
Todo un recordatorio es el que ha hecho el programa «Hormigas blancas» (Telecinco) con los dos especiales dedicados a la figura de Isabel Preysler. La incuestionable reina de corazones y último reducto del glamour en el «couche», ha seguido estos capítulos (el primero en diferido, el segundo en directo) y ha alucinado con muchas de las cosas que se han afirmado, hasta el punto de que ahora son sus abogados los que estudian las medidas que tomarán en según qué asuntos (el bufete envió una carta al programa del pasado martes avisando a navegantes).
No hay duda de que el mito creado en torno a la figura de Preysler vivió su máximo esplendor tras enamorarse de Miguel Boyer y pasar de las portadas de las revistas a las de los periódicos. Pero también es verdad que, desde hace años, la actual señora de Boyer hace una vida totalmente alejada de los focos salvo las contadas ocasiones en las que posa para sus contratos publicitarios con Porcelanosa o la joyería Suárez. Se ha llegado a decir que su padre la mandó a España para separarla de un señor casado, cuando lo cierto es que de quien se enamoró a los 17 años fue de un chico de 26, que pertenecía a una familia muy conocida y ya era empresario.
Ante la posibilidad de que la pareja pudiera casarse en seguida (él ya tenía sus negocios), el padre de Isabel prefirió que se fuera una temporada a la casa de sus tíos que vivían en España. Isabel pertenecía a una familia muy conocida en Filipinas, puesto que siempre se había relacionado en círculos diplomáticos, de ahí que tuvieran grandes amigos en Madrid. Por desgracia, en esos años, en su país no había clase media y de ahí que, o te morías de hambre o pertenecías a un círculo muy alto y reducido, como es el caso. Cuando Preysler llegó a Madrid en seguida la recibieron y abrieron las puertas de los salones de la sociedad de entonces. El club de polo al que acudía en Filipinas estaba vinculado al club Puerta de Hierro, uno de los más restringidos en el Madrid de los años 60. Justamente en uno de esos guateques conoció a Carmen Martínez Bordiú y comenzó una amistad que perduraría. Contra de lo que se dice, Carmen no fue quien la introdujo en sociedad puesto que ella ya tenía sus contactos.
Golpes bajos
Una de las cosas que más le duele es cómo se ha contado la muerte de su hermano Enrique cuando tenía 24 años. A Preysler le ha molestado mucho que se dijera que había fallecido víctima de la heroína, cuando lo cierto es que murió por accidente por un escape de monóxido de carbono en la habitación de un hotel de Hong Kong. Fue un suceso terrible que destrozó a su madre y por eso ahora, a sus 84 años, volver a escuchar nuevas versiones sobre la muerte de su hijo ha sido duro.
Es curioso ver cómo alguien no siempre se identifica con la fama que ha generado. En el caso de Preysler siempre se comenta que es una mujer fría, calculadora y ambiciosa, cuando los hechos dicen justamente lo contrario. Me explico. Si Isabel hubiera sido tan ambiciosa como la pintan lo tenía muy fácil: se habría casado con su primer amor de juventud. Rico, educado, de una posición muy acomodada y empresario con sus propios negocios. Su novio era más que un partido. Pero no. Se fue a Madrid, al colegio de las Irlandesas, y a los pocos años se enamoró de un joven cantante que daba sus primeros gorgoritos: Julio Iglesias. Por entonces, no era ni sombra del artista en que se convertiría ni tenía la fortuna que ha cosechado. Pero una vez más el amor pudo y Preysler unió su vida a la de un Iglesias que conoció ese mundo de alta aristocracia y fiestas privadas de la mano de su esposa. Justo cuando Julio firma su primer contrato millonario con la casa Sony es cuando Preysler decide separarse, harta de las mil y una infidelidades que había padecido. Si tan ambiciosa era, lo lógico es que hubiera «tragado» (como «tragan» otras) con tal de ser la señora de la casa y tener el mando de todo.
Tampoco se casó con el marqués de Griñón por una fortuna que este no tenía, ni con un Miguel Boyer que no era aún el todopoderoso ministro de Economía (cuando Felipe González le nombró ministro estaba al corriente de su asunto amoroso con Isabel), pero cuando decidieron casarse (un 2 de enero a primera hora de la mañana en los juzgados de la calle Pradillo), Boyer dimitió perdiendo todo el poder que había obtenido. A Isabel nunca le importó reconocer que en esa casa quien ganaba dinero era ella.
Capítulo aparte merecen las leyendas urbanas o serpientes de verano que siempre se han enroscado en la figura de Preysler. «En mi vida me he desmayado», me confesaba días atrás cuando se volvía a hablar de los famosos «desmayos» de Isabel en un hotel donde se veía con Boyer. Pero da igual. Aunque lo desmienta siempre habrá quien prefiera pensar que tiene artes ocultas y técnicas vistas en las películas porno del momento. De ahí el daño que pueden hacer ciertas comentarios y de ahí que Preysler se haya querellado en muchas ocasiones, ganando casi siempre.
Fiesta en otro marco
Volviendo al presente, de lo más interesante resultó la undécima edición de los premios Tiepolo que reunió en los salones de la Embajada italiana a los dos protagonistas de la jornada: José María Cuevas y Gerardo Díaz Ferrán. Este año los galardonados fueron Jesús Salazar, presidente del grupo Sos y Francesco Morelli, presidente y fundador del Instituto Europeo di desing. Entre los asistentes se encontraba la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, así como el alcalde Alberto Ruiz Gallardón.
Pero esa tarde los auténticos protagonistas fueron José María Cuevas y Díaz Ferrán (un presidente de la Cámara de Comercio de Madrid realmente innovador), puesto que horas antes saltó la noticia de la salida de Cuevas de la CEOE, por motivos de salud, y la entrada de Díaz Ferrán. Comentando los cambios y felicitando a los premiados se encontraban la concejala de Asuntos Sociales Ana Botella, a la esposa de Díaz Ferrán, Raquel Santamaría, pasando por la viuda de Tomás Chávarri, Carolina Thieu; Gonzalo Pascual, el presidente del Círculo de Empresarios, Claudio Boada; Aldo Olcese, ex presidente del Club de Analistas Financieros; Antonio Camuñas, Miguel Corsini, ex presidente de Renfe; Fernando Martín, presidente de Martinsa, Adrián Piera y Juan Mato, ambos ex presidentes de la Cámara de Comercio de Madrid, Giuseppe Tringali, consejero delegado de Publiespaña; Marco Pizzi, presidente de la Cámara de Italia y gerente para España de la banca Intesa San Paolo y Mónica Mondardini, presidenta de Seguros Generali, entre otros invitados. n


