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Vitrina de la polémica

Actualizado 06/01/2002 - 23:45:43
Los restos del negro de Banyoles tuvieron unas solemnes exequias en Bostwana, 5 de octubre de 2000
Los restos del negro de Banyoles tuvieron unas solemnes exequias en Bostwana, 5 de octubre de 2000
La polémica originada por la momia de un bosquimano que se guardaba en el museo Darder de Banyoles se ha convedrtido en el paradigma de cómo mutan los conceptos éticos a impulsos de la opinión pública, espoleada por la coyuntura política. Rezuma en la historia ciertohumor del tipo de la vieja dedicatoria: «Al más grande de los blancos, del más grande de los negros».
Contenciosos como este siempre tienen un algo de arbitrario o caprichoso. Grandes cuestiones pueden pasar apenas sin debate público, mientras que otras de relativa o nula importancia son objeto de enorme atención en los medios informativos y dan lugar a encendidos cruces de opiniones contrapuestas. Dado que son numerosos los museos antropológicos y científicos que conservan restos humanos y los exhiben a los visitantes, no deja de ser sorprendente y paradójico que se planteara el asunto etiquetado popularmente como el «Negro de Banyoles».
Ex alcalde de la localidad gerundense y escritor para mayor abundamiento, Joan Solana ha decidido reconstruir todo el caso, que ha venido a prolongarse a lo largo de una década. «El negre de Banyoles. La història d´una polèmica internacional», publicada por Planeta es el fruto de su experiencia en un municipio en el ojo del huracán, y una recopilación de los documentos más importantes segregados a lo largo del debate.
VITRINA CON BOSQUIMANO DISECADO
La cuestión estalló en 1991 a raíz del hallazgo, en los Alpes, de unos restos humanos congelados, con una antigüedad de unos tres mil años, y la serie de artículos científicos o de divulgación que se generaron en torno al hecho. Alphonse Arcelín, un emigrante subsahariano, residente en Cambrils, escribió al alcalde bañolense, con fecha 29 de octubre del 91, pidiendo que los restos disecados de un bosquimano, que se exhibían en una vitrina del museo Darder fueran retirados del circuito público. La prensa se hizo eco del escrito y comenzó así el cruce de argumentos y opiniones contradictorias. El asunto llegó hasta la Unesco y hubo una entrevista entre el secretario de la misma, Federico Mayor Zaragoza, y el alcalde Solana, en Ginebra.
Mediada la década de los noventa, dos hechos contribuyeron a relanzar el debate: las grandes matanzas étnicas en la zona de los Grandes Lagos africanos y el ascenso de Cofi Annan a la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas. En numerosas comunicaciones diplomáticas e informativas aparecieron alusiones al «bosquimano disecado, exhibido entre animales». En opinión de Solana, Annan llegó a manifestar «casi una obsesión» en el asunto. Algunos gobiernos africanos dieron su apoyo a las tesis de Arcelin, que envió numerosos escritos a autoridades diversas y creadores de opinión.
«Contesto a tu carta del pasado mes de junio, en la que me expones tus quejas por la exhibición de un ser humano disecado, de raza negra, en el Museo Darder de Bañolas. Comprendo tus argumentos, pero creo que es un tema que tenéis que exponer y solucionar a nivel interno, dentro del PSC. Felipe González Márquez», reza uno de los muchos documentos reproducidos.
Los organismos internacionales de museografía terciaron, también, en la polémica, alarmados por si acababa por imponerse la obligación de devolver los diversos restos humanos expuestos en muchas de sus salas. El próximo paso, en la escalada, fue cuando el asunto se debatió en año 1997 en sesiones, tanto de la ONU como de la Organización de Unidad Africana (OUA); a petición de diversos gobiernos y organismos africanos.
En junio de 1999, el titular del Ministerio de Asuntos Exteriores español, Abel Matutes, escribió al alcalde de la ciudad del lago, recordando las numerosas presiones diplomáticas recibidas e instando a que se alcanzara una solución.
Bostwana, un estado en los confines de África del Sur, se ofreció a la OUA para organizar unas solemnes exequias al ya famoso bosquimano, una vez que los restos del mismo hubieran arribado a tierra africana. El 4 de octubre de 2000, ya retirados del circuito visitable del museo, llegaron a tierra africana yfueron objeto de un entierro solemne el día 5, en el parque de Tosofelo. Numerosas reflexiones sobre el largo proceso, que el autor no duda en calificar de esperpéntico, trufan el libro que resulta de una lectura apasionante.
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