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Millonarios rusos Nuevos ricos a lo grande

Los millonarios rusos -apenas el 10 por ciento de la población- controlan el 90 por ciento de los recursos del país. Son los nuevos ricos más extravagantes del mundo. Gastan el dinero con ostentación

Actualizado 06/05/2007 - 09:29:40
Los millonarios rusos -apenas el 10 por ciento de la población- controlan el 90 por ciento de los recursos del país. Son los nuevos ricos más extravagantes del mundo. Gastan el dinero con ostentación, asocian la opulencia con el derroche y no pueden olvidar que el dinero que se gana con facilidad se va con idéntica facilidad.
Moscú es la ciudad más cara del globo y una de las que tienen mayor concentración de supermillonarios. Los concesionarios de Rolls Royce, Lamborghini, Ferrari, Bugatti, Aston Martin o Porsche hacen su agosto desde que comenzó el «boom» de los petrodólares. No importa que el asfaltado de las calles deje mucho que desear. Gastan su dinero en inmuebles y bienes raíces, no sólo en Rusia, sino también en Francia, España, Reino Unido, EE.UU., Italia, Croacia, República Checa, Chipre y los emiratos del Golfo. Aunque es Londres la ciudad que acapara mayor número de inversiones inmobiliarias rusas. Y como gentes de postín que son, compran joyas, obras de arte,antigüedades, yates y vehículos de lujo.
Lo especial de los magnates rusos es que lo que compran debe ser rebuscado y sorprendente. Tienen que dejar boquiabiertos a sus amigos. Sus regalos han de ser espectaculares. Cuanto más caro y grande, mejor.
Román Abramóvich, el hombre más rico de Rusia por tercer año consecutivo, según la revista Forbes, se ha hecho construir un velero de 200 metros de eslora. El mayor del mundo. Abramóvich, cuya fortuna personal (casi 14.000 millones de euros) procede del petróleo y del acero, es además dueño del Chelsea club de fútbol. Y por orden del presidente Putin, tiene el cargo de gobernador de la remota región de Chukotka, situada frente a Alaska. Aunque su mayor excentricidad es querer volar a la Luna. Ha ofrecido a Roskosmos, la agencia espacial rusa, 220 millones de euros por el viaje.
Para ayudar a estos cresos de la estepa a deshacerse de sus inmensas fortunas, cada año se organiza en Moscú la «feria de los millonarios», donde se puede comprar desde un móvil recamado de diamantes hasta un helicóptero o una isla en el Pacífico. La última de estas ferias para ricos se celebró en noviembre en el Crocus City Mall, inmenso centro comercial de Moscú. El consorcio de empresas que participó ganó en sólo tres días más de 600 millones de euros en ventas.
Los artículos que más sensación causaron fueron los mini submarinos, al precio de 16 millones de euros la unidad, y los potros pura sangre turkmenos, que se situaron en torno al millón de euroscada uno. Había camas de matrimonio de 80.000 euros, móviles suizos de oro y brillantes de un millón de euros y helicópteros que oscilaban entre los 500.000 y los dos millones de euros.
Anna Shelgunova, responsable del departamento comercial de «Aviamarket», afirma haber vendido en Rusia en los últimos dos años 82 helicópteros de lujo. Y puntualiza: «Habríamos despachado muchos más si no hubiese sido porque está prohibido sobrevolar el espacio aéreo de Moscú». Nadia Verjóvtseva, una profesora de la Universidad de Moscú que pasó por esa feria para curiosear, sentencia: «La mayoría de los ricos rusos carece de gusto. Son poco sofisticados y no saben qué hacer con todo el dinero que tienen».
Un magnate con imaginación a la hora de dilapidar su patrimonio es Mijaíl Prójorov, dueño de «Norilski Nikel», la factoría de níquel y paladio más importante del planeta. Su fortuna asciende a 10.000 millones de euros, la quinta de Rusia y la 38 a escala mundial. A Prójorov lo que le gusta es organizar juergas en la estación de esquí francesa de Courchevel con prostitutas de lujo traídas desde Moscú. Cada temporada, Prójorov, soltero y con 41 años, se traslada al balneario galo acompañado de un enorme séquito de amigos, músicos y bellísimas jóvenes, de las que compaginan la pasarela con el club nocturno. Él mismo confecciona las listas de invitados y paga por adelantado las habitaciones de un hotel al completo, se ocupen después o no.
