Otro año han vuelto los Reyes Magos. Es uno de los muchos milagros de la Navidad que de nuevo se ha marchado a dormir al fondo del calendario que acabamos de estrenar. Desde luego, es algo que se agradece, sobre todo si tenemos en cuenta que vienen de Oriente Medio y que por allí las cosas no están precisamente como para pensar en si fulanito ha pedido la guitarra de los Lunnis o si benganita quiere un baby Van Gogh.
Es lógico, por lo tanto, que debido a lo inestable de su entorno natural, lo complicado de algunos pedidos y lo avanzado de su edad, Sus Majestades, tengan de vez en cuando, despistes sonados. Lo malo es que ahora que el pescado de los regalos mágicos ya está vendido, llega lo más complicado: reclamar. Que se sepa, este es un servicio que la Casa Real de Oriente tiene una pizca desatendido, así que es a nosotros, pobres mortales, a los que nos cargan con la tarea de buscarnos la vida para ver cómo arreglamos sus desaguisados.
En algunos casos no hay problema, total, no hace falta ser muy mago para comprar las pilas de la heladera de la nena que se les han olvidado. Más difícil resulta conseguir que alguien nos cambie la bufanda beige que nos han dejado por un pedrusco como los de la baronesa Thyssen que es en realidad lo que habíamos pedido, pero bueno... en estos casos siempre podemos consolarnos viendo cómo Los Reyes también se han armado un pequeño lío con los regalos de otros. Por ejemplo, en el Congreso de los Diputados, en vez del Scatergory que había pedido Manuel Marín para alegrar los plenos, les han dejado en los Sebago un plan Ibarretxe bastante puñetero. Cierto que también va a mantener a sus señorías entretenidas una temporadita, pero no es lo mismo. La culpa, para mí, más que de los Reyes, es del que permitió que fuera el portavoz del PNV el que redactara la carta, pero, en fin... veremos si consiguen devolverlo.
Tampoco está de suerte la sanidad pública que se ha encontrado con que en vez de la reducción de las listas de espera que lleva pidiendo varios años, le han vuelto a regalar una gripe tamaño king size que le está dejando las urgencias como unos zorros, o como los bolsillos de los comerciantes de Tres Cantos, que también andan calentitos porque Los Magos se han vuelto a olvidar del dispositivo anti vándalos que les ahorraría disgustos y factura de cristalero, entre otras gracias. Lo peor es que a los vándalos en cuestión sí les han debido de dejar un kit nuevo de gamberrismo, porque siguen haciendo de las suyas. Para que luego digan que los buenos tienen ventaja a la hora de pedir.
Y luego estamos los consumidores en general, que no sabemos cómo deshacernos de las subidas de la luz y el transporte que nos han colocado en lugar de la desintegracióndel Ministerio de Hacienda que habíamos pedido con gran ilusión.
Pero no todo han sido reales meteduras de pata; a los madrileños nos han dejado la primera piedra del Metronorte y un descenso del paro bastante considerable; a la DGT, menos accidentes en la carretera, y a los chilenos el procesamiento de Pinochet. Ah!, y a algunas unos cuantos centímetros de más en salvas sean las partes. Lo que pasa es que ahí la culpa es mía, por abusar del roscóny por pedir a los Reyes Magos «unos kilitos en fondos». Aquí sí que se ha notado que están mayores... o que tienen un sentido del humor muy peculiar.



