MADRID. La familia de Manuel Castiñeiras había preparado un fin de semana festivo. Naturales de Santiago de Compostela, aprovecharon la visita del Tenerife a Ponferrada para ver jugar a Manuel. Era su segundo partido como titular -había debutado el fin de semana anterior, ante el Lorca, en su primera temporada en la isla- y luego esperaban celebrar el bautizo del hijo de un hermano del jugador, del que Manuel iba a ser padrino. Por ello tenía concedido permiso del Tenerife para incorporarse a los entrenamientos el miércoles. En total, quince familiares (su padre, tíos y primos) acudieron a El Toralín para ver el partido y regresar después todos juntos a casa.
Pero la fiesta pronto desembocó en tragedia al sufrir Manuel Castiñeiras, padre del jugador (58 años), un infarto del que no pudo recuperarse. Aunque se le intentó reanimar en la ambulancia que estaba de servicio en el campo, todos los esfuerzos fueron inútiles.
El movimiento en la grada era constante (la Ponferradina habilitó un antepalco para los familiares) y el partido se siguió disputando. Pero los jugadores del Tenerife intuían que algo no iba bien. No era habitual que el gerente, Juan Amador, estuviese en el banquillo ni que el delegado entrase y saliese continuamente del terreno de juego. Tampoco que el técnico Kraus sustituyese, sin motivo aparente, a Manuel (m. 58) ni que éste se marchase directamente al vestuario en vez de quedarse en el banquillo. Allí, en el vestuario, fue donde Juan Amador le dio la triste noticia. El jugador se derrumbó. El resto de compañeros se enteraron al finalizar el partido.
Ayer fue enterrado
La Ponferradina -cuyo comportamiento se ha querido ensalzar desde Tenerife- habilitó habitaciones de hotel para los familiares del fallecido, a cuyo cadáver se le realizó la autopsia el domingo para ser trasladado después a Santiago donde ayer, a las cuatro y media de la tarde. fue enterrado.
Nadie habló de fútbol tras el partido. Ni siquiera el entrenador de la Ponferradina, Pichi Lucas, quien conocía a Manuel Castiñeiras de su época de jugador del Compostela, cuando el fallecido ayudó en un momento puntual a José María Caneda a salvar al club.
En el traslado en autobús de Ponferrada a Madrid de la expedición tinerfeña, nadie dijo una palabra y aún hoy les cuesta articularlas. Como dijo Kraus, «cuando está de por medio la vida de una persona, todo lo demás es secundario».


