Madrid

null

Hemeroteca > 06/02/2004 > 

Los juzgados madrileños reciben más de 150.000 denuncias por «mobbing» al año

Desde hoy y hasta el domingo se desarrolla en Madrid el VI Encuentro Nacional de Personas Afectadas por el Maltrato Psicológico en el Trabajo

Actualizado 06/02/2004 - 03:00:03
MADRID. «Ya no soy persona. Me siento un pelele. No duermo, ni como. Me quedé en 44 kilos. Estoy con antidepresivos y con tranquilizantes y tengo el tiroides hecho polvo. No consigo ser madre porque cuando me quedo embarazada, aborto». Sara, que es nombre supuesto porque su caso está recurrido ante el Tribunal Supremo, es una de esos 350.000 trabajadores madrileños víctimas del «mobbing».
Hemos elegido un lugar tranquilo, sin ruidos ni mirones, para que Sara nos cuente tranquilamente su caso. Ni el sosiego puede evitar que esta mujer - joven, bella y brillante-, rompa a llorar en cuanto recuerda su vía crucis en una empresa madrileña. Tartamudea, fuma y se frota las manos intentando ocultar el sudor. Ella no era así hace unos años. Ahora está destrozada y metida en ese pozo oscuro y sin fondo del que hablan todos los que sufren acoso y derribo en la oficina. Notamos que, pese a todo, se siente con fuerzas para luchar contra los que la colocaron ante el precipicio. «¡Y eso que algunos fueron a mi boda!», exclama.
Estamos ante un mal que se extiende, silencioso pero implacable, por toda la geografía española. Los expertos calculan que en nuestro país hay 2,3 millones de afectados por «mobbing», algo así como el 16 por ciento de la población activa.
Maltrato psicológico
¿Psicoterror laboral?, ¿persecución psicológica?, ¿epidemia de estrés? ¿hostigamiento laboral? ... Abogados y psicólogos utilizan estos términos para describir el maltrato psicológico que se da en todos los ámbitos-empresas públicas, privadas, fundaciones, organizaciones sindicales e, incluso, ONG- «porque no depende de los centros de trabajo, sino de las personas», comenta Manuel Hernández, miembro fundador de la Plataforma de Madrid contra el Acoso Laboral, entidad que, a partir de hoy, celebra en Madrid el VI Encuentro Nacional de asociaciones, foros y plataformas de personas afectadas por el «mobbing».
Más popular es la definición que da al «mobbing» Cristobal Molina, catedrático de Derecho Laboral de la Universidad de Jaén. Él lo llama «putear».
Pero volvamos con Sara. «Tuve una baja por depresión y cuando volví mi puesto estaba ocupado por un familiar del gerente de la empresa. Me invitaron a que me fuera pero como no quise empezaron a torcerse las cosas. Me pusieron cara a la pared cuando yo estaba todo el tiempo atendiendo a clientes y proveedores de aquel centro de ventas. Me trasladaron a otro centro, más lejos de mi hogar, para dificultarme las cosas. Ahí ya no hacía nada. Desde abril de 2000 me quitan de la nómina una serie de pluses que cobraba. Tampoco me pagaban las dietas estipuladas e, incluso, me empezaron a abonar mi sueldo en efectivo. Pedí una inspección de trabajo y el inspector me dijo que mientras no me pagaran en la calle yo no tenía derecho a quejarme».
Como una apestada
Sara nunca denunció por «mobbing» pero la echaron. Lo que pretendía era reclamar las cantidades no percibidas. Ganó el pleito porque se declaró despido nulo y tuvieron que readmitirla. Ahí empezó lo peor. Los jefes la insultaban y la decían que era como un mendigo, pidiendo trabajo. En los compañeros tampoco encontró mucho alivio. Más bien al contrario. Se apartaban de ella como de una apestada por miedo a verse ellos en el mismo calvario.
En realidad, el «mobbing» se alimenta de chillidos, humillaciones, órdenes de aislamiento, envidia y mediocridad por parte de quienes lo ejercen. Según los expertos, el acosador es alquien maquiavélico y un narcisista peligroso; un acomplejado que proyecta sus limitaciones hacia los demás, en especial, aquellas personas con profesionalidad, valía, competentes y extrovertidas, a las que acaban machacando con la ayuda de los «trepas» de turno.
Aislados y desconsiderados
Las víctimas del acoso laboral están sometidas a acusaciones e insinuaciones sin motivo y sin posibilidad de defenderse o expresarse. Están aislados del resto de los compañeros, privados de información y sin comunicación. Padecen la desconsideración o la invalidación de su trabajo. Sufren el distorsionamiento y la tergiversación de todas sus actividades.Además, se desacredita su rendimiento, algo que dificulta el ejercicio de sus funciones, oculta sus logros y éxitos, exagera y difunde fuera de contexto todos sus fallos.
