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Muñoz retrata la Venezuela de Hugo Chávez en «La caraqueña del Maní»

SERGI DORIABARCELONA. Si repasamos la bibliografía de José Luis Muñoz, escritor salmantino residente en Barcelona, vamos a detectar una cóctel literario de erotismo y novela negra. Estos son sus

Actualizado 05/06/2007 - 02:48:15
SERGI DORIA
BARCELONA. Si repasamos la bibliografía de José Luis Muñoz, escritor salmantino residente en Barcelona, vamos a detectar una cóctel literario de erotismo y novela negra. Estos son sus poderes: premio Azorín 1985 por «Barcelona negra»; Sonrisa Vertical 1990 por «Pubis de vello rojo»; Café Gijón 1999 por «Lifting» y Juan Rulfo 2002 por «El inspector».
En 2004 Muñoz obtuvo el premio Erecta por su novela «El sabor de su piel» y se fue de promoción a Caracas, sede de la editorial que convocaba el galardón. Aficionado a viajar y escribir sobre cada viaje, radiografió la vida caraqueña: «La selva se adhería a una ciudad muy norteamericana en apariencia, que transimitía una falsa sensación de opulencia: muchas autopistas, con el asfalto resquebrajado por las raíces de los árboles y rascacielos en estado ruinoso, protegidos con alambre de espino». Con semejante paisaje, el escritor concibió una novela negra que aliñó con sexo cuando le invitaron una noche a la sala de fiestas El Maní. Aquel ambiente creaba adicción. «Bebía ron mientras contemplaba mulatas impresionantes». Era la génesis de «La caraqueña del Maní» (Algaida), la peripecia de Makario, exmiembro de la banda terrorista ETA que trabaja de asesor literario en la capital venezolana hasta que recibe la visita de dos camaradas de la organización que le piden que retorne a la lucha armada.
Política, sexo y violencia
«La caraqueña del Maní», (premio Camilo José Cela), es según su autor, una novela política entreverada de violencia y sexo: «Transmite el conflicto de Venezuela una sociedad desquiciada, que va de mal en peor con Chávez, atravesada en este caso por el terrorismo vasco».
Durante su estancia en Caracas, Muñoz conoció de cerca la multitud de testimonios que demostraban «hasta qué punto la violencia se ha enquistado en la vida caraqueña». Las clases medias y la pequeña burguesía, hostiles a Hugo Chávez, permanecían recluidas en sus casas. En ese violento microclima, con «mulatas que rajan la tierra», el exetarra Makario vivirá un proceso de expiación de raíces católicas. De sus visitas nocturnas a la sala de fiestas de El Maní y los amores con una mulata caraqueña surgirá su negativa a retornar al pasado terrorista.
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