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El fantasma de Ajuria Enea

NO podía el PNV dejar de reivindicar la legitimidad que uno mismo otorga al hecho de ser la lista más votada. Estamos

Actualizado 05/03/2009 - 02:58:50
NO podía el PNV dejar de reivindicar la legitimidad que uno mismo otorga al hecho de ser la lista más votada. Estamos acostumbrados a que los partidos lo hagan invariablemente, siempre y cuando la lista más votada no sea otra. En Baleares tuvo que constituirse un gobierno pentapartito para retirar al PP del poder, siendo la lista con más votos, del mismo modo que al perder la mayoría absoluta en Galicia, el PP pasó a ser la oposición del bipartido entrante. En Cataluña, CiU tuvo 46 escaños y 42 el PSC, en 2003: ocupó el poder el tripartito, CiU pasó a la oposición. En 2006, los escaños de CiU fueron 48 y 37 los del PSC: continuó el tripartito.
En otra dimensión, el propio PNV preside las Juntas Generales de Álava aunque la lista más votada fuese la del PP, si bien es cierto que PP y PSOE no lograron concertarse. Incidentalmente, la Diputación de Álava pudiera pasar al PP si se concreta el entendimiento entre socialistas y las huestes de Rajoy. En su día, Ardanza llegó a Ajuria Enea con dos escaños menos que los socialistas. La constitución del nuevo Parlamento vasco puede escenificarse con aparición de nueva maquinaria teatral, al modo de las trampillas y efectismos que maneja todo buen ilusionista.
De cara a sus fieles, el PNV se adaptó a la estrategia de búnker inmediatamente después del escrutinio. Acumula sacos de arena a la puerta de sus fortines, cava trincheras y recluta artilleros. Habla de «golpe institucional» o de desestabilización y ve agresiones en todos los flancos. Ibarretxe y los suyos tienen que reafirmar la veleidosa tesis de que un complot españolista intenta echarles de casa. No podía esperarse otra actitud reactiva, entre otras cosas porque, después de tantos años en el poder, cualquiera, y sobre todo un partido nacionalista, ha logrado creerse y hacer creer que una hegemonía -por decreciente que sea en votos, como es el caso del PNV- da derechos a perpetuidad e incluso hace olvido masivo de las pautas que son imprescindibles para la existencia de una sociedad abierta. Ya se sabe que cuesta más abrir una sociedad cerrada que cerrar una sociedad abierta.
El fantasma de Ajuria Enea ha contagiado de forma altamente tóxica un modo de hacer entre cuyas aberraciones consta un sistema escolar profundamente sesgado y sembrado de minas para quien quiera reformarlo. Ibarretxe se aferra a ese fantasma. Oscar Wilde cuenta la historia de unos norteamericanos que compran la mansión escocesa de lord Canterville, sin creer que asimismo compraban un fantasma. Al oír el estrépito de las cadenas que arrastra el fantasma, los nuevos propietarios no se inmutan: le ofrecen un lubricante contra la herrumbre. El fantasma no asusta: más bien cae en todas las trampas americanas. Sólo habla con él la pequeña Virginia. El fantasma le confiesa que lleva cuatrocientos años sin dormir. Le pide que vierta las lágrimas que él no puede llorar, que rece porque él no tiene fe. Así conseguirá el fantasma irse de verdad al otro mundo.
Habrá que esperar a leer las memorias de Ibarretxe. De momento las cadenas del fantasma de Ajuria Enea están en fase lubricante. ¿Quién será su Virginia? No falta en el PNV quien desearía ubicar a Ibarretxe en otro mundo. En política, vida y muerte a menudo tienen una inconsistencia fantasmagórica. El PNV nos quiso acostumbrar a asumir la inverosimilitud. Tal vez por eso el entusiasmo ante la nueva coyuntura necesita de cierta mesura. En otra página Wilde escribió que la inteligencia moderna se demuestra al esperar a las visitas que llegan de improviso.
vpuig@abc.es
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