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La mortalidad de ancianos por la ola de calor de 2003 se elevó en 6.500 pesonas

El trabajo del Instituto de Salud Carlos III, que sólo compara los tres meses de verano de 2003, advierte que los datos deben interpretarse con «precaución»

Actualizado 06/05/2004 - 13:57:10

Las temperaturas del pasado verano, el más caluroso de los últimos 500 años en el continente europeo, pudo tener peores consecuencias en España para los mayores de 65 años, el grupo de edad más sensible al calor. Ayer se conoció un estudio del Instituto de Salud Carlos III que revela un exceso de mortalidad de 6.500 fallecimientos por encima de lo previsible, desde el 1 de junio al 31 de agosto de 2003. El estudio sólo compara las defunciones ocurridas durante el verano con series históricas de fallecimientos de los últimos diez años, aunque la tasa de mortalidad se suele medir a lo largo de un año. Estos datos anuales se conocerán con el próximo informe del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Disparidad entre calor y muerte

El informe oficial sobre el «Potencial impacto sanitario de la ola de calor y la evolución reciente de la mortalidad general y por causas en España» relaciona 141 fallecimientos con la subida de temperaturas registrada el pasado verano. Este informe se elaboró con los datos facilitados por los servicios de Salud de las Comunidades Autónomas. En concreto, se declararon 59 defunciones por «golpe de calor» y 82 a causa de un agravamiento de enfermos con patologías previas.

Un dato que contradice las conclusiones del estudio del Instituto de Salud Carlos III es que en el informe oficial no establece una coincidencia entre los mayores incrementos de la mortalidad y las temperaturas máximas alcanzadas. Y esta afirmación se ilustra con ejemplos. Así, mientras Córdoba registraba una máxima de 46,2 grados centígrados que causó un incremento del 14,49 por ciento en la tasa de mortalidad, en Orense, con un máxima de 42 grados, las defunciones cayeron un 12 por ciento. Otro caso llamativo es la relación del índice de intensidad de calor de León y Segovia. Con índices iguales, la primera registró un aumento del 9,69 por ciento y la segunda disminuyó un 4,58 por ciento.

Según los datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística, durante el año 2003 se registró una disminución de la mortalidad respecto a 2002, desde enero a mayo, y un incremento durante los meses de junio (618), julio (1.882) y agosto (4.230).

El estudio oficial concluye que «los fallecimientos durante el mes de agosto de 2003 en España se han debido a las mismas causas que los meses anteriores sin que haya un patrón significativamente distinto que haga sospechar un aumento de causas de muerte prematura o sanitariamente evitable explicativo de esas defunciones».

El estudio del Instituto de Salud Carlos III, que valora el impacto de la ola de calor sobre la mortalidad, se ha incluido en el último informe que la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas) publica sobre la influencia del género, las condiciones sociales y ambientales en la salud de la población.

El estudio detalla que hubo tres ondas de mortalidad importantes: del 10 al 29 de junio, del 8 al 14 de julio, y la más larga, del 31 de julio al 20 de agosto, en la que en un sólo día se registraron 609 defunciones. En la mayoría de las ciudades estudiadas se pudo ver que los incrementos de las temperaturas precedieron a las defunciones en 1 ó 2 días. Las ciudades costeras como Barcelona, Alicante y Gerona, así como Madrid y Sevilla fueron las que más sufrieron la ola de calor con una onda intensa en agosto.

Datos «orientativos»

Los investigadores del Instituto de Salud Carlos III realizaron este análisis tras comparar el número de defunciones ocurridas durante el verano con series históricas de fallecimientos de los últimos diez años. Los datos de mortalidad se obtuvieron de los registros civiles de las cincuenta capitales de provincia y una muestra de 107 municipios del área rural.

Los autores el estudio advierten que estos resultados han de interpretarse «con precaución» y considerarse como datos «orientativos» para tomar medidas. No hacen comparaciones con los efectos de la ola de calor en Francia, y concluyen que es necesario crear un sistema de alerta y control de riesgos naturales para evitar situaciones similares. En sus conclusiones, también reflexionan sobre la necesidad de fortalecer la capacidad de respuesta de los servicios sociales y sanitarios.
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