanos que intentaban conmemorar el 50 aniversario de la llegada a la cumbre de dicha montaña.
Con respecto a este ascenso, afrmó que fue una de las experiencias más peligrosas de su vida, en la que llegó a temer por su vida, por lo que instó a sus acompañantes a abandonar la subida, algo que no hicieron.
Posteriormente, en el descenso, según dijo el propio Oiarzábal, se perdió del grupo y sufrió un principio de edema pulmonar, perdiendo la visión. Finalmente, aseguró haber pagado un precio muy alto, aunque dijo consolarse porque le pasó haciendo lo que le gusta.