Todo ello da lugar a un cóctel por el que el acosado experimenta una constante presión estresante que favorece las alteraciones depresivas, psicosomáticas y actos de huída que pueden llevar desde la renuncia al puesto de trabajo hasta el suicidio.
Los datos aportados por la Asociación de Abogados Laboralistas no pueden ser más alarmantes: el 60 por ciento de los casos de acoso psicológico en el trabajo se dan en la Comunidad de Madrid. Lo cierto es que, en 2002, los juzgados madrileños recibieron un total de 150.000 denuncias por «mobbing», la cifra más alta de toda España. El 54 por ciento de esas 150.000 denuncias correspondían a mujeres.
Y es que las mujeres parecen ser el colectivo más vulnerable. Si se trata de féminas solas o viudas, con cargas familiares, el panorama empeora. Se pone más crudo para ellas. A veces, el acoso empieza por ser sexual. Si la mujer no «traga» el acosador pasa a la humillación y al descrédito.
Daño moral indemnizable
Según el Estudio Cisneros II (2002), de la Universidad de Alcalá de Henares, en España más del 15 por ciento de los trabajadores en activo son víctimas del «mobbing». El mismo informe advierte que uno de cada tres trabajadores en activo manifiesta haber sufrido maltrato psicológico en su vida laboral con una frecuencia semanal. Además, el 77 por ciento de los afectados señala un apoyo «bastante escaso o nulo» por parte de sus compañeros.
El acoso laboral constituye, en definitiva, un serio problema de salud laboral. Ningún sector está exento. Hasta el momento, no hay datos concretos del coste que supone al Estadoel elevado número de bajas por este fenómeno, como tampoco lo hay sobre el gasto en medicamentos y tratamientos para aminorar los efectos del «mobbing».
Los expertos calculan que el gasto social generado en Madrid por el acoso laboral «nunca sería inferior a varias decenas de millones de euros al año», pero añaden que existen varias sentencias condenatorias que han reconocido a este síndrome el carácter de accidente laboral y, por lo tanto, constituye un daño moral indemnizable.
Tirón de orejas desde Europa
La precariedad laboral, que también se da en la región madrileña, condena a muchos asalariados a una vida inestable y con escasas perspectivas de futuro. Las claves: temporalidad, bajos salarios, contratos «basura» y rotación laboral. Todas ellas, juntas, han obligado a la OCDE a lanzarnos una llamada de alerta, un auténtico tirón de orejas para que las autoridades laborales y sanitarias pongan freno a la situación que no para de crecer en España.
Según la última Encuesta sobre Trabajo, elaborada por Eurostat (oficina europea de estadística), el 31 por ciento de los asalariados españoles tienen contratos temporales frente al 13 por ciento del resto de los países de la Unión Europea (UE). El 50 por ciento de dichos contratos temporales pertenecen a jóvenes de menos de 30 años.
Por desgracia, en nuestra legislación laboral no está contemplado, directamente, el acoso moral en el trabajo como práctica prohibida. Tampoco existen instrumentos legales verdaderamente eficaces para combatirlo. Al decir de las víctimas, algunos jueces de Madrid tienden a juzgar al acosado en lugar de al acosador.
Como mucho, para condenar el maltrato psicológico en el trabajo habría que echar mano del artículo 14 de la Constitución o del 173 del Código Penal en los que se habla de un atentado «contra la dignidad humana». La interpretación de la frasey la pena a que de lugar su vulneración corresponde a los jueces porque, insistimos, el «mobbing» no está tipificado explícitamente como delito.
Se impone, por lo tanto, la necesidad de modificar los distintos instrumentos legales: Estatuto de los Trabajadores, Ley de Procedimiento Laboral, Ley de Prevención de Riesgos Laborales y Ley de Medidas de la Reforma de la Función Pública, entre otras. Pero, mientras tanto, los juristas no encuentran ningún impedimento en ir adoptando, con carácter urgente, cierto tipo de medidas en el ámbito específico de la Comunidad de Madrid en lo relativo a la seguridad y salud en el trabajo, de las que carece en la actualidad.
Propuesta para Madrid
Se propone, para ir abriendo boca, la constitución de una comisión de trabajo en el Instituto Regional de Seguridad y Salud en el Trabajo que permita estudiar el problema del «mobbing» en la región e introducirlo, a todos los efectos, en la práctica de la prevención de riesgos laborales para posibilitar así el control y la desaparición de este problema en los centros de trabajo.
Mientras todo eso llega, nuestra amiga Sara seguirá esperando una sentencia favorable del Tribunal Supremo.
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.