En sus fiestas corre a raudales el champán y el caviar. Y su costumbre de ofrecer a sus amigos franceses espigadas chicas rusas de vida alegre le valió ser detenido por la Policía gala por sospechas de proxenetismo y corrupción de menores. Al final, fue puesto en libertad sin cargos y pudo regresar a Moscú.
Pasión por el riesgo y el lujo
Serguéi Kniázev, un antiguo psicólogo que se dedica a organizar juergas para millonarios, explica así las preferencias de sus clientes: «Los rusos somos apasionados, nos gusta la emoción, el riesgo, lo desconocido y, sobre todo, el lujo. Ya la alta sociedad rusa de la segunda mitad del siglo XIX viajaba por Europa, gastando su dinero en los mejores establecimientos de entonces: casinos, hoteles, balnearios...».
La idea desarrollada en la película «The Game» (El Juego), de David Fincher, ya se le ocurrió a Kniázev mucho antes de que se estrenase la cinta. «Uno de los juegos más antiguos de mi repertorio, y que aún hoy continúa teniendo éxito, es el de hacerse pasar por mendigo», nos cuenta. Sus acaudalados clientes se visten con harapos y se pintan la cochambre con maquillaje. Y de esa guisa recorren la ciudad pidiendo limosna. Para un mayor realismo, están prohibidos los móviles y las tarjetas de crédito. Aunque «los participantes están bajo continua vigilancia y, en caso de contratiempo, serían rescatados y puestos a salvo».
Otro juego que, según Kniázev, tiene mucha aceptación entre las esposas de grandes magnates, cuyos nombres se niega categóricamente a revelar, es el de hacerse pasar por prostitutas. «Tras vestirse con una diminuta minifalda, un generoso escote y zapatos de tacón alto, nuestras heroínas acuden a las habituales esquinas de Moscú para ofrecerse a los viandantes», explica. El truco consiste en pedir a los potenciales clientes cantidades exorbitantes. Y si a pesar de todo, alguien acepta el trato, se escenifica una redada con policías falsos, y se da por terminado el juego.
Kniázev cuenta que ciertos personajes del ámbito empresarial ruso le propusieron organizar un juego en el que pudieran hacerse pasar por asistentes de una consulta ginecológica. «Lógicamente me negué, y no sólo porque es prácticamente imposible encontrar a un ginecólogo que se preste a colaborar en algo así, sino por motivaciones éticas». El célebre animador ruso afirma que las actividades que con más frecuencia organiza para la élite son «bailes de disfraces en edificios históricos, safaris y conciertos con estrellas mundiales del pop en los que el maestro de ceremonias suele ser algún actor o actriz de Hollywood».
Por amenizar las fiestas privadas de magnates rusos figuras mundiales del espectáculo reciben cantidades de ensueño. El cantante británico George Michael se embolsó por una actuación de menos de una hora 2,2 millones de euros. Fue la pasada noche fin de año en la fiesta organizada por Vladímir Potanin, propietario del consorcio «Interros», quien figura en el cuarto puesto de la lista de Forbes de hacendados rusos.
Suleimán Kerímov, diputado y dueño de la empresa «Nafta-Moskvá», el segundo hombre más rico de Rusia, invitó a Cristina Aguilera y a Shakira a su fiesta de cumpleaños. Cada una recibió740.000 euros por 45 minutos de actuación. Kerímov, famoso por sus excesos y escándalos en la Costa Azul francesa, acumula una riqueza de 10.600 millones de euros.
Entre los asiduos de la «tusovka» (movida) moscovita, previo pago de no menos de un millón de dólares, se encuentran Kylie Minogue, la ex «Spice Girl» Geri Hallywell, la soprano Sarah Brightman, Jennifer López, Robin Williams, Beyoncé, Britney Spears, Natalia Imbruglia, Pierce Brosman, Christopher Lambert y Bruce Willis.
Y es que Rusia es el segundo país del mundo, tras EE.UU., con más millonarios cuya fortuna tiene más de nueve ceros. Se calcula que hay, además, cerca de un millón de personas, sobre una población de 134 millones, con más de un millón de euros en la cuenta bancaria y unas 20.000 con patrimonios por encima de los cien millones. Eso sí, entre tanto millonario, resulta que el 60 por ciento de los rusos sobrevive con ingresos inferiores a los 250 euros al mes. País de contrastes.
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