J. L. L.
MADRID. Un escrito del Ayuntamiento de Villaviciosa de Odón (Madrid) ha servido de argumento al Gobierno para plantearse la retirada de la medalla que el ex ministro de Trabajo Eduardo Zaplana concedió en 2004 a Francisco Hernando Contreras, conocido como «El Pocero». Según una respuesta parlamentaria del Ejecutivo socialista, de la lectura del expediente no se pueden concluir las razones por las que la propuesta inicial de solicitud de concesión de la medalla al mérito en el trabajo, originariamente en su categoría de oro, acabó dando lugar a la de plata.
En este punto, el Gobierno -que en en todo momento deja claro que se trató de una decisión de Zaplana- informa a la Cámara de que se encuentra en proceso de recabar informes para comprobar si en la tramitación de la condecoración «se ha incurrido o no en alguna de las causas de revisión previstas por el ordenamiento jurídico». La corporación municipal de Villaviciosa -gobernada por el PP- propuso la anulación de la medalla debido a que «El Pocero» fue declarado persona «non grata» en el municipio a principios de los años noventa. El Gabinete de Zapatero incluye un documento que repasa aspectos de la trayectoria de «El Pocero» -investigado por la Fiscalía Anticorrupción por supuesto fraude en una operación urbanística en Seseña-, que según los proponentes le hacían merecedor de la distinción. En ese escrito, se explica que Francisco Hernando nació en 1945 en el seno de una familia «muy humilde, rozando la más absoluta pobreza», de padre pocero y madre «que vendía churros por la calle».
Empresario a los ocho años
«Muchos días el desayuno consistía en las puntas de las porras que los hijos pellizcaban a hurtadillas», dice la biografía. El currículum subraya que trabajó desde los cinco años buscando «lumbre para su casa y trapos y huesos que vendía a las traperías». «Es posible -añade- que su vocación de constructor aflorara cuando, con seis años, tuvo que ayudar a su padre en una noche a levantar la casa familiar, en unos metros de terreno en Palomeras (Vallecas). Con unas ruedas que encontró, se hizo un carro, se compró unos cántaros con las propinas y se dedicó a vender agua por las calles. Así, se convirtió en empresario a los ocho años, y a esto se dedicó hasta los diez, si bien había prosperado lo suficiente como para cambiar el carro casero por un borrico», añade. El escrito concluye que «ha conseguido que su empresa familiar, en la que trabajan sus cuatro hijos, sea en la actualidad una fuente importante de creación de empleo, con más de 3.000 puestos de trabajo».
Al ser preguntado por esta cuestión, Zaplana declinó hacer comentarios: «Que haga lo que tenga que hacer el Gobierno».



